Noel Álvarez: Dictadura en democracia

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Los dictadores existen desde que los humanos decidieron organizarse en grupos sociales. Son aquellos que a través de la fuerza se ponen por encima de cualquier escala jerárquica y crean a su alrededor un aura de absolutismo y completo dominio. Siempre imponen sus ideas a los dominados y eliminan cualquier disidencia con el régimen impuesto. En su ignorancia de los principios políticos recurren a la astucia y a la hipocresía para someter al pueblo con dadivas y prebendas. Los afectos a la tiranía toman resoluciones absurdas que conducen a la anarquía y esta termina debilitando el poder. Un pueblo puesto en manos de un advenedizo que no respeta las contiendas electorales, se atomiza por las discordias de los opositores que exacerban su sed de poder.

Los aspirantes a dictadores algunas veces revelan sus intenciones mediante su ferviente deseo de eliminar opositores.  Con ellos la palabra libertad no existe y puede ser protegida solamente si a la gente opositora le importa lo suficiente como para luchar por ella. Quienes han vivido  en dictaduras sostienen que es necesario  “luchar sin creer en dirigentes que manejan la oposición a su conveniencia económica”.  En algunas dictaduras latinoamericanas, quienes han detentado el poder, lo han hecho con el apoyo de muchos “antagonistas políticos”.

 

Aunque algunos dictadores han detentado el título de Presidente, con el propósito de aparentar una legitimidad que no poseen, han gobernado con poderes extraordinarios, o de facto, degenerando con facilidad en regímenes despóticos, tiránicos y a menudo violentos. Usualmente demandan poder ilimitado para lidiar con una emergencia nacional o para restaurar el orden. Raras veces abandonan el poder que han adquirido por la vía democrática y  niegan toda posibilidad de abrir procesos electorales alegando razones de seguridad de Estado.

Cualquier dictadura de tipo fascista impone unas ideas al pueblo y lo subyuga bajo el poder del terror y la represalia policial o militar. Estas han surgido en pueblos prósperos, educados y sofisticados que parecían estar lejos de llegar a una tiranía y que acogieron a dirigentes lunáticos porque las políticas de gobiernos anteriores devinieron en crisis económicas, políticas y sociales que fueron el caldo de cultivo para los tiranos.

La oposición debe ser un componente básico del funcionamiento de las democracias pluralistas porque su existencia representa la cristalización de la diversidad social y desemboca en regímenes bipartidistas o multipartidistas.  También mantiene una relación directa con la democracia porque no busca la eliminación del adversario, sino la solución de los conflictos, esto se logra mediante la identificación de intereses comunes y privilegiando el mecanismo del diálogo por encima del de la confrontación.

 

*Coordinador Nacional de IPP-Gente

@alvareznv