Julio Castellanos: El beso de la discordia

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En días pasados se celebró un evento de carácter cultural en la Universidad Arturo Michelena en el cual cada interesado en mostrar alguna expresión artística instalaba una estación, un stand, para realizar su respectiva demostración. Este evento, organizado por el profesor Víctor Prado, fue abruptamente suspendido en su totalidad porque en una de las muchas estaciones, un estudiante interpretó una canción que dedicó a su pareja y, al final, ambos muchachos se dieron una legítima expresión de cariño: un beso. Este brote homofóbico, según las víctimas, contó con la anuencia del Rector de la UAM.

¿Qué tipo de rector, merecedor del título de “Magnífico” en los actos protocolares, muestra tal demostración de homofobia, conservadurismo extremo, fascismo cultural, insultando esa expresión de legítimo cariño entre dos personas? Incluso, afectando colectivamente a todos los artistas que se presentaban ante la comunidad universitaria. La inmediata crítica de los estudiantes a tal decisión fue impresionante en las redes sociales y la UAM emitió un comunicado expresando su “Rechazo a cualquier manifestación de homofobia y odio a la comunidad LGBT”, sin embargo, aún no se conocen sanciones disciplinarias, procesos de destitución o similares, contra los docentes y autoridades que causaron los evidentes perjuicios materiales y morales contra esos estudiantes. Los hechos son más importantes que las palabras. Las esperadas acciones de las autoridades determinarán la calidad, moderna o medieval, de la educación impartida en esa casa de estudios.

Este tipo de actos están siendo una vulgar tendencia. En días pasados fue censurada la película “Támara”, que expone parte de la vida de nuestra primera diputada transexual de Venezuela, Tamara Adrián, en la Universidad Católica Andrés Bello y en la Universidad Católica Santa Rosa. Es una vergüenza que esas casas de estudio comentan el mismo error de obviar el derecho inalienable, internacional y nacionalmente reconocido, al libre desarrollo de la personalidad. Caen tan bajo como la franquicia Tony Roma`s  expulsando a una pareja de chicas de uno de sus restaurantes o la, afortunadamente ex diputada, Vestalia Sampedro con su rocambolesca solicitud al TSJ de proteger a la familia negando el matrimonio igualitario. Tal como si viviéramos en el medioevo, parecieran desear que arda en la hoguera toda la comunidad LGBT.

Es inaceptable que la casas de estudio, llamadas a ser las casas que vencen las sombras, en vez de enfocar su interés en convertirse en auténticos agentes del cambio social y aspirar a una sociedad más tolerante, abierta, democrática y equitativa, se anclen a un pasado de odio y resentimiento en contra del 9% de la población venezolana que declara abiertamente tener una orientación sexual distinta a la heterosexual. Casi 3 millones de venezolanos segregados por el cuento, mal entendido, de Adán y Eva.

Habrá que repetirles, hasta el cansancio, que el artículo 20 de la Constitución nacional dice “Toda persona tiene derecho al libre desenvolvimiento de su personalidad, sin más limitaciones que las que derivan del derecho de las demás y del orden público y social” y que el artículo 21 expresa, en su numeral 1, que “No se permitirán discriminaciones fundadas en la raza, el sexo, el credo, la condición social o aquellas que, en general, tengan por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad, de los derechos y libertades de toda persona.”

Ojala mañana la comunidad LGBT carabobeña reaccione, no con uno, sino con miles de besos. Para que sea el amor quien derrote al odio, que el amor libre de ataduras desnude a quien se siente con la autoridad “Magnifica” de ordenar a quien querer y a quien no. No más homofobia.

Julio Castellanos / @rockypolitica / jcclozada@gmail.com