Ronald Portillo: El hombre nuevo

thumbnailRonaldPortillo

 

Lo que se conoce con el nombre de “chavismo”  emerge en Venezuela como una corriente política que vendría a corregir los entuertos de la llamada ‘Cuarta Republica’ : corrupción,  abandono de las clases desposeidas , necesidad de refundación de la Republica, constitución obsoleta, institucionalidad envilecida, nacionalismo no asumido, dependencia de mandatos imperiales, etc.,etc.

Los que se dejaron seducir  por lo que a la postre resultaron cantos de sirenas, conformaron inicialmente una tendencia política que luego  pasó a constituir un grupo político, de carácter aluvional ciertamente. El fundamento del grupo político se sostiene en la identificación de unos con otros, los que comparten los mismos ideales, los que persiguen el mismo objetivo, los que siguen a un mismo líder. El trazo de “lo mismo” sustenta la pertenencia a un grupo, sea de carácter político o no.

El líder del “Socialismo del siglo XXI” planteaba , basándose en los postulados de Marx, la uniformización de los integrantes de la sociedad venezolana, el todos iguales. Sin embargo , tal como ha sucedido en los espacios sociales regidos por la ideología marxista, algunos logran ser mas iguales que otros, como se dice en lenguaje coloquial.

Son los privilegiados que han resultado de la conducción del “proceso”, son los que destacan muy por encima de la masa de iguales. Es menester reconocer la buena intención del marxismo por hacer un espacio digno al proletariado, a los llamados “condenados de la tierra” por Frantz Fanon en un libro del mismo nombre, prologado por Jean Paul Sartre en los años sesenta del siglo pasado.

Fanon, psiquiatra martiniqueño revolucionario fallecido a temprana edad, como todo militante de la utopía marxista, propugnaba por el ideal del hombre nuevo, tal como igualmente  lo proponía nuestro fallecido presidente.

Este tipo de utopías tratan de encontrar soporte en los llamados mitos fundacionales, siendo el mito del hombre nuevo uno de los preferidos por el estado totalitario, sobre todo  de ideología marxista.

El catedrático español Dalmacio Negro afirma que el mito del hombre nuevo ha caracterizado los regimenes totalitarios del siglo XX y se pregunta si llegará a ser también lo propio de los totalitarismos del siglo XXI.  En Cuba sobran las evidencias y nuestro país parece encaminarse decididamente hacia allá, la indivisibilidad de poderes, el secuestro de las elecciones y la represión imperante sobrepasan el botón de la muestra.

El totalitarismo es por esencia inevitablemente socialista y tiene como uno de sus objetivos principales el apoderarse del hombre por entero, no solo de su cuerpo, como lo expone descarnadamente un reciente articulo de Fernado Mires en Prodavinci, sino también de su alma, de su subjetividad, como dan buena cuenta de ello la experiencia soviética del “goulag”. El hombre nuevo , por supuesto, no se hace a si mismo, es el partido-gobierno quien está llamado a dirigir el proceso de su emergencia, por medio de la reestructuración y reeducación socialista de las masas.

El hombre nuevo, como ideal socialista , estaría predestinado a superar incluso la muerte, tal como se aprecia  en la consigna “Chavez vive,la lucha sigue”. El proceso de secularización, el abandono de ciertos dogmas religiosos a causa de la mundanidad de la modernidad, trajo consigo la idea de que la política podía convertirse en una nueva religión. Inicialmente el hombre idealizó sus potencialidades racionales, para luego pasar a depositar en el Estado y en el poder reinante lo que antes había colocado en la religión.

Tal como plantea Freud en “El porvenir de una ilusión” el hombre siempre ha experimentado desvalimiento frente a la naturaleza, frente al universo, dada su poca creencia en sus capacidades para cuidarse y protegerse.el mismo. De allí su recurso a la religión y a divinidades de toda laya. El mito entra  en esta tentativa del hombre por lograr la regeneración de la humanidad gracias a la creación de un hombre nuevo, hombre que estaría capacitado para hacer frente a su incompetencia e impresión subjetiva de minusvalía y desamparo. La religiosidad secular de la política ha dado origen a todo tipo de utopías, desde el humanismo hasta el comunismo, denostando del valor de toda tradición y abogando por la producción del hombre nuevo, inserto en un conglomerado que avanzaría a paso de vencedores.

Se busca por esta via la entronización en el espacio público de conceptos o ideas consideradas como irrefutables, dividiendo a la sociedad en partes irreconciliables : los que están a favor y los que están en contra del supuesto irrefutable. Unos a favor de la concepción totalitaria basada en el mito del hombre nuevo, dependiente del Estado totalitario  y del poder del régimen , otros apostando a las posibilidades del hombre por  hacer frente por si mismo a las dificultades, reivindicando su libertad y su autonomía, estructurando su independencia en el marco de una democracia.

En esta Venezuela llena de calamidades y miserias, desabastecimiento alimentario, escasez de medicamentos, corrupción e inseguridad rampante, luce bastante improbable el surgimiento del hombre nuevo socialista, a menos que los colectivos constituyan su paradigma.

@rapcho