Itatí, el pueblo donde todos son ciegos, sordos y mudos para no tener problemas

Itatí, el pueblo donde todos son ciegos, sordos y mudos para no tener problemas

Italí

 

“Esto no es Medellín”, se apura en aclarar un vecino de Itatí, Corrientes, el pueblo que busca recuperar la calma tras la detención del intendente, su vice y otra veintena de personas que integraban una poderosa organización dedicada al narcotráfico en gran escala. En uno de los comedores cercanos a la Basílica, advierten que para ellos los dorados y surubíes son parte del menú diario, más allá de que la banda haya usado a los emblemáticos peces de la zona para calificar la calidad de la marihuana que contrabandeaban desde Paraguay.

A una semana del megaoperativo que permitió desbaratar a esta banda dedicada a proveer de marihuana a por lo menos a siete provincias argentinas, el miedo sigue reinando entre los pobladores de Itatí. Son pocos los que salen a defender al detenido intendente Natividad “Roger” Terán y la mayoría opta por el silencio. “Acá si no querés tener problemas tenés que ser ciego, sordo y mudo”, lanza uno de los puesteros instalados a pocos metros de la imponente Basílica.

En Itatí el tiempo parece haberse detenido. Nadie sabe bien cuándo ni porqué, el pueblo que vive del turismo religioso dejó de crecer. “Acá no hay laburo”, se queja Juan, mientras apura los últimos bocados de la pequeña boga que pescó un rato antes y rápidamente convirtió en almuerzo con apenas un poco de sal y un limón. “El río te salva, nunca te deja con hambre”, explica, mientras una sonrisa -en realidad una mueca- se dibuja en su curtido rostro.

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