Víctor Jiménez Ures; ¡Auxilio!, están bachaqueando PAN

Víctor Jiménez Ures; ¡Auxilio!, están bachaqueando PAN

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Un nuevo (y alarmante) fenómeno que se está comenzando a vivir en algunos sectores de Caracas es la venta de pan a sobre-precio por parte de los bachaqueros. Caramba, sí, la pesadilla que muchos hemos vivido en supermercados y farmacias, poco a poco ha ido reptando hasta llegar a las panaderías. Ciertamente, los economistas nos hablan del bachaqueo (mercado negro) como un comportamiento previsible en el marco de las economías fuertemente reguladas por el Estado y signadas por la escasez. Sin embargo, ello no exime de responsabilidad moral a quienes incurren en esas prácticas.

Ya en el gueto de Lublin (Polonia) un nefasto personaje llamado Shama Grajer, apodado “El Rey Judío”, nos daba buenas cuentas de lo que era ser un bachaquero en plena ocupación alemana, durante la II Guerra Mundial, siempre en detrimento de su propio pueblo. No obstante, la diferencia fundamental entre aquel oportunista y lo que sucede en nuestro país, estriba en que la desgracia que les alcanzó (la guerra) no dependió de ellos, en cambio acá, la responsabilidad es enteramente nuestra. En efecto, tenemos una economía de guerra, aunque nuestro país está en paz; somos pobres, aunque Venezuela es sumamente rica; y vivimos presos, aunque no hayamos cometido delito alguno. Venezuela, en la actualidad, es el gueto más grande de la historia, y los carceleros somos nosotros mismos.





Sucede que acá el individualismo egocéntrico y endémico nos lleva a perjudicar a los demás en nuestro beneficio propio, sin importar el daño que podamos hacer al prójimo; resultando que, a la larga, los principales afectados seremos nosotros mismos. Las personas son definidas por sus actos, y con éstos inspiran a quienes están a su alrededor.

Tristemente el egoísmo está a la orden del día, tanto en la política como en la vida diaria, y de ello deviene la espiral destructiva que nos está hundiendo como sociedad y como seres humanos, arrastrándonos a los niveles más bajos de la conciencia. No cuestiono que haya sido ese el objetivo de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, pero tampoco dudo que, en buena medida, nosotros hayamos colaborado activamente.

Así pues, antes que el chavismo, el mayor de los males de nuestro país es la llamada “Viveza Criolla”, que, literalmente, nos ha hecho deponer sobre el plato en que comemos. A estas alturas, solamente estamos cosechando lo que hemos sembrado. Nuestra sociedad se está descomponiendo a niveles vertiginosos, y es poco lo que podremos hacer como individuos sino anteponemos el interés general al particular. Ya lo hemos dicho antes: El cambio debe ser interno, desde el seno mismo de la familia, que es núcleo de la sociedad. No podemos tener doble moral si aspiramos a un país mejor: mal podemos quejarnos de la corrupción si “de vez en cuando” nos aprovechamos de ella, es decir, si realmente queremos eliminar a la bestia que está devorando al país, lo último que debemos hacer es alimentarla.

Recordemos esto: Quienes actúan bien, llevarán a su entorno a obrar con rectitud, y quienes actúan mal, harán lo propio. Por eso es tan importante que, quienes aleguen tener buena voluntad, prediquen con el ejemplo, más que con discursos edulcorados, pues como diría el apóstol Santiago “La Fe sin obras está muerta”.

Víctor Jiménez Ures