Maduro Juega a la guerra, por Gustavo Azócar

thumbnailgustavoazocarNicolás Maduro y Vladimir Padrino López siguen jugando a la guerra con la hermana república de Colombia. No les ha bastado con cerrar la frontera entre las dos naciones desde hace más de un año (desde el 19 de agosto de 2015). Tampoco les ha sido suficiente con entregar grandes porciones del territorio venezolano (Apure, Cojedes, Guárico y Amazonas) a la guerrilla de las FARC. Desde hace un buen tiempo llevan a cabo un plan de provocaciones hacia las Fuerzas Militares colombianas con el firme propósito de generar un incidente bélico entre ambos países.

Lo ocurrido el pasado martes 21 de marzo, en la zona conocida como vereda Los Pájaros, en Arauquita (Arauca), sector Las Bocas de Jujú, es el peor incidente que se ha presentado entre los dos países desde la incursión de la Corbeta Caldas en aguas del Lago de Maracaibo, el 9 de agosto de 1987.

Periodistas de la hermana república de Colombia, contaron que el martes 21 de marzo, un grupo de 60 militares venezolanos, cruzó las aguas del río Arauca y se internó dentro de la finca del ciudadano colombiano Edgardo Camacho. Los efectivos militares venezolanos arrasaron con un sembradío de 300 matas de plátano, limpiaron todo el terreno,  levantaron toldos y tiendas de campaña, colgaron hamacas y construyeron todo un campamento de paso. Acto seguido izaron la bandera de Venezuela.

La prestigiosa revista Semana, de Colombia, informó que “los militares venezolanos, encabezados por el coronel Franklin Varela, le contestaron (a los dueños de la finca de plátanos) que ese era territorio de su país y que no se irían de ahí”. Voceros de la FANB consultados por este cronista, confirmaron que el líder de la denominada “invasión a Colombia” es el coronel Franklin José Varela Rangel, titular de la cédula de identidad No. 11.469.820, familiar de la actual Ministra de Asuntos Penitenciarios de Venezuela, María Iris Varela Rangel. El coronel Varela es lo que se conoce como un “militar revolucionario, socialista y chavista” hasta los tuétanos.

No es la primera vez que se produce una incursión de militares de Venezuela en territorio de Colombia. Desde que la denominada “revolución bolivariana” llegó al poder, se han presentado decenas de incidentes menores en los que soldados venezolanos han ingresado a territorio del vecino país. El gobierno colombiano ha denunciado al menos en tres ocasiones el ingreso de aviones y helicópteros venezolanos al espacio aéreo de Colombia. Hace poco más de una semana, 2 efectivos del SEBIN fueron detenidos en suelo colombiano y deportados inmediatamente a Venezuela.

Pero nunca antes se había presentado una situación tan delicada como la ocurrida el martes pasado en Arauca. En Colombia, el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos estaba claro que las tropas venezolanas estaban violando la soberanía de su país. Si Santos hubiese actuado de manera impulsiva (al estilo de Hugo Chávez cuando ordenó movilizar 10 batallones militares a la frontera) la confrontación entre las fuerzas militares de los dos países habría sido inevitable.

Santos, que sabe muy bien que su país está siendo objeto de un “Plan de Provocaciones” orquestado por el gobierno de Nicolás Maduro, prefirió actuar con cautela. Una de las primeras medidas adoptadas por el gobierno colombiano fue enviar a la zona del conflicto a dos de los grandes expertos que tiene Colombia en materia de límites: el jefe de Soberanía de la Cancillería, Ricardo Montenegro, y el contraalmirante John Carlos Flórez de la Armada. La afirmación de Montenegro pocas horas después de haber llegado al lugar fue tajante: “No hay ninguna duda. Es territorio colombiano”.

Las Fuerzas Militares Colombianas también se movieron: 400 soldados adscritos a la Brigada 18 se movilizaron hacia la región del Arauca. Aviones de combate hicieron sobrevuelos. Unidades tácticas de inteligencia y contra inteligencia se dispersaron por toda la zona. Habría bastado sólo un error de cualquiera de los militares de ambos países para que en pocas horas hubiese comenzado la guerra. Una guerra que Maduro y Padrino López parecen estar buscando desde hace mucho tiempo para tratar de distraer la atención de los venezolanos sobre los graves problemas que nos afectan y contrarrestar la enorme presión que actualmente existe sobre el gobierno madurista por parte de la OEA y la comunidad internacional para que se hagan elecciones libres y transparentes en el país antes que culmine el año 2017.

En Colombia no hay ninguna duda de que se trata de una vulgar provocación.Semana dijo que  “el gobierno colombiano cree que Venezuela buscaba un pretexto para generar una crisis entre los dos países y así levantar una cortina de humo sobre la crisis política que atraviesa su país, y de paso decretar un estado de excepción o emergencia”.

En Venezuela también estamos claros de que se trató de una “provocación” fríamente calculada y diseñada en el Ministerio de la Defensa y la Sala Situacional de Miraflores. No es casual que Padrino López haya declarado pocas horas más tarde que “los soldados estaban en territorio venezolano”. Lo que Padrino no ha explicado —porque no tiene cómo hacerlo— es la razón por la cual sacó a los 60 soldados del sector Bocas de Jujú si estaba tan seguro de que esa zona le pertenece a Venezuela. ¿Cómo sacas a tus soldados de un territorio que es tuyo? Si los sacaste de allí es porque admites que el terreno no era venezolano, sino colombiano.

