Maduro ante el juicio de América, por @MichVielleville

Maduro ante el juicio de América, por @MichVielleville

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“No fue la guerra que iniciaron ni la plaga que crearon. Fue el juicio. Nadie escapa del pasado. Nadie escapa del juicio.” Roger Allam

Los distintos Estados de nuestra América disponen de instituciones supranacionales encargados de velar para que los sistemas políticos se comprometan a cumplir con principios universales, consagrados en los distintos ordenamientos jurídicos nacionales para asegurar el desarrollo del modelo democrático. De este modo, cuando los mecanismos institucionales de los distintos gobiernos de la región, diseñados originalmente para canalizar conflictos se agotan, o son bloqueados por los intereses del poder, se puede acudir a estas instancias superiores, las cuales pudieran contribuir a restablecer el carácter democrático de los Estados, a fin de poder resguardar el bienestar de sus pueblos y la estabilidad política, en general.

En el caso de nuestro continente, la Organización de Estados Americanos (OEA) es una de estas instituciones encargadas de velar por la seguridad de la democracia regional. Y la misma cuenta con mecanismos efectivos para brindar protección cuando su desarrollo y la materialización de sus principios se encuentran en riesgo.

Para nadie es un secreto que Venezuela y su inestabilidad está en estos momentos a la vista de todos. La terrible crisis humanitaria, el caos económico, la escasez, el hambre, la miseria, y el carácter despótico de sus gobernantes, en su actitud por obstaculizar a como dé lugar toda posibilidad de realizar cualquier elección para mudar esta realidad; todo ello ha desembocado en una crisis sin precedentes, que no sólo ha tenido sus repercusiones a nivel nacional, sino también en la arena internacional. Una situación que está demandando el apoyo y la solidaridad de los pueblos de América, como último recurso para poder transformar este sobrio panorama.

En su revelador informe, presentado el 14 de marzo, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, consideró necesario suspender de la organización al gobierno de Venezuela como miembro pleno de la institución, porque –desde el punto de vista de los principios consagrados en la organización- se extravió por completo del camino democrático y tiene sumergida a su población en la más agobiante crisis. El deterioro institucional, la descomposición social que se refleja en la violencia, la muerte por falta de medicamentos y escasez de alimentos, el comportamiento autocrático de la clase política gobernante, no han dejado otra alternativa y han hecho necesario tomar acciones internacionales, que puedan presionar y encauzar al país a su estabilidad democrática.

Cuando existe una ruptura del orden democrático, los Estados miembros de la organización, o bien su secretario general, tienen el compromiso democrático de estudiar el fenómeno y emprender las acciones necesarias que permitan recuperar el equilibrio del sistema político. La Carta Democrática Interamericana se convierte, entonces, en un instrumento que se aplica cuando hubiere una ruptura del orden constitucional, y puede decidir la suspensión del derecho a participación del Estado en la organización.

Entre sus mecanismos de actuación en ningún momento se contempla la intervención extrajera, pues, de ser así, la organización estaría yendo contra los ideales fundamentales que pregona. Los principios de respeto a la soberanía e independencia de los Estados miembros, y la no intervención, forman parte de los fundamentos sobre los cuales descansa. Pero el Gobierno de Nicolás Maduro ha utilizado este tema como pretexto para fustigar a todo aquel que apoye la aplicación de la Carta, como una demostración de traición a la patria; cuando sabe que la medida es consecuencia de su comportamiento antidemocrático, su desprestigio internacional y de su falta de voluntad política para admitir su responsabilidad política, por la crisis en el país –la peor su historia.

Con la medida no sólo se prevé una contundente limitación en la capacidad de acción del gobierno, sino también un posible cerco por parte de la comunidad internacional. Así, mientras que para Nicolás Maduro el instrumento es símbolo de terror: pues sabe que se encontrará aislado, y su administración deberá llevar el peso de la derrota ante el cuestionamiento internacional. Para los sectores democráticos del país representará un avance para la materialización de los objetivos fundamentales de nuestra lucha política, que forzará al gobierno a convocar elecciones, para poder restablecer el orden constitucional y facilitar la construcción de una nueva Venezuela.

Hoy es la voz de América toda la que se alza en respaldo del pueblo venezolano. Por el momento podrán dar largas al calendario electoral, y manipular las reglas del juego a su conveniencia. Podrán utilizar la fuerza armada o los demás poderes como brazos institucionales para concretar sus más oscuros planes. Incluso, podrán censurar a la prensa nacional e internacional para intentar ocultar el desastre en el cual vivimos, provocado por sus errores. Pero no tendrán la fuerza suficiente, ni existirá maniobra alguna que pueda contener la voluntad política de los pueblos del continente. En definitiva, Maduro no podrá escapar al juicio internacional: al juicio de los pueblos de nuestra América.

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