Juan Carlos Sosa Azpúrua: Venezuela, el país de los esclavos

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Viajamos el siglo XXI atrapados en una cápsula. Lo que experimentamos no tiene vínculo sano con un mundo moderno y sorprendente.

Con instituciones sociales sólidas, el ser humano progresa a estadios existenciales superiores. Se afecta lo más íntimo de su esencia, mutando rasgos mentales y espirituales hacia modelos novedosos, enfocados en preguntas y no en las respuestas. Stephen Hawking afirmó que el conocimiento logrado, en los millones de años de nuestro planeta, no supera el 1% de los misterios que se asoman. Para que el ejercicio imaginativo fluya, la fórmula necesita una constante: Libertad; esencia del Hombre, mecha del alma encendida.

Afuera hay personas descubriendo curas a los males “incurables”, diseñando viajes a Marte y ciudades verdes. Se elevan expectativas y la Tierra se baña en lagos de esperanza. Pero en Venezuela, hablar de esto es lucir extraterrestre, mínimo lunático.

¿Por qué son tan bajas nuestras expectativas?

Somos prisioneros en la máquina del tiempo. Quizás nos metimos en un agujero gusano y llegamos al mundo superado. El país se erige sobre mitos y leyendas. Nuestros pies caminan en la fantasía. No encaramos la realidad de lo que somos. Usamos un disfraz. Ocultamos el miedo, no deseamos confrontarlo. La Libertad es un trofeo del espíritu, el premio al esfuerzo y al valor. Al no confrontar nuestros temores, somos miedosos, incapaces de Libertad. Ser valiente no es fácil.

Conocerse es superar el autoengaño. Vernos a nosotros mismos con rigurosidad, siendo críticos honestos. Al responsabilizarnos de nosotros mismos, perdemos el ansia de escaparnos. No necesitamos a otro que nos regale seguridad y convalide nuestra vida, reafirmando lo que valemos. Madurez es no depender sino de sí mismo para confrontar los dilemas de la existencia.

La mitología griega simboliza el interior de los Hombres con monstruos. Solo enfrentándoles puede vencérseles. Esa lucha, la victoria, es Libertad. Nuestros dragones y culebras somos nosotros mismos. Esa incapacidad que tenemos de confrontar la oscuridad. El miedo a ser libres.

Lo que sufrimos en Venezuela es el fruto podrido del árbol despreciado. Personificamos la sociedad que no se tomó la molestia de pensarse en serio y asumir la vida con rigurosidad crítica, confrontando demonios internos.

Lo más significativo de estos tiempos recientes, es la connotada incapacidad de asumir las riendas de nuestras vidas. Buscamos afuera lo que está adentro. El caudillo es un mesías de almas perdidas. Ansían la salvación, porque están condenadas. Una sociedad persiguiendo salvadores está muerta, porque es esclava. Venezuela suelta el ancla en esa mar y nos ahogamos.

El miedo que no se confronta es cobardía. La valentía es ese temor derrotado. ¿A qué le tememos los venezolanos?

Una comunidad madura protege su Libertad y la defiende con la vida. Sin ella, nada vale la pena, todo es un cementerio. El “Poder” es un espejismo, fantasmas nacidos de las sombras del miedo. El niño grita: El emperador está desnudo. Lo hace, porque no teme. El resto prefiere verlo con traje, joyas y corona. Esta ilusión, facilita el escape. No cargar el peso que implica ser lo emperadores de nuestras vidas.

Este teatro. la trágica Venezuela, lo montamos nosotros. Cada quien en su esfera optó por ser esclavo. Por eso los dirigentes no ofrecen Libertad, pero sí aseguran perpetuar la esclavitud. Ser el nuevo caudillo, un gran salvador. Venezuela busca “el líder” porque vivimos de la magia. Mitos y leyendas de un alma cobarde, negada a crecer.

Estos años lamentables, son escuela. Se han impartido las lecciones de lo que somos, del por qué llegamos a esto. Pero aquí, los alumnos son flojos. Lanzan taquitos y hacen burlitas a sus compañeritos. Pocos estudian. Los estudiantes de nuestra tragedia quieren respuestas rápidas, en chuletas. Hacer las preguntas es demasiado esfuerzo.

El día que cada quien asuma su propio destino, sentirá Libertad. Y ese día, Venezuela dejará de ser esclava.
@jcsosazpurua