Alexander Guerrero E.: El fin del Estado petrolero. La única salida, privatizar la industria petrolera

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Unica salida, privatizar la industria petrolera y contratos de extracción y producción.

Esa relación es fatal, en el largo plazo no tiene solución óptima, se llegó al punto de inflexión, entre el concepto de renta y el de beneficio. Probablemente la solución en el pasado hace más de veinte años, pudo haber llegado con el movimiento hacia la eliminación del monopolio estatal y a la privatización, una visión tímida en aquel momento, pero quizás adecuada al entorno político e institucional que se veía de un derretimiento del sistema financiero privado que colapsaba en medio de un fisco colapsado por el salvamento de aquella crisis. Esa solución venia como ajuste después de veinte años del mayor error cometido en relación al petróleo y su entorno económico, la nacionalización y creación del monopolio estatal, después de todo los yacimientos son del Estado desde Carlos V.

La apertura, sin embargo, abrió la caja de Pandora de los espíritus animales del nacionalismo petrolero, quienes exacerbaron los incentivos políticos, de aquellos sectores que tradicionalmente habían depredado la industria petrolera -el ingreso petrolero-  desde una cómoda posición rentista, la política y sus corporaciones, la corporación militar, sectores mercantilistas corporativos del capital privado y sindicales laborales, y toda la “cultura nacional” que libaba del petroleo. A lo largo de décadas, -desde 1945 y desde 1958 una espesa nube de intereses logro crear el gran consenso nacional, el petroleo es del Estado, a todo evento y punto, cualquier discusión al respecto era fulminada, donde quiera que ella se exprese, inclusive en el mundo académico.

Desde 1958 esos incentivos superaron a la racionalidad económica, estaba en peligro la fuente que alimenta la política y su clientela y le daba forma al rentismo petrolero, el medio académico y cultural, la intelligentzia, se refugió en ese consenso, cualquier mención a privatizar la industria era perseguido culturalmente, había que callar aquellos pequeños grupos que planteábamos que la apertura petrolera debió haber fundado un marco constitucional de mayor seguridad jurídica -del que se sustentaba y  a medias-  que le diera fundamento y durabilidad al proceso de retorno del capital privado. Aun bajo los que esquemas de participación y propiedad de débil factura en términos de la seguridad jurídica que mostraban los contratos con el cual se llevó a cabo la apertura. La respuesta de las corporaciones políticas, fue que “era mejor no alborotar un avispero”, una expresión algo naive, que provenía de un alto dirigente político, quien así respondió a mi crítica sobre los riesgos de inseguridad jurídica que mostraban los contratos de apertura petrolera, dado que era plenamente conocido que el nacionalismo petrolero se expresado ampliamente y conducido a la estatización y que se activó con la Constitución de 1961 haya la estatización final en 1975.

Así, con la apertura el “consenso” daba un paso hacia adelante y lo hacía con fusiles y con votos, y allí estaban también presentes grupos y sus representantes que habían estado activos y a favor del proceso de apertura en los noventa; pero ahora estaban refrescando su nacionalismo, con la vuelta a la estatización, cuyas reglas fueron explicitadas en la Constitución del 1999 y puestas en marcha en la legislación petrolera que de inmediato emprendió la AN. El rentismo petrolero viviría una época intensa porque los precios, como un windfall, el lado izquierdo de la asimetría, alimentaron la presión fiscal que engordaba al Estado y al gobierno, reduciendo con ello la industria petrolera a un 7% en relación al PIB para hoy, desde un 25% que mostraba la apertura desde 1995.

Esa estatización acabaría en los hechos con los contratos de empresas mixtas, las participaciones de los privados extranjeros en las empresas mixtas veían sus derechos de propiedad sobre aquella renta que supuestamente les pertenecía, -según contratos- convertidos en cuentas por cobrar, su socio mayoritario el Estado – a través de PDVSA- confiscaba sus haberes convirtiéndolos en su deuda. Posteriormente entre 2013 y 2016, al sentirse con fuerza los efectos del engorde del Estado y la descapitalización de la industria en consecuencia, requirió que esas deudas se convirtieran en capital, en acuerdos igualmente sin mayor seguridad jurídica.

En otras palabras, los cambios que se suscitaban bajo las nuevas reglas no generaron los mejores ventures, dado que se cambiaron socios AAA por socios sin capital ni tecnología, todo lo cual sumo a la descapitalización de toda la industria petrolera. Esta es una de las facetas de la primera cara se esa asimetría, que exponemos en el título de esta nota, su representación. Más adelante definimos esta relación entre el petroleo y la política, la cual fue transfería a un amplio espectro social pero también al mundo esotérico bajo cuyo prisma el venezolano fue acostumbrado a ver su posición respecto de la renta del petroleo.  

