Luis Barragán: El pan de la avenida Baralt (y una nota sísmica)

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Los hay equivalentes y peores en el resto del país, aunque la vitrina caraqueña los jerarquiza. Casos, como el que aún ocurre en la avenida Baralt, no pueden pasar por debajo de una mesa sobresaturada – real y artificialmente – de noticias.

La expropiación o quién sabe cuál asiento jurídico pueda tener la ocupación de una panadería, en este remolino gubernamental de abusos que nunca lo necesita, suscitó la protesta de los vecinos que la saben mejor en manos privadas que en las de los colectivos armados que, por cierto, pelean entre sí por el control y la realización de la mercadería – nunca ha dejado de ser eso, mercancía – alimentaria. Y éstos, intentando silenciarlos, amedrentándolos, destacan a sus figuras más temibles, tildados de “locos” al empistolarse en defensa de Maduro Moros o cualesquiera pretextos que confirman la patente de corso de la que literalmente disfrutan.

Parece innecesario que el vecindario explique y desarrolle su postura, invocando el principio del destino universal de los bienes, porque cala muy profundo el convencimiento de que la propiedad del Estado, por llamar de alguna manera la arbitraria confiscación de la panadería, empeora la situación que amargamente sufre. Valga acotar, esta semana, los muchachos de Vente Venezuela, además de declarar, nuevamente concurrieron a la sede de un tal superintendente socio-económico que acusó al partido de sabotear las colas del pan, dizque fruto de una conspiración: el mequetrefe en cuestión, presumimos que arbitrando un cupo para sí y los colectivos en pugna, en ese deplorable tráfico mercantil de la miseria, no ha respondido en torno a la economía del pan que ha magistralmente colapsado (fuere de trigo, maíz o yuca).

Quienes habitan la parte norte de la avenida Baralt, por muchas décadas, importando poco la cercanía a la sede del poder ejecutivo en el ámbito común de la inseguridad personal, exponen con claridad una convicción de la Venezuela post-rentista: el trabajo es la única palanca para acceder a una superior calidad de vida, generando prosperidad, subrayando que la propiedad privada apunta mejor al destino universal de los bienes que esa subasta permanente de lo poco que se tiene, en beneficio de los privilegiados del poder. Habitantes que, por casi dos décadas, sufren los desmanes del hampa común, al alimón con la violencia política aún en sus más distraídas vertientes.

Curiosamente, la recepción de las bolsas del CLAP ha sido difícil, porque los socialistas en boga aseguran que la avenida es cuna de una clase media alta, según el caprichoso criterio de sus sabios administradores. Indicio demasiado incierto que, sugerida la lucha de clases como motor de la historia, pero jamás asumida y explicada por los que propugnan un modelo que trituró y tritura todavía a la clase obrera, nos ha convertido en rehenes de los peores y más improvisados marxistas de la historia venezolana.

Acotemos, los CLAP de una ilegitimidad e ilicitud irrefutable, cuales comités de defensa de la revolución a la cubana que juegan con el estómago ajeno y, además, soportes de la sociedad de sapos o soplones a la que aspira el régimen, diplomándolos al perfeccionarse con sendos cursos, a la postre mejorando en las artes de la extorsión, ahora constituyen una marca del “modelo”. A la vez que Maduro Moros los exalta, obviando la radical inconstitucionalidad de su propia conformación, creyéndolos cotizados en la comunidad internacional como una ingeniosa solución que llegará formalmente a monopolizar hasta los medicamento, reconoce y pide a la ONU la ayuda humanitaria tan urgida por la población, pero negada por otros canales, recordando la célebre confiscación del acopio de medicinas y suplementos alimenticios de Caritas.

UNA NOTA SÍSMICA

En fecha 13/06/16, sugerimos la necesidad de celebrar una campaña ciudadana de prevención ante la posibilidad de padecer las consecuencias de uno o varios movimientos sísmicos (http://www.lapatilla.com/2016/06/13/luis-barragan-sismicidad/). Quizá una casualidad, el gobierno nacional la auspició y, en fecha 28/06/16, fijamos postura al respecto (https://www.lapatilla.com/2016/06/28/diputado-barragan-la-mania-protagonica-de-maduro-se-impone-ante-las-emergencias-que-el-ha-creado/), evaluando inmediatamente, dos días después, la fracasada iniciativa (http://www.lapatilla.com/2016/06/30/diputado-barragan-maduro-debe-motivar-suficientemente-la-promocion-de-los-mas-altos-grados-militares/).

Recientemente, el Centro al Servicio de la Acción Popular (Cesap), llama la atención respecto a la importancia de celebrar tales jornadas (http://redsoc.org.ve/author/cesap). No somos “pájaros de mal agüero, pero lo peor que nos puede ocurrir es que nos sorprendan aquellos eventos naturales para los cuales no estamos elementalmente preparados.

Próximos a conmemorar el medio siglo del último terremoto acaecido en Caracas, mal podemos soslayar las precauciones a tomar frente a la eventualidad de un acontecimiento semejante, e – incluso – la rápida revisión de la prensa de entonces, revela la existencia de reportajes que advertían la precariedad de las edificaciones urbanas. Reportajes como el de Mariahé Pabón, con fotografías de Villa, alertaron sobre el agrietamiento y destrucción de casas en urbanizaciones como El Paraíso y Prados del Este (El Nacional, Caracas, 23/04/1967), consabida la preocupación por los inmuebles ubicados en los sectores populares, aunque el desplome más evidente fue el de las edificaciones más costosas, en Los Palos Grandes y en la Caraballeda del otrora Departamento Vargas.

@LuisBarraganJ