Rafael Rodríguez Mudarra: Maduro incurre en responsabilidad política

Rafael Rodríguez Mudarra: Maduro incurre en responsabilidad política

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Como resultado de la acción popular, revolucionaria  y unitaria llevada a cabo el 23 de enero de 1958, la que  pone término a la oprobiosa dictadura militar del  general Marcos Pérez Jiménez,  la dirigencia que logró  el propósito de restauración  de las instituciones democráticas y la de mantenerla por más de 40 años, apartada de apetencias personales  que pudieran desnaturalizar el esfuerzo patriótico,  se dieron a la tarea de  elaborar un texto constitucional, que en conformidad a su preámbulo,  acoge   los valores    sociales, económicos y políticos con largo asidero   durante su vigencia, a la vez que consagra la  independencia   e  integridad de la República, la unidad y la libertad , la paz interna y la estabilidad de las instituciones; lo que es más, : “ la democracia  como único e irrenunciable  sistema de gobierno”; así como el aseguramiento de la  extensión de esta a todos los pueblos de la tierra, y como  algo fundamental, no compartido por el régimen autoritario  que actualmente  rige los destinos del país, se establece, que  el gobierno será “ siempre   democrático, representativo, responsable  y alternativo”.

      En Venezuela  el sistema  constitucional  instaurado se caracterizó por garantizar la libertad  como finalidad suprema y última del Estado, por limitar  y fiscalizar su poder, entendiéndose  por Estado de Derecho la organización política  de la vida social sujeta a procedimientos normativos  mediante los cuales,  los actos de  éste    se encuentran sometidos  y limitados en forma imperativa por un ordenamiento jurídico  de absoluto respeto  de los derechos humanos. Los venezolanos  gestados en la institucionalidad, hubimos de  entender; y lo seguimos entendiendo  como  imprescindible ,   que solo es derecho la norma emanada  por mandato  de la soberanía, pautada  en la ley fundamental;  es decir “dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada”.





      Durante el tiempo que duró  el ensayo democrático  forjado  entre otros,   por sectores políticos, sindical, agrario, estudiantes, sociedad civil, clero , empresarios progresistas , se mantuvo en el país  un  comportamiento de “convivencia  y diálogo” ;   hubo el respeto por la  “ incompatibilidad   de los  Poderes Públicos”  y como regla de oro, se impuso  la escogencia  por consenso  para la selección de los integrantes de los órganos del Poder Público Nacional. Se garantizó la independencia   del Poder Público, a la vez que se concibe  al Estado de Derecho “como sociedad política   capaz de imponer la autoridad de la Ley en lo interno y afirmar  su personalidad  y responsabilidad  frente a sus similares del exterior”.

     No obstante las bondades avanzadas de la  Carta Magna  comentada; mediante  referendo constituyente,  el quince de diciembre de  1999  entra en vigencia  un nuevo dispositivo  constitucional, que  si en verdad no le da cobijo  a la representación proporcional  de las minorías, como base   indispensable para el logro pleno de la soberanía popular, consagra lo que se dio en llamar en forma despectiva la “refundación de la  República”, mediante  el establecimiento  de “una Sociedad Participativa y Protagónica  en un Estado  de justicia, federal  y descentralizado” , todo con fundamento  en su poder originario representado  por la Asamblea Nacional  Constituyente  mediante el voto libre  y en referendo  democrático,  lo cual es actualmente notoriamente incumplido en forma    arbitraria  por el presidente NICOLÁS MADURO; quien actuando al margen del querer soberano,  se resiste a entender con   sesgo monárquico y familiar, residuos   de la vieja política fascista ,  que las elecciones no se ganan  con  el derroche de los dineros público, con el uso indebido  de los medios de comunicación del Estado; y  con  la actitud  complaciente  e incondicional del  denominado  Poder Electoral, sino con el ejercicio libre y personalizado del sufragio universal, directo y secreto.