¿Cómo llegamos a ese final? Elaborando sobre las deplorables condiciones que hoy presenta la industria petrolera nacional, encontramos que después de casi dos décadas operando bajo la irracionalidad de unos incentivos que definen la renta -toda- petrolera como ingreso fiscal, y convertida en monopolio estatal nuevamente y con contratos de asociación -para distribuir beneficios- representados con derechos de propiedad mal definidos.

Estos derechos de propiedad impiden el ejercicio pleno de disponibilidad sobre la renta ganada, – entre otros, por elevada inseguridad jurídica expresada económicamente en un horizonte trazado – en esos contratos, era el de última instancia- para un ingreso petrolero generado bajo el total control del Estado/Gobierno; incluyendo desde luego, el ingreso perteneciente al socio del Estado venezolano, que como se sabe al no ejecutarlo PDVSA seria convertido en capital por parte del socio.

Este marco se inseguridad jurídica por derechos de propiedad mal definidos, es un factor del proceso de descapitalización de toda la industria nacional, incluida el asociado privado internacional; en muchas ocasiones siendo empresas de propiedad estatal igual al caso de PDVSA su socio. Hablar entonces de privatización no sería correcto, el riesgo soberano enfrentado por el socio, no sería gratuito, porque se expresaría como parte importante del riesgo país y con ello incrementaría sus costos de operación en el venture con PDVSA.

La estatización de la industria fue apalancada por el crecimiento de los precios. El ingreso petroleo -renta-  fluiría con mayores volúmenes, sin costos contemporáneos aparente -esos los estamos pagando después de la zafra- seria aplicado al proceso de estatización de la economía privada y gasto fiscal dirigido a agrandar el Estado (110%). Ese inmenso gasto fue agrandado por ingreso por endeudamiento dirigido a atender el llamado costo social, y aplicarse a programas redistributivos de uso directo en o indirecto, regidos por un costoso proceso político pervertido donde el natural gasto por derroche en manos de entidades burocráticas del Estado y el Gobierno, de la mano de la corrupción.

Todo ello dejo al final un amargo sabor, dado que al disminuir la renta del petroleo tanto por descapitalización de la industria y caída de los precios posterior, dejo a todo el mundo en el mismo sitio donde se había dado comienzo al régimen de reparto bajo la nuevas reglas, nueva constitución y nueva legislación y un gasto despilfarrado que supera los 550 mil millones de dólares -en 15 años- solo por ese concepto. De ello queda una monstruosa deuda y enormes costos hundidos que definirían un grado terminal de la industria petrolera por descapitalización, por desinversión y desviación del gasto operativo de PDVSA. Acá tendríamos la segunda y consecuente faceta de la asimetría mencionada.

El actual estado de la industria petrolera nos revela una gran verdad, aunque aún cubierta del velo de la ignorancia (Rawls) dado que la depredación de la industria petrolera se convirtió en consecuencia no intencionada, aunque dejando curioso consuelo político de que “no hay mal que por bien no venga”. Así, constatado el volumen de descapitalización -el cual ocurriría en algún punto del ciclo, en la baja- que ocurriría, y después de tragarse el hígado como Estado petrolero, pudo haber dejado otra oportunidad, quizás la última de seguir produciendo rentablemente petróleo. Solo que esta vez no habría” renta” para el reparto, sino una apuesta a que solo el mercado podría eventualmente fijar el grado de rentabilidad que el negocio petrolero venezolano pudiera aun tener, en un mercado global y con más dolientes, más productores y más oferta petrolera, en medio de grandes saltos tecnológicos con modelos de negocios que operan con incentivos privados, del capitalismo, para ser precisos.

Solo el mercado lo dirá, pero bajo la condición de serios cambios en la manera como se definen derechos de propiedad sobre el petroleo como commodity -producido y procesado- por inversión privada. Ello, desde luego, reducirá el ingreso petrolero como tensión fiscal, porque los impuestos quedaran como resortes e incentivos para que el capital pueda rodar. Desde luego, y el mundo se preguntará con razón, por qué hubo que andar por la costosa via de la destrucción de un inmenso capital que nos trajo la industria a niveles donde muchos se pregunta sobre la viabilidad que ella tiene viendo al futuro, un futuro incierto donde las tasas de sustitución marginal de unas energías por otras, sobrepasaron el umbral de costos y regulaciones como restricciones que lo impedían anteriormente.     

