Javier Hernández: Mi pana Pepe, el Terrorista

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Confieso que me dejé engañar y creí en esa fachada de tipo bonachón que durante más de cuarenta años aparentó ante los vecinos del barrio, desde que yo era un chamo y le compraba pan de guayaba y frescolita, hasta ahora que son mis hijos quienes compraban su merienda en el negocio que la CIA montó para camuflar su oscura operación. Pero la verdad ha sido revelada y Pepe, que era mi pana, queda en evidencia ante los ojos del mundo.

Pepe el portu, (aunque en realidad es español) resultó ser un agente imperial de la guerra económica empeñado en acabar con la patria de Bolivar y por eso genera deliberadamente colas a la puerta de la panadería que ha atendido desde que el mundo es mundo. ¿Y que otra cosa sino un enemigo de la patria podía ser un tipo que llegó hace 60 años al país desde la imperial Europa? Por las venas de Pepe, -el panadero venido en terrorista- corre sangre peninsular, es decir que tiene algún gen realista colonizador, lo que explica sin duda que por primera vez en cuarenta años haya dejado de hacer pan, justo ahora que los verdaderos patriotas están en el poder y conducen la gloriosa batalla para preservar la independencia ganada a punta de esfuerzos y sacrificio. No hay otra explicación posible sino el odio contra el presidente obrero.

Resulta que Pepe el panadero, es el comandante de un pelotón enemigo en la gloriosa “Guerra del Pan” el más reciente episodio de una serie de guerras –eléctrica, alimentaria, parlamentaria, hídrica, memética, cibernética, mediática y un larguísimo etcétera- que el gobierno enfrenta con notable éxito. La guerra del pan es un brillante hallazgo de las redes de inteligencia del gobierno nacional, dueño absoluto de la importación de materia prima, dueño de buena parte de los molinos y custodio la distribución de la harina de trigo. El estado mayor de generales, distinguidos entre sí por el rubro bajo su comando, revienta de ira ante el hallazgo del General acemita, quien tiene aspiraciones de destronar a Don Vitto una vez hayan dominado la amenaza de Pepe y su gremio.

Pepe y su negocio, son ahora enemigos de la patria. Sus 8 empleados como consecuencia, sufren los embates de las gloriosas tropas que armados de camisas rojas y chalequitos marrones, con la mano derecha escriben las sanciones ante las cámaras y con la mano izquierda extendida y fuera de cámara, le ofrecen una salida a su problema porque según Sun Tzu, nunca es bueno acorralar al enemigo. Maestros de la estrategia.

Mientras tanto, a unos metros afuera de la panadería de Pepe, un grupo de muchachos altamente comprometidos con la causa patriota, alivian el hambre de las familias vendiendo pan a tres veces el precio al que lo vendía Pepe. Misión cumplida.

@ jhernandezucv