Juan Carlos Sosa Azpúra: El maratón

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ESTE ARTICULO está dedicado a los venezolanos que no se rinden, publico pensando en todos aquellos que a diario se levantan y asumen su vida como un reto.

El maratón significa mucho más de lo que aparenta. Es acerca de fortaleza física y psicológica, es sobre esfuerzo y disciplina y es sobre alcanzar metas personales.

Pero me gustaría hablar de lo que no pocas veces pasa desapercibido por aquellos que admiran a los maratonistas: el enorme bastión de seres humanos que animan y apoyan a los corredores durante la carrera.

Mientras se corre, se experimenta cada posible emoción y sensación: felicidad, satisfacción, desesperación, agonía, energía, falta de resistencia y, finalmente, grandeza.

Muchas veces la mente juega `juegos´ y, en ciertas ocasiones, los mismos ponen en riesgo las posibilidades de tener éxito en la carrera. Pero durante la larga e intensa trayectoria del maratón, el factor que más impresiona es la gente alrededor.

El tipo tatuado ofreciendo naranjas, la anciana gritando `tú si puedes´, los residentes del hospital de enfermos mentales con sus banderas y palabras de ánimo, las bandas tocando música maravillosa en los techos de las casas, el tercio con las puertas de su hogar abiertas para que descansen los corredores extenuados, los jóvenes aplaudiendo en apoyo, el flaquísimo chino con sus gloriosos chocolates en el kilómetro 33, las personas con todo tipo de discapacidades, alineadas con su sufrimiento en el hombrillo de la ruta, pasándola bien y sintiendo esperanza ante la presencia del espíritu humano en el proceso de alcanzar una meta, en muchos casos, una bien difícil.

Finalmente, los niños. Sus infantiles rostros tratando de hacer contacto visual (y físico) con los corredores. Están allí, de cada estrato étnico, social y racial, con sus historias y condiciones singulares. Llenos de admiración, el corredor es su héroe, su ejemplo. Los niños buscan las manos del maratonista como si este fuera una estrella de rock, una imagen del más allá. Al rozarlo, el corredor sabe que está dando origen a un posible maratonista, un futuro héroe.

La gente alrededor hace perfecta armonía con los corredores, un todo, un exclusivo todo, que recuerda la belleza de ser humano. Luchando para cumplir una meta personal, el maratonista está rodeado de gente que, con su presencia durante la carrera, ayuda a lograrla.

La meta del corredor en cierta forma es la meta de cabo uno de los que lo animan en el camino. Al final, cada meta es un sentimiento colectivo compartido por todos. Se siente un solo espíritu en el ambiente, y se siente bien.

Al cruzar la línea de llegada, el maratonista experimenta respeto por sí mismo, una sensación indescriptible, pero lo más relevante, siente que es parte de algo que le trasciende, parte de un mundo extraordinario integrado por una inmensa familia que mira adelante para ser mejor a diario.

El maratón es acerca de metas personales, pero su significado real va mucho más allá. Evidencia que todos estamos en el mismo bote, que independientemente de nuestras historias particulares, estamos juntos y dependemos unos de otros hasta en la más individual de las actividades.

El maratón es un recordatorio de lo que es posible y real.

Al final, cuando todas las piezas encajan, el maratón es sobre esperanza, pura y simplemente.

@jcsosazpurua

Nota del autor: Este artículo fue publicado originalmente en idioma inglés en el Boston Globe en 1995; y posteriormente, en el año 2005, en el diario El Universal.