Thomas Shannon: “El éxito del diálogo depende más que nada del gobierno”

Thomas Shannon: “El éxito del diálogo depende más que nada del gobierno”

Foto: Reuters
Thomas Shannon / Foto: Reuters

 

Thomas Shannon, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, diplomático de carrera, reconocido especialista en América Latina, hombre de Washington para los contactos directos con el gobierno venezolano, reconoce que hay inquietud en la región por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, pero pide tranquilidad. Y se muestra confiado en la continuidad de la extensa relación entre los países latinoamericanos y Estados Unidos.

Por Carolina Álvarez Peñafiel para El Mercurio (Chile)





El embajador estuvo esta semana de visita en Chile para sostener un diálogo anual de alto nivel, en citas que incluyeron a la Presidenta Michelle Bachelet y al canciller Heraldo Muñoz, para hablar de temas bilaterales, regionales, multilaterales y globales, comentó en una entrevista con “El Mercurio”. Durante sus dos días en Santiago, Shannon aprovechó para firmar instrumentos de ratificación del nuevo tratado de extradición, que se aplicará para casos futuros.

-¿Qué puede esperar América Latina de este nuevo Presidente, que no se ha referido demasiado a la política para la región?

“Nuestros tiempos de transición son tiempos de transición entre gobiernos -y en este caso entre partidos-, y el Presidente electo está en el proceso de construir su gabinete. Al asumir su puesto el 20 de enero, él va a empezar a articular sus políticas, especialmente la política exterior y hacia Latinoamérica.

Yo recomiendo calma y tranquilidad en ese momento, basado en la larga trayectoria entre EE.UU. y Latinoamérica, pero especialmente una trayectoria durante las últimas décadas, definida por intereses y valores comunes: un compromiso con la democracia, el libre mercado, la integración regional y la globalización.

Sería un error en este momento tratar de anticipar las políticas del nuevo gobierno. Es mejor enfocarse en la continuidad y en la constancia que ha existido en nuestra política exterior en las últimas décadas. Y claro, cada Presidente tiene su propio ‘toque’, su propia manera de enfocar sus temas favoritos.

Hablando particularmente de Chile, puedo decir que la relación es tan fuerte y tan sólida que los chilenos pueden quedarse tranquilos. Hasta yo diría que Chile va a ser un punto de referencia para EE.UU. en términos de Latinoamérica, especialmente Sudamérica, porque nuestra larga y fuerte relación comercial y política y nuestra visión para el hemisferio, particularmente para el Asia Pacífico, son muy coherentes y complementarias. En este sentido, las perspectivas para las relaciones entre EE.UU. y Chile son excelentes”.

-Uno de los puntos más destacados en política latinoamericana bajo la Presidencia de Barack Obama fue el cambio en la relación con Cuba. ¿Se puede sostener con la nueva administración?

“Vamos a ver. Pero creo que la normalización de las relaciones, especialmente en términos diplomáticos, abriendo embajadas en Washington y La Habana, el nombramiento de un embajador de Cuba en Washington y la nominación de parte del Presidente Obama de un embajador en La Habana, son pasos muy importantes en nuestra política exterior, especialmente hacia Latinoamérica, porque saca de la mesa un punto de desacuerdo, de incomodidad, que ha complicado nuestras relaciones regionales. En este sentido, fue un avance importante, porque abrió espacios de colaboración y cooperación que estaban si no bloqueados, por lo menos complicados. Y creo que la nueva administración va a reconocer la importancia de eso.

No quiero anticipar su política, pero estoy seguro de que vamos a seguir con un enfoque importante en derechos humanos y en la apertura política, que desde nuestro punto de vista es un derecho del pueblo cubano, y también es importante para la manera en la que Cuba puede integrarse al resto del hemisferio”.

-Usted ha viajado a Venezuela para hablar con el Presidente Nicolás Maduro y otros altos funcionarios. Durante el año, vimos puntos de inflexión cuando parecía que la economía venezolana o el gobierno iban a colapsar, pero no ha ocurrido. ¿Cómo ve la situación y qué está dispuesto a hacer EE.UU.?

“Primero: Venezuela está en una crisis política, montada en una crisis económica, montada en una crisis humanitaria. Pero la solución a la crisis económica y a la humanitaria va a salir de resolver la crisis política. Y la región -con Unasur- y la comunidad internacional -con la participación del Vaticano y el interés mostrado por la Unión Europea, la OEA y EE.UU.- quieren ayudar al pueblo venezolano a resolver sus propios problemas: la crisis política entre el gobierno y la oposición.

La comunidad internacional ha montado un esfuerzo yo diría inédito en Venezuela para ayudar al pueblo venezolano a resolver sus problemas. El proceso de diálogo y el apoyo ofrecido por organizaciones internacionales -como el Banco Mundial, el FMI y las organizaciones de caridad- no solo crearon un espacio para el diálogo, sino que también para ofrecer los recursos necesarios para enfrentar en lo inmediato la crisis humanitaria. Es una muestra de solidaridad muy, muy importante.

La cuestión es si los venezolanos quieren aprovecharla. Y más que nada, si el gobierno quiere aprovecharla. Porque el éxito del diálogo depende más que nada del gobierno, porque para salir de la crisis política Venezuela tiene que fijar una agenda electoral, después tiene que resolver problemas institucionales que existen, especialmente la lucha entre el poder Legislativo y el Judicial y el Ejecutivo; tiene que sanear su sistema electoral para permitir elecciones que puedan ocurrir con confianza; tiene que resolver el problema de los presos políticos, y después de eso, tiene que abrir un espacio para que la comunidad internacional pueda empezar a entregar bienes humanitarios. Casi todo eso está en manos del gobierno.