  La Constitución actual, instrumento sin duda estatista, le impone en forma imperativa  al Estado  una serie de atribuciones  que debe realizar en forma inexorable, entendiéndose, en nuestro caso, que deben ser cumplidas por  presidente NICOLAS  MADURO,    dado  que por su investidura se ejercita  en   más alta representación administrativa de la República, por lo tanto obligado  a   hacer marchar con eficacia  todos los negocios del Estado para satisfacer el interés general, cuyo incumplimiento  se personaliza en su ejercicio,  haciéndolo, responsable políticamente llegado el caso,  habida consideración que el Estado es un ente abstracto, actualmente  impuesto de muchas más cargas y deberes que los atribuidos en la Carta Magna  derogada.

  La Constitución vigente  estable lo que le es privativo a la Asamblea nacional,   el de ejercer su función de control mediante los mecanismos  de interpelación e investigación  para declarar  la responsabilidad política de los funcionarios públicos  y solicitar  al Poder ciudadano  que intente las acciones correspondientes, quedando a salvo los derechos y garantías que constitucionalmente le corresponden al  indiciado.

¿Estará incluido el Presidente Maduro dentro  de la obligación  de rendir cuenta de su gestión a la Asamblea Nacional? Sin duda alguna, sin subterfugios  sobrevenidos para debilitar tal imperativo, se encuentra establecido en la Constitución vigente, con asiento en las   bases doctrinarias  del principio de la incompatibilidad, la tipificación  del gobierno, como un ente “democrático, participativo, electivo, alternativo y   RESPONSABLE”,   por lo que  con base en el  cardinal constitucional,  el que se desempaña como jefe del Poder Ejecutivo está obligado, como gobernante responsable a rendir cuentas de sus actos  a la Asamblea nacional,  como poder representativo  de la  voluntad del pueblo ,  que como examinador y contralor de los actos del gobierno, tiene que ser un poder independiente , no sometido como hubo de suceder  en el parlamento próximo  pasado , a la obediencia complaciente  al gobierno de  Maduro, de sus ministros y dirigentes del PSUV.

 La contumacia  de MADURO a su comparecencia al parlamento  para informar sobre una  serie de sucesos  no explicados ni entendidos por la opinión pública, sostener sin soporte de creencia que el declive económico se justifica  con echarle la culpa  a una guerra económica liderada por Estados Unidos, es un mal presagio no entendido; la negativa a entregarle a los presos políticos los  beneficios que  son legales; que Venezuela sea el segundo país  más inseguro del mundo; que los  homicidios cometidos por los  agentes de los cuerpos de seguridad se eleven del 65% al 75%;  que  la  agencia noticiosa AP  haga público que la hambruna que padece el venezolano es  debido al tráfico de alimentos  y que un alto funcionario otorgó  a la empresa  Atlas Systems  84.6 millones de dólares  para importar pastas, empresa ésta de fachada;  que el costo de la vida no atiende al pedimento  de  los venezolanos que reclama   solución de   la crisis alimentaria; que no se investigue el despilfarro administrativo;  que se persigan en forma perversa e interesada a los Editores independientes; que no se liberen  los presos políticos , constituyen evidencias  que comprometen  seriamente la responsabilidad del Presidente, las cuales  deben ser investigados por el parlamento  y declarar la responsabilidad  si fuere menester, por lo que si el presidente es renuente  a no reconocer  el sistema de la incompatibilidad , que hace  al gobierno “responsable”, nos obliga a sostener    que la violación flagrante de la Constitución por parte del Presidente le acarrea culpabilidad,   que afecta moralmente al cuerpo deliberante , que vulnera el principio del sistema de las incompatibilidades.      Conducir  al  presidente a  los asientos del hemiciclo para pedirle rendición de cuenta por su comportamiento no responsable  en el  cumplimiento de las tareas que le impone el Estado,  no es más que la consagración del principio de la incompatibilidad  entre las funciones  legislativas y administrativas, consagrado de manera expedita en la Constitución vigente, es decir en la bolivariana, la cual se dice respetar.

Abogado, político, presidente del partido Unión Republicana Democrática (URD)