Jesús Peñalver: Horrorgrama

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A un desgobierno tan groseramente “don regalón”, comprador de sueños y conciencias, ineficiente por naturaleza, no le es fácil gobernar, no atina en el blanco ni con la más mínima de las decisiones.

Por Jesús Peñalver

Con abrumadora estupidez pretende atender los ingentes problemas del país, agudizados, desde luego, por el mal modelo de un régimen plagado de vicios y corruptelas, basta ver las denuncias que dan cuenta de los hechos irregulares que hoy configuran amplia notoriedad.

Hoy sin calle, sin credibilidad y con el plomo persistente en el ala, machacándole a cada rato que no goza con legitimidad de origen, muy difícil le resulta en su espurio ejercicio, tomar una decisión, que por asomo –siquiera- ofrezca un aliento a la dolida Venezuela. Por el contrario, insiste en su perverso afán por mantenerse en el poder, negando toda posibilidad electoral que permita salir del marasmo que hoy destruye a Venezuela.

Los mismos que insurgieron contra el gobierno democrático de 1992, supuestamente para superar la corrupción, la falla en los servicios públicos, y con una carga de nacionalismo-bolivariano a rabiar, hoy no hallan qué hacer para justificar tanta ineficiencia, incapacidad e incompetencia para resolver los ingentes problemas que aquejan a Venezuela; por el contrario, se han visto incrementado por la chapuza oficial, al punto que el Jefe Supremo Intergaláctico espetara alguna vez: “no tengan miedo a equivocarse, estamos ensayando”.

Por su parte, los ingenuos que integran la tropa tatuada y no tatuada, carentes de honor y con devota sumisión, no hacen otra cosa que adular, reír, celebrar las ocurrencias, y aplaudir hasta hacerse daño en las manos. Una marca de origen, pues.

Esa cosa aposentada en Miraflores cree que ahorcando la economía, obligando descaradamente a bajar los precios, “decomisando” lo ajeno para dizque repartir en las infames bolsas CLAP, se puede recuperar a Venezuela.

Si el desgobierno revisara el cargamento de medicinas decomisado a Cáritas, y previo estudio, dispusiera su distribución, algo bueno haría. Si otro tanto igual hiciera con lo arrebatado a Kreisel, e informara realmente sobre la situación en que se encuentra el lote de juguetes. Pero no, el chavismo gobierna a su estilo, reñido con la razón.

Resulta iluso, soñador y quijotesco pensar que la barbarie pueda hacer algo con racionalidad y detenimiento; es evidente la intención macabra de seguir acabando con el país, sus instituciones, sus gentes.

Las grandes naciones, que hoy llamamos desarrolladas, consiguieron su progreso por el trabajo de sus hijos. Ningún trabajo empequeñece, todo trabajo magnifica. El trabajo que se armoniza con la libertad y con la aptitud del ser humano es fuente de satisfacciones interrumpidas.

Al desgobierno que propicia el hedonismo, la flojera y el parasitismo, conviene decirle que los ataques al estado de derecho deben responderse desde el estado de derecho.

Hoy Venezuela rechaza esa loca persistencia esa que pretende borrar la civilidad para imponer el militarismo. Es imposible imponer la imagen de un caudillo sobre la idea de democracia y de régimen de libertades públicas.

En estos tiempos difíciles y sombríos, coloreados de un rojo alarmante, vale la pena esperanzarse, máxime cuando lo que no deja de aumentar es la indignación violenta (arrechera, la define el DEL), aunque un espanto en forma de “horrorgrama” recorra la ciudad, recordándonos que el chavismo nunca será un recuerdo provechoso del pasado, pero sí un letrero vigilante del porvenir.