La comunidad internacional está esperando en el diálogo, el cumplimiento de los acuerdos ya alcanzados y esperando más avances en el proceso del diálogo”.

-La asistencia y disponibilidad de la comunidad internacional para ayudar en el diálogo, para ofrecer recursos es “la zanahoria”. La otra parte es “el garrote”: ¿Cree necesaria la presión de la comunidad internacional? Por ejemplo, Mercosur ha sido una de las organizaciones más severas con Venezuela, al obligarla a adecuar sus normativas sobre derechos humanos y cuando no lo hace la sanciona, excluyéndola del bloque. La OEA, bajo el nuevo secretario general Luis Almagro, ha intentado invocar la Carta Democrática. ¿Son necesarias también esas acciones en paralelo?

“En mi experiencia en relaciones internacionales, los incentivos y presiones andan juntos. Pero es importante entender que la comunidad regional e internacional no está amenazando a nadie, aunque sí está indicando que hay consecuencias.

Y Mercosur acaba de demostrar estas consecuencias. Nuestro propósito es convencer a los venezolanos de sentarse a la mesa, dialogar, llegar a acuerdos que abran espacio para una solución a una crisis y cumplir con los acuerdos.

Esto es lo que la comunidad internacional está esperando. Con eso los venezolanos van a mostrar si quieren buscar un sendero hacia la convivencia y hacia la reconciliación, o si van en rumbo hacia una ruptura.

Quiero destacar nuestro respeto y admiración hacia el pueblo venezolano, porque es un pueblo muy creativo, muy innovador, que tiene la capacidad de aguantar mucho. También tiene la habilidad de resolver los problemas cotidianos de una manera impresionante. Pero sería un error pensar que la paciencia del pueblo venezolano es infinita”.

-En Venezuela, usted ha podido conversar con el gobierno, que suele usar de chivo expiatorio a Estados Unidos, habla del imperialismo, lo pone como antagonista. Después de sus conversaciones, ¿ha disminuido ese tono?

“Es parte de su retórica, una retórica que no nos agrada. Pero creo que el venezolano lo reconoce como una retórica y no como una expresión de realidad. Solo el hecho de que nosotros tengamos la habilidad de hablar directamente con el gobierno venezolano y de tratar de resolver problemas, y en algunos casos podemos resolver problemas, indica que existe la capacidad de, entre los dos países, tener una relación bilateral que funcione. Este es un mensaje importante para todos los venezolanos”.

-Pasemos a Brasil. Desde que usted fue embajador (hasta 2013) la situación ha cambiado: vino el juicio político, la salida de la Presidenta Dilma Rousseff y la llegada de Michel Temer a reemplazarla. Han pasado seis meses de eso y el Presidente ya está en problemas, con su gabinete y sus aliados cuestionados por corrupción. ¿Fue el impeachment solo una pausa en la crisis y no la solución, como se vio en un momento?

“La primera lección de lo que está pasando en Brasil es que sus instituciones son fuertes y su vocación democrática y constitucional son indudables.

Y creo que entre la crisis política que sacude aspectos de la vida pública brasileña, uno tiene que captar la lección tal vez más importante, que es que Brasil tiene un Estado de Derecho, que funciona y no hay impunidad. Es un mensaje muy importante, que todos nosotros debemos entender, porque indica que en democracia uno puede construir instituciones en Latinoamérica que respondan al pueblo, que insistan en que sus líderes, sin importar su poder o su dinero, tienen que cumplir con las leyes. Para mí, esa es una señal de mucha esperanza para Latinoamérica, pero también para las democracias construidas en los 80 y que salieron de una lucha con gobiernos autoritarios o militares”.

-Colombia es otro país que ha dado un giro relevante en su historia; independientemente de los detalles del acuerdo, se firmó un pacto y las FARC están efectivamente diezmadas. Y EE.UU. en las últimas décadas, cuando se luchó contra el narcotráfico y contra la guerrilla, tuvo un papel fundamental. ¿Qué rol espera jugar en esta nueva etapa?

“Durante los últimos 15 o 16 años, con Plan Colombia actuamos como el mejor socio de Colombia en su lucha contra las FARC, el ELN, los paramilitares y todas las insurgencias y grupos armados no vinculados al Estado. También participamos en el mejoramiento de las instituciones de seguridad nacional -FF.AA. y policía-, en el sistema de justicia y en la capacidad del gobierno colombiano de promover el desarrollo económico y social en el país.

Pero el éxito de Colombia en este tiempo dependió, más que nada, de la capacidad del pueblo colombiano. Nuestro éxito fue producto de nuestro socio. Seleccionamos bien en Colombia.

Y ya que Colombia, después de cuatro años de negociaciones, ha llegado a un acuerdo de paz, y ya que está negociando con el ELN estamos cambiando nuestra trayectoria, en términos de asistencia y acercamiento político, de una lucha armada a apoyar la paz. Por eso hemos cambiado el nombre de nuestro plan de asistencia desde Plan Colombia a Paz Colombia. Indica que nosotros, como el socio más importante en la lucha armada en ladefensa la democracia, tenemos que transformarnos en el mejor socio en la lucha para consolidar la paz y el desarrollo económico, social y político de Colombia”.

-¿Concretamente, eso cómo se ve?

“Se ve en cómo estamos gastando nuestra asistencia, menos y menos en el área militar y más y más en el área social y económica. Y también nuestro apoyo al proceso de paz, en las negociaciones, en los intentos de consolidar y ratificar los acuerdos de paz”.

“Yo diría que Chile va a ser un punto de referencia para EE.UU. en términos de Latinoamérica, especialmente Sudamérica, porque nuestra larga y fuerte relación comercial y política y nuestra visión para el hemisferio, especialmente para el área del Asia Pacífico, son muy coherentes y complementarias”.