La jugada de Maduro y Padrino López salió mal. El gobierno quedó una vez más al descubierto. La estrategia fue tan mala, que no solamente quedaron como unos provocadores e irresponsables puertas afuera, sino también puertas adentro. “Hay cierta molestia del lado venezolano porque el gobierno ni siquiera haya esperado para determinar conjuntamente dónde está la frontera, sino que prácticamente Santos mandó a sacar a los militares y Maduro obedeció”, dice Philip Gunson, analista sénior del International Crisis Group para el área andina. “Esto es una humillación para Venezuela”.

Maduro tiene varios años deshojando la margarita frente a Colombia. El ex chofer del Metro de Caracas siempre ha querido utilizar las profundas diferencias que la revolución bolivariana tiene con el gobierno colombiano —más que todo en lo político y económico antes que en lo ideológico— para provocar un conflicto de grandes proporciones que le permita reunificar a la Fuerza Armada, cohesionar a las fuerzas políticas revolucionarias que apoyaron a Hugo Chávez —y que hoy día no lo apoyan a él— para tratar de inyectarle oxigeno a su maltrecho gobierno que tiene uno de los niveles de desaprobación más altos de América Latina.

Maduro se ha peleado con todos sus vecinos. Peleó con Colombia. Peleó con Guyana. Y desde hace tiempo también se ha peleado con el gobierno de Michel Temer en Brasil. El inquilino de Miraflores sabe que nada puede hacer, militarmente hablando, con Brasil. Los intentos de un conflicto con Guyana han sido aplacados por el dictador Raúl Castro, defensor a ultranza de la administración de David Granger. La única opción que le queda para armar un escenario bélico que lo saque del aprieto político en el que se encuentra metido y que opaque por un tiempo la grave crisis política, económica y humanitaria que afecta al país, es una guerra con Colombia.

En el seno de la cúpula chavista que dirige la FANB se tiene a Colombia como el enemigo. Hay toda una teoría desarrollada por expertos militares revolucionarios y socialistas con relación a la supuesta invasión de Venezuela por parte de Estados Unidos, la cual parte del principio de que las tropas americanas utilizaran el territorio colombiano para atacar Venezuela. La instalación de bases militares de EEUU en Colombia, y la adhesión de Juan Manuel Santos a las políticas de la OTAN, han servido para alimentar en la mente de los militares revolucionarios y socialistas la teoría de que “en Colombia no se puede confiar”.

Es por esa razón que el reciente incidente en Arauca no puede ni debe pasar desapercibido. La revista Semana dijo que “para muchos observadores no deja de ser preocupante que una tropa pequeña, que está patrullando un río, de repente ice la bandera de su país en un campamento de paso (…) hay dos hipótesis: la de los militares venezolanos de volver sobre el tema de los límites, y la del gobierno de Caracas de encontrar algún pretexto para cambiar la ecuación política frente a la crisis doméstica, donde ha perdido espacios tan importantes como la mayoría en la Asamblea Nacional, o en el terreno internacional, donde está a punto de salir del club de las democracias por cuenta de sus eventuales incumplimientos a los principios de la OEA”.

Basta con recordar que el cierre de los puentes internacionales fue ordenado por Nicolás Maduro luego de un oscuro incidente en el que resultaron heridos tres soldados venezolanos que fueron atacados por desconocidos en San Antonio del Táchira. Nunca se pudo precisar con exactitud quiénes fueron los atacantes. El incidente fue demasiado confuso, sobre todo en una zona donde prevalece el contrabando de gasolina, productos de todo tipo y hasta el tráfico de drogas. A eso hay que agregar la misteriosa desaparición de un helicóptero de la FANB en el estado Amazonas, fronterizo con Colombia, desde hace casi 3 meses. Hay voceros de lado y lado de la frontera que aseguran que la aeronave está en manos de las FARC. Todavía no se sabe con exactitud cuál era la misión de los tripulantes de ese helicóptero en un estado tan desolado y abandonado como Amazonas, donde las funciones de gobierno lo ejerce la guerrilla.

Semana dijo que el incidente de Arauca se produce en momentos en el cual existe un“deterioro tan dramático de la situación política, económica y social de Venezuela, (que) cualquier incidente de soberanía con Colombia, que encienda la llama nacionalista allá, ofrece al gobierno de Caracas una oportunidad para cohesionar un país fragmentado que se está desmoronando. Dadas las diferencias históricas sobre el tema limítrofe, cualquier incidente o escaramuza puede ser un fósforo al aire en un ambiente cargado que podría llegar a ser explosivo”.

No hay dudas: Maduro anda buscando una guerra. Dios quiera y el gobierno de Colombia no caiga en las provocaciones que seguirán apareciendo todos los días, para que no le entregue a Nicolás en bandeja de plata la excusa que necesita desesperadamente para meternos en una Guerra como la de Las Malvinas.

 

27 de marzo de 2017

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