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Una asimetría, especie de  síndrome, explicado con detalles en la “tragedia de los comunes”  y un negocio cuya naturaleza económica está sujeto a presiones fiscales que están definidas en la naturaleza de la propiedad estatal del subsuelo -recurso- y una renta producida bajo ese incentivo, frente a una industria, una empresa, un “negocio” que requiere arbitraje en los mercados y eficiencia dado que sobrevive en un entorno competitivo que si bien reduce sus costos marginales, también reduce sus ingresos marginales.

La presión fiscal sobre el “negocio” lo obliga a pervertir sus economías lo que resulta en un proceso de maximización de la renta del recurso -petroleo- que depende de sus precios en el mercado mundial -que bajo el ciclo de sus precios y la posición de productor marginal genere un “exceso” de renta que en el largo plazo afecta su rentabilidad en virtud que los precios -en alza- distribuyen la renta como ingreso fiscal.

Este fenómeno en la distribución, definido en la propiedad estatal del recurso y su renta disminuye perversamente la capacidad industrial del negocio que irracionalmente ha reducido su capitalización e inversión precisamente donde no debió haber ocurrido, en la parte alta del ciclo. Ello configura la asimetría mencionada arriba y que a la postre descapitaliza la industria -incluyendo sus socios privados internacionales- de su punto de equilibrio dado que la producción y renta no pueden detener el ocaso causado por agotamiento natural del recurso potencialmente convertible en commodity. Su presencia en el mercado mundial es paradójicamente debilitada dejando de ser un productor marginal dentro del cartel. Se cumple la profecía auto cumplida de la tragedia de los comunes.

Ese fenómeno económico y fiscal costo en producción en momentos de un largo ciclo de precio promediando 90-100 dólares por barril la producción de unos 7.5 millones de barriles de producción diaria. En un análisis de costo beneficio, hablaremos de grandes pérdidas, por un lado, dejando a una industria, es decir, al mismo negocio en mengua con enormes obligaciones financieras y no financieras imposibles de cumplir con una producción en ocaso. Y, por otro lado, en un gasto de la renta fuera de su circuito económico y en nuestro particular caso, pagando exclusivamente el costo de la política que como agenda estaba diseñada para debilitar el capital privado, y disminuir su crecimiento y forzarlo acerrar y ser expropiado.

Todo ello, al mismo tiempo debilitando sus derechos de propiedad redujo su capacidad empleadora en un 56%. Caído el ingreso petrolero en la tenaza de precios producción en baja, la (hiper) constituye el impuesto que el ciudadano paga para sostener un gasto publico totalmente monetizado que solo tiene dinero para financiar el crecimiento de la pobreza. La sentencia histórica de un Estado que destruye la riqueza de A Smith se cumple fatídicamente con la desaparición material de la economía privada competitiva.

La tragedia acá está representada y definida en una economía bajo los incentivos de un ingreso fiscal a redistribuir bajo un régimen de decisiones políticas, en un gasto fiscal insostenible dado que la caída de la renta -producción- per cápita no puede cumplir las exigencias financieras establecidas en el presupuesto por ingreso de renta petrolera. Debo acotar que las decisiones de ingreso y gasto fiscal son esencialmente políticas, son expresiones de la política fiscal donde el gasto público se ejecuta principalmente por régimen redistributivo.

Esa asimetría, el Estado (dueño de la empresa) y el gobierno receptor de la renta y el negocio que no obedece a la su racionalidad redistribuye el gasto bajo el incentivo de esa restricción fiscal, lo cual -como describimos arriba, no le permite consentir el costo de mantener la producción, por lo menos al nivel de crecimiento vegetativo, -con costo e ingresos marginales en cero, nivel de plena competitividad, que es donde al parecer se encuentra hoy la industria petrolera en el mundo.

La racionalidad económica sobre esta presión fiscal se destruye, porque el gobierno redistribuye sobre sus derechos de propiedad -para lo cual esta constitucionalmente mandado-  para sostener un Estado que en paralelo muestra un crecimiento mayor al propio crecimiento de la economía no petrolera, lo que va generando una brecha inalcanzable, y que se va a manifestar -así ocurrió- a mediados del 2012, en un déficit -incremental creciente- en su balanza de pagos, el negocio petrolero, inclusive marcando un precio promedio en 92 $/barril. En paralelo -y por la misma razón original, dada las condiciones iniciales del modelo de distribución de la renta del petróleo, generaba un déficit fiscal -el síndrome de los déficits gemelos, Fiscal y de balanza de pagos- que reventó los indicadores económicos en marzo 2013.

