Historia comparativa, un solo destino, por @ArmandoMartini

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Entre los recuerdos que perdurarán de Chávez, además de la revolución, sumisión a los Castro y dejarnos a Maduro, estará que sacó a la violencia del olvido y le dio el tercer gran capítulo en la Historia Sangrienta de Venezuela, después de José Tomás Boves y sus llaneros, Ezequiel Zamora y sus mulatos. Tema para sociólogos, cómo la exaltación y ejecución de la violencia parece que siempre termina teniendo sus raíces en los Llanos; habrá que releer al extraordinario Rómulo Gallegos. Los chácharos del Benemérito eran otra cosa con algunas características que asemejan a carceleros revolucionarios de hoy, violencia concentrada.

Lanceros crueles de Boves fueron heredados por José Antonio Páez, que transformó en patriotas.  Mestizos de Zamora fueron absorbidos por la guerra y la paz politizada que ellos mismos generaron; los de Chávez se regaron por las ciudades, armados hasta los dientes, jinetes en motos, caballos de hierro como les gusta llamarlos, siempre acompañados por un segundo listo para atacar.

Siempre prestos y dispuestos para actuar, boyscouts de la bestialidad y crueldad, con jefes ejecutores de lo que llaman “legado de Chávez” que están nerviosos, no son ciegos ni pendejos, perciben que cada día les temen y obedecen menos, circunstancia que obliga a competir entre sí para ver quién profiere la amenaza más feroz.

Uno ofrece sangre en las calles y califica la protesta nacional de “peo” -curiosa oratoria de quien ha sido docente de profesión y Ministro de Educación. Otro, amenaza con usar un fusil de asalto ruso para defender su plaza -imprudente comentario de quien fue policía profesional y coordina uno de los planes de paz y justicia social. A tal punto enarbolan violencia y fanatismo rabioso, que hacen ver al jefe del PSUV, defensor acérrimo y albacea del comandante eterno, -no necesariamente en el corazón chavista- semanalmente empeñado en parecer astuto y peligroso en Venezolana de Televisión, como un camarada con sentido del humor, simpático y hasta bonachón.

El problema de las nuevas pandillas zamorabovianas es que sus líderes no son exitosos en pensar, crear y resolver, sino en empeorarlo todo, organizadores de circos con enanos que crecen y que, en vez de conocer y aplicar estrategias políticas inteligentes, copian los peores y más cruentos errores de la historia. Cuando arbitrarios y dictadores acumulan poder, comienzan a equivocarse.

Lulius Caesar, político, general triunfador y notable autor de prosa latina, puso al imperio romano en un puño hasta que le advirtieron que no acudiese al Foro Romano. No obstante, embriagado de poder, desatendió y despreció advertencias, llegó a la Audiencia y fue asesinado a puñaladas por varios de sus hombres de más confianza. ¡Las masas aprenden, los sobrados y prepotentes nunca!

Napoleone di Buonaparte afrancesó su nombre a Napoleón Bonaparte, ganó batallas, se adueñó de Francia y tras vencer a Europa creyó que haría lo mismo con Rusia, pero fue abatido, no por otros ejércitos, sino por el gélido invierno para el cual nunca se preparó, no creyó que lo alcanzaría. Se sentía invencible, poderoso, murió abandonado y amargado en una isla diminuta, en lo más lejano del Atlántico.

Adolf Hitler, austríaco de Braunau am Inn se auto-constituyó alemán, pintor mediocre, soldado, regresó a su patria sustituta para terminar elevado al poder y autor de la más atroz, sanguinaria, cruel, torturadora y asesina represión racial de la Segunda Guerra Mundial que él mismo impulsó. Un mandato que el Mariscal Friedrich Paulus solicito una y otra vez, pudo haber salvado a miles de alemanes que terminaron sucumbiendo en Leningrado –hoy, San Petersburgo-, y otros miles fueron muriendo olvidados en las estepas rusas. Con otra orden, la defensa germana pudo haberse fortalecido concentrada en su territorio y cambiado en algo el curso de la anunciada derrota final. Pero enceguecido, asfixiado, enloquecido en su soberbia demente, miles de adolescentes y ancianos fueron aplastados por la vengativa maquinaria militar rusa y el Führer terminó en las profundidades de un bunker en Berlín, fracasado y odiado por todos, pegándose un tiro.

Ninguno de nuestros tiranos tropicales cívicos militares llenará capítulos de la historia como los pocos ejemplos mencionados, pero si, sumergidos en la codicia y ceguera embrutecedora de un poder que ven diluirse entre las manos, malinterpretan la realidad con temor e ignorancia traicionando a su patria a la cual siguen hundiendo en la miseria, violencia descarnada y deliberada, sólo lograrán enterrarse en una Venezuela por cárcel, o dedicar la vida a saltar de país en país huyendo de la justicia que se ha internacionalizado y finalmente, como ratas, caerán en las trampas de sus seguidores.

Un peo con Kalashnikov es siempre una bomba con la mecha encendida que termina reventando en la cara de sus fusileros. La sala del mundo tiene cada día más espectadores que se sientan a observar la explosión. Saben que va a pasar y, por si acaso, tienen sus mandos a distancia, no se sabe cuánto tarda y si es demasiado.

Mientras más esperen y arrugas corran los fracasados gobernantes, más tormentoso se les hace el mundo alrededor. Las masas pueden ser torpes en su vastedad, pero aprenden. Son variedades mentales unidas en una única obsesión y el conocido vivir o morir se les funde en una mirada que sólo ve un túnel con atractiva luz al final. Hacia ella avanzan haciendo retroceder gases, escudos, armaduras y blindados que los ciudadanos van experimentando y aprendiendo a respirar, golpear, romper y estropear.

Mientras la multitud se instruye, asimila y avanza, los Casca, Tulio Cimber, Marco Junio Bruto y sus réplicas tropicales cercanas a Nicolás Maduro, sus peos y AK-47, disidentes se preparan para dejarlo solo -lo intuye, lo ha denunciado públicamente- y tratan de salvarse, mientras el Presidente y serviles gastan su tiempo insultando al Secretario General de la OEA y mandatarios vecinos. Entre tanto, castristas sinvergüenzas sobrevivientes e inmunes a plagas y alimañas, confinados en su isla van construyendo futuro, organizando su reingreso a las amistades del norte de América, la conservadora y laboriosa comerciante Europa. ¡Los autócratas siempre esperan el último minuto!

Terquedad, sordera, arrogancia, prepotencia, soberbia y altanería son malas consejeras, las más encandilantes, enceguecedoras e inútiles. Laxantes de la corrupción que todo lo muelen en espera de la mano que baje la palanca de la poceta de la historia.

@ArmandoMartini