Víctor Jiménez Ures: La lucha no violenta es la única salida

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¡La calle volvió a despertar! Tenemos una oportunidad histórica que el mismo gobierno, en su megalómana sed de poder, nos regaló sin apenas darse cuenta. Esta vez fue Nicolás Maduro quien cometió el error estratégico, y la pelota está del lado de la gente, aprovechemos pues, y salgamos a luchar por nuestra libertad. Es importante destacar que no deben motivarnos las ganas de ver a López, Capriles o Allup llegando a la presidencia, ni algún interés partidista, sea Naranja, Amarillo, Blanco, Verde o Azul. Lo que debe movernos realmente es el mero instinto de auto-preservación, en tanto salta a la lógica, y al Derecho Natural, que ningún pueblo puede apoyar a los gobernantes que intencionadamente le arrastran a su desaparición física y espiritual, reduciéndole a su mínima expresión, en los niveles más bajos de la condición humana.

¿PODRÍAMOS SOLUCIONAR EL ASUNTO A TRAVÉS DE LA VIOLENCIA? A muchos les gusta esta idea, sin embargo, quieren que sean “otros” los salgan a la calle a matarse, mientras ellos van a esconderse y a seguir las noticias a través de las redes sociales… ¿Nos hemos detenido a pensar cuántas vidas costaría una solución violenta, estamos dispuestos a que sea la nuestra una de esas vidas perdidas? Supongamos que la mayoría estuviésemos armados y pudiesemos enfrentarnos en igualdad de condiciones al Ejército, la ruina de nuestro país sería absoluta, basta ver el reciente caso de Siria. Sin embargo, seamos realistas, nuestros manifestantes solo tienen banderas y pitos, por lo cual, la violencia es una OPCIÓN DESCARTADA.

¿Y SI PEDIMOS AYUDA A GOBIERNOS EXTRANJEROS? Salvo por el caso de la activación de mecanismos internacionales para la preservación de la democracia regional, la ayuda de países extranjeros actuando de manera individual es moral y estratégicamente desaconsejable. Las causas van desde la romántica “planta insolente del extranjero” profanando el sagrado suelo patrio, hasta el mero pragmatismo político: es decir, nadie ayuda de gratis. ¿Qué esperaría ese país en retribución por sacar a Maduro? ¿Quién nos garantiza que sus tropas se irán una vez concretada la invasión? Ejemplos de ejércitos “libertadores” hubo muchos en el siglo XX, y ninguno estuvo exento de traumas y dolor para la población civil. Nadie que pretenda ver a su país invadido por un ejército extranjero merece ser tomado en cuenta para gobernar. Ésta definitivamente debe ser una OPCIÓN DESCARTADA.

¿NEGOCIANDO? No puede hablarse negociación cuando los Derechos Fundamentales de la ciudadanía están en juego y han sido trasgredidos reiteradamente, además, dicho sea de paso, las dictaduras no cumplen sus promesas; y eso ya lo demostró Nicolás Maduro en reiteradas oportunidades, así que, definitivamente por acá no es la cosa. OPCIÓN DESCARTADA.

Se habla de lucha pero ¿Cómo luchar si estamos desarmados? La respuesta está en la denominada “LUCHA NO VIOLENTA”, llamada así porque eleva la confrontación al plano estratégico, convirtiéndola en un choque de intelectualidades (donde somos más fuertes) en detrimento de los enfrentamientos físicos (en que somos débiles). Con esta técnica arrastraremos al régimen opresor a un terreno en que nosotros tenemos ventaja y podemos dejar al descubierto su vocación anti-democrática ante el mundo, al tiempo que aumentamos los costos morales de la represión.

Es una técnica EFECTIVA para resolver conflictos sin uso de la violencia, que incluye entre sus métodos la protesta simbólica, la desobediencia civil, la no-cooperación económica o política y la insistencia en la verdad. A través de la Lucha No Violenta la gente es capaz de decidir su destino como nación, dejando de lado los caudillismos mesiánicos que tanto mal nos han hecho como sociedad. Querer es poder, si nos organizamos, seremos más fuertes. Se trata de una carrera de resistencia, y quien tenga más aguante psicológico, será quien finalmente se haga con la victoria.

El objetivo de la Lucha No Violenta no estriba en apelar a la conciencia del dictador, sino en elevar el costo moral de la represión, y en socavar las lealtades de los pilares sobre los que se asienta el poder de la dictadura. En este caso, encontramos que el poder de Nicolás Maduro se asienta sobre los cuerpos de seguridad, el poder Moral, Electoral y Judicial. Notemos que ya el Poder Moral se está resquebrajando, las declaraciones de la Fiscal General así lo confirman, y la idea es que las lealtades de todos los poderes públicos se tambaleen, al fin y al cabo ¿Quién quiere ser cómplice de una dictadura que está por caer? A estas alturas, y sin ser videntes, todos tenemos la mente puesta en la Venezuela Post Maduro.

Es un error pretender enfrentar a los cuerpos uniformados, recordemos que ellos son tan venezolanos como nosotros, y que también están padeciendo la crisis que sufrimos todos por igual. En efecto, cada vez que pateamos un escudo o golpeamos a un efectivo policial o militar, apuntalamos a Nicolás Maduro en el poder. Ciertamente, si bien es cierto que en su fuero interno muchos efectivos militares o policiales podrían estar cuestionando su lealtad al régimen, no menos cierto resulta el hecho de que, al ser golpeados, ofendidos o vejados por la población civil, les dejamos sin salida, y por descarte, les obligamos a permanecer fieles a la dictadura… al fin y al cabo ¿Por qué habrían de arriesgar su trabajo o sus vidas por una turba que quiere lincharlos? Los procesos psicológicos del ser humano son complejos.

¿Qué hacer con los colectivos? Sin dudas no hay una sola respuesta, sin embargo, cabe preguntarse ¿Qué pasaría si los cuerpos policiales y militares, finalmente decidiesen defender al pueblo?