Pedro Castro Guillén: La calle exige una salida

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El régimen venezolano del socialismo en el siglo xxi encabezado por Nicolás Maduro, es hoy ya oficialmente una dictadura pura y dura, se acabaron los matices, y a esto ha contribuido la brutal represión que se desata en las calles contra las manifestaciones pacíficas de la ciudadanía que exige el restablecimiento de la Constitución que fue derogada por el tsj, quien pretende subrogarse funciones legislativas para favorecer los mandatos del ejecutivo.

La lucha en las calles es por lograr una salida electoral, la liberación de los presos políticos, el restablecimiento de la prerrogativas constitucionales de la Asamblea nacional y la apertura de un canal humanitario para alimentos y medicinas que permita aliviar la terrible situación de hambre y salud de los venezolanos. Ahora bien esta agenda es de complicada negociación con el régimen porque todas ellas en conjunto o por separado implicarían el fin del castro-chavismo-madurismo.

La solicitud de un esquema electoral para las elecciones de plazo vencido como son las de Gobernadores y las que corresponden de Alcaldes, significarían una derrota descomunal del oficialismo sin atenuantes porque perdería espacios en términos absolutos y relativos de grandes dimensiones, que obligaría a dar inicio al desmontaje del socialismo en el siglo xxi. Esta derrota asegurada es lo que impide que la banda de los siete pueda negociar. Iguales consecuencias tendría para ellos el que la Asamblea Nacional ejerza plenos poderes, o que queden en libertad los dirigentes de la oposición que permanecen en las ergástulas de los organismos de seguridad. Abrir un canal humanitario revela la gigantesca mentira sobre los logros del socialismo bolivariano. Están tan acorralados por las denuncias internacionales en su contra que se quedaron sin opciones.

¿Qué podemos esperar del comportamiento de la banda de los siete frente a la grave crisis nacional que implica la actual situación? ¿Negociarán? Si la lucha en la calle se mantiene firme en los términos que hasta ahora la ha llevado la oposición, donde la violencia la genera el chavismo, y la solicitud es el rescate de la Constitución a través de la exigencia de los cuatro puntos antes señalados el oficialismo tendrá que ceder o arriesgarse a una implosión definitiva del régimen. Al Castro-chavismo-madurismo si no negocia sólo le queda el aplastamiento sangriento de la actual fuerza democrática en la calle para la cual necesita el apoyo sin fisuras de la FF.AA.BB, porque se necesitará de ella para consumar tal crimen. Esta opción no será permitida por el sistema Interamericano quien trabaja a marchas forzadas bajo la dirección del Secretario Almagro para evitar un crimen de esta naturaleza que significaría el regreso de América Latina a lo más oscuro y temido como son las dictaduras militares.

No cabe duda de que el cuadro es tremendamente complejo, pero el chavismo está en una situación muy menguada: sólo puede exhibir marchas a su favor de empleados públicos obligados y de una muy disminuida clientela política; no tiene la unanimidad de las FF.AA., una fuerte división interna que cada vez se hace más visible como se puede ver con la disidencia más reciente la de la Fiscal General que se suma a las múltiples desgajamientos del chavismo; sus apoyos en la región son también muy escasos en proporción a la disminución de la petrochequera. Pero lo más grave para el chavismo es el propio cuadro interno, un país sin comida, sin medicinas, con las arcas exangües y sin ninguna posibilidad de crédito internacional. Y sin el control de la AN no pueden realizar la venta del país como era su intención con las famosas sentencias con que perpetraron el Golpe de Estado. Este mapa situacional hace que al castro-chavismo-madurismo le sea muy difícil superar esta situación –sólo si la oposición deja la presión de calle-. La Unidad de las fuerzas democráticas: los ciudadanos y los partidos, tienen la fuerza social, política, jurídica, ética, moral  e internacional para dar de baja a este régimen ominoso y cruel que nos ha hundido en una barbarie inaceptable de proporciones inimaginables. La salida es un acuerdo negociado y supervisado por la O.E.A. De nosotros, de nuestra lucha depende nuestro futuro, la posibilidad de vivir en democracia.

Pedro Vicente Castro Guillen         @pedrovcastrog