Matan de 12 puñaladas a abogada en su casa

 La madrugad del dia viernes fue asesinada en su residencia una aboagada identificada como Olga Lucia Pernia Sanchez de 28 años, la jurista que fue asesinada por sujetos que ingresaron a su residencia ubicada en el sector Los Aceitunos parroquia Raul Leoni. Los detetives de CICPC inicaron las investigaciones del caso donde se maneja el crimen pasional ya que tenia dos meses separada de su esposo, los ladrones que maniataron a los padres de la falleciada luego de cargar con los objetos procedieron a asesinar a su victima.

La madrugad del dia viernes fue asesinada en su residencia una aboagada identificada como Olga Lucia Pernia Sanchez de 28 años, la jurista que fue asesinada por sujetos que ingresaron a su residencia ubicada en el sector Los Aceitunos parroquia Raul Leoni.

 

La avenida 69A de la urbanización Los Aceitunos, parroquia Raúl Leoni, estaba cerrada de esquina a esquina por patrullas de la Policía regional y por una comisión del Eje de Homicidios de la Policía científica. Los detectives colectaban en la casa de Olga Lucía Pineda Sánchez (28), abogada e hija una secretaria del Circuito Judicial Zulia, evidencias sobre su asesinato. Así lo reseña laverdad.com

El garaje del inmueble 82C-40 estaba abierto. Los funcionarios y familiares entraban y salían. A la madre de la jurista la sentaron en una silla de hierro, con cada abrazo reiniciaba su calvario y el llanto. Ni ella ni sus allegados hicieron algún comentario a la prensa. Seguían de cerca cada paso de los detectives y comisarios de la Policía científica.

Los vecinos fueron los primeros en llegar al lugar. Escucharon los gritos de los padres de Olga y le prestaron el apoyo. El cadáver de la abogada yacía en una habitación de la parte superior de la quinta. Con un cuchillo la apuñalaron 12 veces, siete en el cuello y cinco en el estómago. La dama se desangró sobre la cama.

Un grupo de delincuentes ingresó ayer, a las 4.00 de la mañana a la vivienda. No violentaron ventana ni las cerraduras de las puertas. Los oficiales presumen que usaron una llave maestra o alguien les facilitó una copia. La familia dormía. Ingresaron a sus habitaciones, los despertaron intempestivamente y los apuntaron con sus armas de fuego. A los padres de Olga los maniataron y los dejaron en su habitación, a ella la condujeron por toda la casa, debía entregarles los dólares, un arma de fuego y las llaves de la camioneta.

Los ladrones tenían muy claro lo que buscaban, lo que hace presumir que alguien cercano a la familia les dio detalle de sus posesiones, comentó un funcionario.

Los delincuentes apuntaron, amedrentaron y amenazaron a la familia con la peor de las muertes por dos horas. La abogada obedeció para evitar que le hicieran daño a sus padres y a sus dos hijas, una de dos y otra de cuatro años. Les entregó 300 dólares y casi 500 mil bolívares en efectivo, dos aires acondicionados, tomaron otros objetos de valor y los montaron en una camioneta Chevrolet, Grand Vitara, gris, placa AGH45B.

Mientras requisaban otros rincones de la quinta, la abogada regresó a la habitación con sus pequeñas. Antes de huir, los delincuentes le quitaron a la bebé de sus piernas y la sacaron a la fuerza y en una recámara contigua la asesinaron.

Los investigadores del cuerpo detectivesco manejan como principal móvil el robo, pero no descartan otras hipótesis. La furgoneta llegó para trasladar el cadáver a la morgue forense mientras los sabuesos inspeccionaban minuciosamente la escena del crimen.

Respuesta

Unos 20 funcionarios se abocaron a resolver el caso y atrapar a los sospechosos. Tras 11 horas de pesquisas, encontraron la guarida del primer sospechoso. Las patrullas abarrotaron la calle 43 del barrio Alfredo Sadel, parroquia Cecilio Acosta. Luis Alberto Rivero, apodado el “Lulu”, se negó a cooperar, se enfrentó a las comisiones y lo liquidaron.

Los policías no terminaron su labor al sur de Maracaibo. Las invesgaciones y los allanamientos continúan. Rastrean la camioneta de la familia y al resto de la banda. Hasta el cierre de esta edición los operativos se extendían a las barriadas más intrincadas de la capital zuliana.