Miguel Méndez Rodulfo: Problemática educativa en Latinoamérica

Miguel Méndez Rodulfo

Las pruebas Pisa y las pruebas Timss (la otra gran evaluación internacional de educación), así como las pruebas Serce y Terce de la Unesco, además de las pruebas Simce, todas ellas evaluaciones que miden la capacidad de los alumnos para resolver problemas, revelan que la desigualdad de origen es el gran desafío para la educación en América Latina, ya que si los alumnos provienen de familias con recursos tendrán acceso a una buena educación; pero si no, recibirán una enseñanza de poca calidad. En Latinoamérica hay dificultades para estimular el deseo en los estudiantes a participar, a entusiasmarse con lo que aprenden. Los estudiantes de la región no resuelven problemas de la vida real y muchos jóvenes no aprecian que lo que aprenden vaya a ayudarlos en la vida. La población estudiantil joven de América Latina, en  comparación a los de otros continentes, resuelve mal los problemas prácticos y cotidianos. En el subcontinente los libros de texto son más voluminosos que en los países desarrollados; también, es común en nuestra región que si los estudiantes no aprendieron un tema en un determinado grado, esa carencia sigue afectando a los alumnos en los siguientes niveles, porque esa falla no se subsana; además, es un hecho que el acceso a la educación preescolar en América Latina debe mejorarse sustancialmente.

En el subcontinente hay más pobreza, desigualdad y desintegración familiar que en los países del norte; además, se invierte menos en educación, en la atención de los alumnos y en la formación docente. Hay más violencia en los hogares y los padres tienen menor nivel educacional. Mayor cantidad de niños viven en condiciones desfavorables, que infantes de naciones desarrolladas. La infraestructura y el equipamiento de los colegios suelen ser precarios; el uso de tecnologías digitales es limitado o inexistente; el tiempo dedicado al aprendizaje escaso; la disciplina excesivamente autoritaria o ausente, y las políticas educativas de los gobiernos son inestables, mal diseñadas y su implementación y efectos poco evaluados

No obstante este diagnóstico, modelar sobre prácticas exitosas de otros países, siempre mejorará las cosas. Es un hecho que los sistemas con mejor desempeño se enfocan en tres cosas: demandan rigor, es decir, el nivel de exigencia a los alumnos es muy alto; se enfocan en aprender pocas cosas, pero muy bien, y promueven la coherencia, o progresión en el aprendizaje, esto significa que primero se aprende algo muy bien, luego se comprende, y por último se progresa al siguiente paso. En naciones con buenos sistemas educativos, hay una apertura hacia la experimentación creativa, como por ejemplo: si una escuela es mejor puede recibir más dinero, pero debe usar esos montos para ayudar a otra escuela con malos resultados; hay países que tienen como política enviar profesores buenos a colegios en desventaja; en otros Estados un subdirector de un colegio muy bueno que quiere convertirse en director, tiene primero que probar la capacidad dando un giro de 180 grados a un colegio con problemas. Una estrategia infalible en el ámbito educativo es realzar socialmente la profesión de maestro; que sea mucho más atractiva intelectualmente, lo que significa ofrecer más oportunidades para que los profesores colaboren, e invertir más en la profesionalización, enviando cada maestro a 100 horas de actividades o cursos de desarrollo profesional por año. Sin embargo, el mejor entrenamiento para los maestros tiene lugar en los propios colegios, observando buenas prácticas y aprendiendo de los mejores maestros. Es posible mejorar los resultados del aprendizaje, pero para ello se requiere un esfuerzo concertado de la Nación: del gobierno y los colegios, de las familias y autoridades locales, de los empresarios y universidades, de la sociedad civil y de organizaciones no gubernamentales y, prioritariamente, de los docentes y sus alumnos. Se requieren políticas de largo plazo, estables, coherentes y dotadas de suficientes recursos.

Miguel Méndez Rodulfo