Alexei Guerra Sotillo: Tu derecho a la migaja

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No hay material para pasaportes.  Conseguir medicamentos es un vía crucis. No hay insumos en hospitales y ambulatorios. Se niegan recursos a Universidades para funcionar adecuadamente. Se le dice no al pago de deudas y compromisos laborales con diversos gremios del sector público. No hay ni autorización ni divisas para atender deudas del sector privado con proveedores extranjeros. No hay alimentos suficientes porque se ha destruido sin contemplación buena parte del tejido empresarial encargado de procesarlos y distribuirlos. No hay presupuesto para seguridad, vialidad, o para reparar y dotar escuelas. No hay recursos ni interés para elecciones de ningún tipo. Pero si hay recursos, prioridad y agilidad para emitir el denominado carnet de la patria.

 

La pérdida de cualquier vestigio ya no de legitimidad, sino más bien de cordura, de vergüenza o sensatez, por parte de la colectiva y militar vocación tiránica que hoy gobierna Venezuela, se evidencia, entre muchos, en dos muestras recientes y deplorables.

La primera, justamente, pareciera que consiste en carnetizar la miseria, en anunciar la emisión del referido papel de identificación y sumisión, con la promesa de que su portador quizá podrá recibir “algo” del gobierno, algo de las sobras que va dejando la corrupción y saqueo del erario público, que la autocracia socialista de Maduro y compañía adelanta a paso de vencedores, impune y salvajemente en el país.

La gestión de facto que encabezan hoy Maduro y El Aissami, aspiran captar y recuperar su base de apoyo político, manteniendo como política de Estado-Partido el amedrentamiento hacia sectores más empobrecidos o deprimidos, con la demagógica y mentirosa promesa redistributiva de lo que el gobierno importa o confisca.

La segunda, se trata de los cartelitos que han aparecido en oficinas y dependencias públicas, en los cuales se deja claro que “Aquí no se habla mal de Chavéz, ni de Maduro”. La queja, la crítica, el pataleo, la protesta, la disidencia, sobre los que se edifica cualquier sistema que aspire a ser llamado democrático, pretenden suprimirse con semejante aberración.  Al camarada Diosdado, parece incomodarle el creciente clima de cansancio, obstinación e inconformidad que el fracaso del modelo económico y político del chavismo ha creado en el sentir popular. ¿Qué sigue? ¿Cárcel para quien no se ría de los chistes del Presidente? ¿Prisión para quien ejerza su derecho a la protesta, manifestando a grito tendido su deseo de superar esta tragedia en forma de gobierno?

Como toda vocación autoritaria, el gobierno de Nicolás quiere tapar el sol con un dedo, y no sólo celebra la clausura de la democracia, sino el silencio y la resignada pasividad de las víctimas de su fascismo.

La gente no sabe, a ciencia cierta cuál será su utilidad, qué beneficios traerá para quienes lo tengan. Lo que si queda claro es que el carnet de la patria, ante el hambre y la miseria de factura “socialista” y un rentismo derrochador e insepulto, es hoy más que nunca, y digan lo que digan: Tu derecho a la migaja

@alexeiguerra