Víctor Jiménez Ures: Nos enfrentamos a un gobierno terrorista

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El Gobierno de Nicolás Maduro sin dudas será recordado como uno de los capítulos más oscuros de nuestra historia. Todos y cada uno de los integrantes de esa secta necrofílica que pretende regir indefinidamente nuestras vidas a diario superan nuestras expectativas plausibles referentes a sus índices de maldad. En efecto, cada día asumen con mayor fuerza posturas inmorales, abusivas, ilegales e incluso maliciosas; en resumen: Se deformaron tanto, que muchos no dudan en calificarlos como representantes del mal absoluto.

Particularmente, como abogado, no dejo de sorprenderme por el exabrupto jurídico cometido en contra de los hermanos Sánchez ¿No saben los esbirros de la dictadura que nadie puede ser obligado a declarar sin que esté presente su abogado? E incluso así, dicha grabación, en el supuesto negado de que tuviese valor legal, mal podría exponerse públicamente, por tratarse de un elemento de convicción atinente a una averiguación penal. ¿Y dónde quedó la presunción de inocencia? A esos muchachos ya se les juzgó y condenó, incluso antes de que iniciare un juicio formal; amén del escarnio público.

Así pues, ver a Nicolás Maduro mostrando videos de sus rehenes y amenazando (indirectamente) de muerte a sus detractores, es casi como ver al Yihadista Jhon mostrando a sus víctimas y vociferando amenazas contra occidente. Aquella conducta, alejada totalmente del honor, la institucionalidad y el “deber ser”, no pude menos que calificarse como el más cínico y desfachatado TERRORISMO. ¡Cuán irónico es que nos llamen terroristas por ejercer pacíficamente nuestro derecho Constitucional a la protesta, mientras ellos reparten fusiles y azuzan a sus sicarios motorizados en contra de civiles desarmados!

Nosotros, en este lado de la calle sí queremos un cambio de gobierno ¡vaya que lo queremos! De hecho, es de vital importancia para nuestra sobrevivencia como país, sin embargo, muy alejados estamos del terrorismo: Megáfonos, banderas, pitos y pancartas, por una parte; máscaras de gas, cascos, guantes de herrería y lentes (para aguantar la represión) por la otra, son las únicas armas con que contamos como civiles que somos. Incluso, en los casos más extremos (en que nuestros espontáneos lanzan bombas molotov o cohetes) la proporcionalidad es inexistente, tanto si la comparamos con las armas y equipos de los cuerpos represores del Estado, como si los cotejamos con fusiles milicianos o las armas de guerra de los colectivos. Además, el cambio que queremos es electoral.

¿Es necesario militarizar Caracas y convertirla en una trinchera gigante, como si se tratase de una ciudad a punto de ser invadida? Este comportamiento irracional y delirante tiene que encender las alarmas de todos los venezolanos, no solo de los civiles, sino también de quienes conforman los diferentes cuerpos de seguridad, que hasta el momento están siendo utilizados por la oligarquía roja como herramientas de represión y dolor en contra del pueblo. ¿De verdad quieren formar parte de este circo macabro?

Además, el diablo paga muy mal: les dan la orden de dispararnos, y cuando lo hacen (hiriendo mortalmente a un manifestante), entonces les culpan y procesan penalmente. Con ello demuestran la doble moral que siempre les ha caracterizado y dejan claro que para ellos, la camarilla chavista, ustedes (militares, policías, guardias nacionales) valen lo mismo que nosotros (simples civiles opositores), o sea NADA; percibiéndoles como simples fichas en su juego de tronos por mantener el poder.

Uniformados ¿Qué tipo de régimen están protegiendo? A estas alturas, con los ojos de la comunidad internacional puestos sobre Venezuela, y con una crisis socio-económica tan grave que hizo de nuestro país un Estado Fallido, es hora de que comiencen a plantearse su papel dentro de esta lúgubre obra de teatro que nos han impuesto unos cuantos que no sufren, como nosotros, las penurias de la carestía.

Dios bendiga a Venezuela y a todos sus hijos, civiles y uniformados.

Víctor Jiménez Ures