Jesús Peñalver: Ineficacia e ineficiencia rojas

Jesús Peñalver: Ineficacia e ineficiencia rojas

Otra burla, otro atraco, otro arrebatón a los ya diezmados bolsillos de los venezolanos ha sido la medida del aposentado en Miraflores, que comporta la salida de circulación del billete de cien bolívares.

En lugar de ser la memoria esa casa amoblada con todas sus cosas, donde al llegar el recuerdo nos da la bienvenida, este nuevo desatino nos retrotrae a 1961 cuando el canalla recién muerto, Fidel Castro, dictó una medida similar, perjudicando a todos los cubanos que vieron, por desgracia, como se esfumaban sus patrimonios por la mano del infame dictadura castrista que asaltaba sus bolsillos.

Hay que decir muy claro que el Socialismo Marxista (y cualquiera de sus derivados) no ha sido solución en el problema de las injusticias. Al Feudalismo de los Zares sucedió una burocracia que, para mantener una férrea dictadura, necesariamente tuvo que distraer los dineros del pueblo en beneficio de los sostenedores del régimen.

Por ejemplo, solo para custodiar a Kruschev en un viaje a Francia –según publicó la prensa de entonces- se usaron 20.000 policías; cuando los adelantados soviéticos lanzaron el prime Sputnik, dejaron maravillados al mundo; pero luego los atrasados norteamericanos hicieron el milagro de colocar el primer hombre en La Luna; con más de sesenta años de la implantación del Paraíso Soviético, entonces los rusos debían comprar trigo a los Estado Unidos

Se sabe que Fidel Castro, hoy en el averno, visitaba frecuentemente la Universidad de La Habana, donde recomendaba a profesore4s y estudiantes el uso de la técnica norteamericana; nunca el sátrapa cubano renunció a los privilegios, ni a los gustos exquisitos propios del imperialismo, así lo confirman los testimonios, aun de sus propias familiares más cercanos.

Con lo que llevo escrito, en modo alguno estoy excusando las injusticias capitalistas, solo registro el hecho de que el Marxismo (comunismo o socialismo, cualquiera sea su adjetivo), ha sido ineficaz para resolver el problema de la injustica en el mundo.

Además, dado no concedido, ese supuesto progreso apabullante del Marxismo, se ha conseguido con la pérdida de la libertad.

Es así, basta ver las revelaciones de Aleksandr Solzhenitsyn, en su “Archipiélago de Gulag”, que deberían ser cartilla abierta para aquellos fanáticos ayatolás de ideas explosivas y planes diabólicos que se entusiasman con las conquistas comunistas, o de esos movimientos o seudorevoluciones de parecida y macabra naturaleza.

“El que no tiene memoria se hace una de papel” dice Juvenal Urbino quien recurría a las noticas recordatorias en una novela de García  Márquez. Así las cosas, aunque sea para registró histórico, debemos insistir en la memoria contra el olvido; que es posible que este nuevo golpe contra la moneda, de suyo contra la economía del país y nuestros bolsillos, sea un muy artero y planificado plan para quitarnos nuestro dinero, y al propio tiempo favorecer la entrada en circulación de capitales provenientes de actividades inconfesables de dudosa y reprochable procedencia.

Son muchos –se insiste- los graves problemas que padecemos: inseguridad y hampa armada y desalmada; desabastecimiento y escasez o lo que es lo mismo, colas y listas; inflación, entre otros de índole parecida, no menos importantes, y a la peste chavista le da por quitarnos nuestro dinero en plena navidad.

Hoy te digo, amigo lector, a un lado el modo cómo pienses, haz memoria y cuenta los desmanes de esta pesadilla dieciochoañera, coloreada de un rojo alarmante que se ha posado sobre nuestro sueño y realidad de país. Dime si no vale la pena creernos el cuento de tener un mejor país, entre todos construirlo y reconstruirlo e instalarnos en él como ciudadanos.

 

Dime si como yo, no quieres  mudarte a un mejor país, pero en el mismo sitio, con ciudadanos de primera categoría, no de 4ª ni de 5ª que solo piensan en su particular interés; tienen alcancías como  bolsillos; sueñan solo con el erario y en el corazón les parpadea el signo monetario de la infamia y del delito.

 

¡Dios, ora pro nobis!
Jesús Peñalver

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