“Tu cerebro cambia con cada cosa que piensas, incluso aunque no la digas”

“Tu cerebro cambia con cada cosa que piensas, incluso aunque no la digas”

Foto: El investigador Álvaro Pascual-Leone / El País
Foto: El investigador Álvaro Pascual-Leone / El País

 
Un halo de misterio sigue cercando al cerebro, uno de los grandes desconocidos de la ciencia. En el azaroso trabajo de despejar los enigmas de ese kilo y medio de redes eléctricas que forman millones de neuronas anda el investigador Álvaro Pascual-Leone, decano asociado de Ciencia Clínica y Traslacional de la Escuela de Medicina de Harvard, reseña El País.

El médico (Valencia, 1961) ha invertido 30 años en estudiar la plasticidad cerebral, lo que hace que el cerebro pueda adaptarse a los retos que se le presentan. Pascual-Leone se afana en comprender los mecanismos que controlan esa plasticidad para intentar luego modificarlos y reconducir hacia un estado óptimo el comportamiento del paciente. El neurólogo es uno de los mayores expertos del mundo en el campo de la estimulación magnética cerebral, una técnica no invasiva para manipular conexiones neuronales de forma que mejore la salud cerebral del paciente.

¿No influye la genética?

La genética juega un papel en esto pero también sabemos que el patrón de vida y los cambios epigenéticos (la educación recibida, la infancia…) juegan un papel específico. Hay redes neuronales que determinan la probabilidad del cerebro de resistir la patología y prevenir discapacidades. Si somos capaces de encontrar esas redes vamos a ser capaces de modificarlas o de intentar guiarlas para maximizar esa resistencia.

¿Habla de cambiar o manipular el cerebro?

Cuando estudias, cuando lees, cuando vas al colegio, ya estás cambiando tu cerebro. Con cada cosa que haces, incluso que piensas sin decirla, con cada cosa que experimentas, tu cerebro cambia. Estar vivo es una condena a que tu cerebro vaya cambiando hasta que te mueres. El reto es darse cuenta de que ese cambio del cerebro no necesariamente es bueno o malo para ti, simplemente forma parte de cómo funciona nuestro sistema. Todo es cuestión de saber cómo guiar esos cambios, cómo esculpir el propio cerebro, de rodearse de influencias que lleven a lo mejor para el individuo.

¿Dónde están los límites para esculpir el cerebro?

Vienen dados por los mecanismos de plasticidad mismos. Sabemos que la plasticidad tiene dos pasos: el primero, cambiar la eficacia de las conexiones que existen; y otro, a base de cambiarlas, generar nuevas conexiones. Pero generar nuevas conexiones sin nada de principio no es fácil. Hay una diferencia de salida que define el mapa de carreteras que uno tiene. Ese mapa puede ser modificable, pero necesitas las carreteras iniciales.
 

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