Víctor Jiménez Ures: Urge la reestructuración de la MUD

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Ya lo sabemos, hubo una gran toma de Caracas el 1ero de Septiembre del 2016, miles llegaron a la capital haciendo enormes esfuerzos logísticos y personales, ¿para qué? ¡absolutamente para nada! Se habló de una “Ruta democrática”, a razón de una actividad por semana, y pidieron a la gente cacerolear por la noche… a la semana siguiente nadie sabía exactamente cómo se desarrollaría la primera gran actividad de la dichosa ruta marcada por algunos dirigentes de la MUD… era en el CNE, sólo eso se sabía… al final aquello degeneró en convocatorias secretas y en un grotesco acto partidista de pescueceo en que todos se empujaban para salir en la foto… ¿y la sociedad civil? Apartada y decepcionada lógicamente, y a estas alturas ya no tiene mucho sentido hablar de lo que pasó con el resto de la famosa ruta democrática.

Después le llegó el turno al cacareado referéndum revocatorio, el chavismo hizo de todo para ponérnoslo tan difícil que el éxito se veía bastante borroso, y sin embargo algunos dirigentes de la MUD aceptaron… (aunque Voluntad Popular desde el principio advirtió que la salida a este Régimen no es exclusivamente electoral) … de todas formas aquello fue baladí, al final nos quitaron el referéndum de la manera más inverosímil posible. ¿Y qué hicieron los padres y promotores del Referéndum? En cualquier caso, tal vez haya sido lo mejor, en esas condiciones tan desventajosas parecíamos más bien vacas yendo al matadero, no era del todo seguro que alcanzáramos la meta en la totalidad de los Estados; de cierta forma el Gobierno nos hizo un gran favor evitándonos el desastre electoral, quitándose la careta democrática y dándonos una oportunidad de oro para irnos a la calle pacíficamente a reclamar su salida.

Los ánimos de la sociedad civil se caldearon, rumores iban y venían, y llegó la famosa “Toma de Venezuela” … Nicolás Maduro comenzó a pedir dialogo, y en la MUD todos estábamos cerrados a esa posibilidad, nadie dialogaría con el gobierno, no al menos hasta que dieran estos tres presupuestos:

1- Liberación de todos los presos políticos.

2- Apertura de un canal de ayuda humanitaria.

3- Fecha definitiva del Referendum Revocatorio en el 2016.

Pero en plena toma de Venezuela, cuando la mayoría de los representantes de la MUD impusieron su criterio (sobre unos cuantos que se vieron forzados a plegarse por mantener la necesaria Unidad) y mandaron a la gente a sus casas, más de uno se arrechó, y con toda su razón “¿Nos van a mandar a tocar cacerolas otra vez?” y noticias aún más graves comenzaban a correr: el secretario ejecutivo de la MUD andaba en reuniones con el gobierno.

Ojo, él dijo que no estaba dialogando, pero resultó que sí, al final sí… pero “solamente negociaría los términos de la salida de Nicolás Maduro”. Unos pocos, por dignidad, se negaron a sentarse en esa “mesa de diálogo”, que seguramente pasará a la historia como “mesa de la infamia”, y es que CON DICTADURAS NO SE DIALOGA, y al parecer algunos no lo han aprendido. Mientras el dichoso dialogo se extendía, también lo hacían nuestra pobreza, el hambre, las necesidades insatisfechas, y la muerte de nuestro pueblo, que sigue llenando las morgues del país víctima del hampa y de las enfermedades medievales que, tristemente, en Venezuela no tienen cura.

¿Cuál ha sido el resultado del dialogo al que algunos accedieron sin que se cumpliesen las condiciones previas mínimas? La liberación de unos pocos presos políticos (no todos), una que otra autorización para recibir ayuda médica, (este Gobierno es tan delincuente que incluye la admisión de ayuda humanitaria para la población como una concesión a la oposición) ¡Y la renuncia a la mayoría calificada en la Asamblea Nacional! ¡Fueron a pedir la renuncia del presidente y salieron renunciando a dos diputados! ¡Brillante! ¡desde la época de Napoleón no se veía tanta lucidez estratégica! (Ironía) La verdad es que fueron por lana y salieron trasquilados, lo cual arroja un manto de dudas respecto a sus capacidades políticas y como negociadores, siempre y cuando asumamos la buena fe.

Son demasiadas derrotas en un solo año, un cúmulo de errores políticos inexcusables que en cualquier otro país acarrearían la renuncia de la dirigencia, pero ni hablar de eso, Venezuela es el país de las segundas oportunidades, de las terceras y las cuartas; acá pareciera un asunto consuetudinario que el presidente aprenda a gobernar, la dirigencia opositora aprenda a ser oposición, y que los ciudadanos de a pie aprendan a sobrevivir.

¿No deberíamos comenzar a plantearnos la revisión y reestructuración de la MUD? Y lo digo con toda la responsabilidad: hasta ahora, los actuales representantes de la MUD, en su mayoría, han hecho una oposición a la medida del gobierno, y lejos de trabajar por la salida de Nicolás Maduro, pareciera que, más bien, obran a su favor, enfriándole la calle y oxigenándolo con tiempo, pero, sobre todo con desesperanza, la desesperanza de nuestra gente.

Víctor Jiménez Ures