Julio César Arreaza: Dignidad, verdad y justicia

 

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Un nacional de cualquier país debe aspirar a la verificación en la tierra que lo parió de tres presupuestos básicos: Dignidad, Justicia y Verdad.

Un político, entendiendo por tal, un apóstol entregado con alma y corazón al servicio de su patria, debe sentir un compromiso aún mayor de vida, con el cumplimiento de estos tres bienes públicos.

Todo ser humano tiene Dignidad, no podemos permitir como algo aceptable, aunque nos impacte, que algún compatriota coma de la basura.

La columna vertebral de una sociedad democrática que busca el bien común es la Justicia, dar a cada uno lo que le corresponde. Solidaridad con el que menos tiene.

La Verdad es fundamental como código societario para entendernos y nuclearnos como ciudadanos que integran una comunidad nacional y una aldea global. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente La verdad aunque nos duela siempre será nuestra mejor hermana y compañera.

Expuesta la teoría, bajémosla a la realidad, al piso que pisamos, porque si no se convierte en pura paja.

Nada mejor que alzar el ejemplo personal para mostrar coherencia entre lo que se piensa, dice y hace. Este servidor recibió una educación de hogar de primera, de papá y mamá. Como ejemplo de vida tuve a mi padre un funcionario público que terminó su carrera en la vicepresidencia de PDVSA, siendo ésta con orgullo nacional la segunda empresa del mundo. Como punto referencial de la acción política y social se espigó como ejemplo “de un hombre para los demás”, mi tío Alberto Ravell Cariño. Una buena formación religiosa tuvo efecto en mí, todavía no había sido echada la religión católica de las aulas. Cuando me tocó pasar por la sede del poder, Miraflores, durante 7 años, como Secretario del Consejo de Ministros, apliqué en mis actuaciones públicas la educación y principios recibidos, Y no me considero un astronauta, cumplí con mi deber. Tengo entonces autoridad para hablar del tema.

Apliquemos ahora estos tres simples, básicos y llenos de contenido principios al régimen que acabó con Venezuela.

El supremo y su heredero no se compadecen de la dignidad humana, por el saqueo del tesoro hoy muchos compatriotas escarban, para comer, en la basura. Abrazaron la mentira y la encarnaron en sus cuerpos y cabezas, como práctica política que causa estropicios, aún no calculados, en el alma nacional. Y como un bautizo con manguera la extendieron a lo largo y ancho de la república con sus tediosas y embusteras cadenas.

Yo exijo una prueba sencilla: que la claque gobernante que arruinó la Patria, justifique su forma de vida y las casas de lujo donde viven.

Ellos tuercen la verdad cuando afirman que respaldar la Carta Democrática es una traición a la patria; traición es no hacerlo. La maraca de crisis que padecemos tiene como salida la celebración de elecciones, traición es haber suprimido el derecho al voto, irrespetar la soberanía popular, eliminar la alternabilidad y prostituir la justicia.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!