Esa es la primera palanca de la tenaza, la otra trae una fuerte correlación en términos de precios, porque estos obedecen a dos fuentes de ingreso, que hoy están en conflicto, los precios de los acuerdos de venta de petroleo con los socios y contratos políticos con China, Petrocaribe, y otros mercado marginales, y lo que genera CITGO al comercializar el petroleo que le llega desde PDVSA -Venezuela- un petroleo encarecido por las mezclas, pese a los precios hayan caído, los números muestran que en el ultimo ano, las ventas al norte han caído. Según se conoce, los dólares por barril de petroleo vendido no canje todos en la caja, además del diferencial negativo respecto del ingreso petrolero de CITGO, que suponemos, además de ser caja inmediata, porque Tío Sam tiene el ojo pelado, es mayor por cada barril comercializado.

Tentativamente esta matemática dice que, si se vende más a CITGO, el ingreso petrolero por barril es mayor que si se vende en el marco de los acuerdos con China Petrocaribe, etc. etc.; mientras que si se vende menos (más a los socios y contratos mencionados en el párrafo anterior, el ingreso por barril se reduce. Es la tenaza que marca el diferencial de precios que da vender en un mercado más que en el otro. Uno está inclinado a pensar que las finanzas de PDVSA, de hecho, ya colapsadas -como lo muestra la caída de la producción, sufren más cuando se vende menos en el norte que cuando es lo contrario.

Prueba. Los dos movimientos financieros la heterodoxia del canje  de bonos de hace tres meses con CITGO de garantía y del acuerdo de préstamo con Rosneft que pone como garantía la otra mitad de CITGO, sucumbiría en un tribunal, curioso fenómeno el cual ya PDVSA tiene experiencia con la negociación de una de las refinerías de CITGO, negociadas hace un tiempo, donde el tribunal en USA falo a favor de PDVSA, un caso simétrico al que ahora ocurriría con la demanda de EXXON y otros para detener la eventual liquidación de la mitad de CITGO. EN PDVSA se sabe que la salsa que es buena parta el pavo también lo es para la pava.

Lo mismo ocurriría con CVG conglomerado productor commodities, el cual también perdió el ciclo de altos precios de los commodities que producía. Idem con las minas de oro que existen solo en papel, rompiendo contratos por no poder cumplir con las obligaciones acordadas y entregando las vetas a los depredadores del negocio para así al menos el BCV pudiera recibir una que otra tonelada que no podía producir en las instalaciones públicas. Los militares tomaban la mitad, los mineros la otra mitad y el BCV lo que sobraba. Entre enero 2014 y 2016, apenas 11 toneladas de oro a sin refinar para el mercado del oro monetario es lo que el BCV muestra como beneficio. Como la enfermedad del Estado productor es pandémica, este como productor desde petroleo hasta arepas, colapso económica y financieramente.

El daño estaba hecho porque la asimetría en la distribución de la renta del petroleo ya no cubría el ritmo de descapitalización -léase desinversión- que se iba generando del lago del ingreso. La tenaza se cerró a finales del 2013 y la crisis de pago estallo. A partir de allí y lo acotamos muchas veces, no había vuelta, porque la renta dejo de fluir al fisco (gobierno) y el déficit, fiscal castigo con una hiperinflación dado que la renta fiscal era ya cero. Pero como en el camino habían quedado muchos pasivos, en PDVSA, financieros y no financieros, lo que no alcanza para dos, lo será menos para tres.

La caída en la producción acelera, los ingenieros que siguen el detalle industrial de la industria producir petroleo, crudos y/o productos, nos podrían adelantar cuanto además del crecimiento vegetativo -en la inversión- se requiere para recuperar el rezago y en cuanto será el esfuerzo económico y financiero para recuperar lo perdido, incluyendo los aspectos técnicos que va dejando la caída de la producción, en relación a recuperación de la producción y vuelta al ritmo perdido.

Todo indica que los costos marginales subirán en esa vuelta y el ingreso marginal cae en consecuencia, llegando a un punto muerto donde la capacidad de emitir deuda corporativa es nula, entrando en un típico nudo de un colapso. Este aparece cuando pase lo que pase, la producción seguirá cayendo, y los costos para recuperarla crecen. Bueno esta es la lógica de todo proyecto, los costos por salirse son altos -en relación al ingreso- cuando los costos por reentrar crecen a mayor ritmo.

Alexander Guerrero E Economista PhD (London)

@AlexGuerreroE

www.alexanderguerrero.com