Víctor Jimenez Ures: Del secuestro de Aldo Rosso a la muerte política del PSUV

Víctor Jimenez Ures: Del secuestro de Aldo Rosso a la muerte política del PSUV

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La noche del sábado 22 de abril, un humilde albañil sexagenario e hipertenso fue secuestrado por hombres armados y sin identificación alguna delante de su hija, a pocos metros del lugar en que vive, su nombre: ALDO ROSSO. Poco después se supo que estaba recluido en los calabozos del SEBIN. ¿Qué hay de particular con este señor, cuál fue su delito? Ninguno, tan solo pertenecer a Voluntad Popular y haber dicho en voz alta, ante un medio de comunicación, lo que ya todos sabemos: Que a los esbirros de la dictadura les tocará responder ante la justicia una vez superada la “Era Madurista”.

Ahora el señor ALDO ROSSO; entrañable abuelito, querido compañero y activista honesto y desinteresado, pasa las horas en una fría celda de la dictadura sin haber cometido crimen alguno, y posiblemente acusado de terrorismo. El mundo debe saber lo que está pasando en Venezuela: acá los activistas de los partidos políticos de oposición vivimos a la sombra de una persecución implacable y carente de razonamiento alguno, enfrentados a la posibilidad real de ser detenidos por los cuerpos de seguridad bajo cualquier pretexto inverosímil. Obligados a convivir con la desagradable sensación de vulnerabilidad que le roba el sueño a nuestras familias y amigos, pero que, en modo alguno, quebranta nuestra voluntad de encontrar una salida pacífica y democrática a este gobierno, que no dudamos en calificar como una verdadera desgracia para nuestro país.





LOS ACTIVISTAS DE VOLUNTAD POPULAR, PRIMERO JUSTICIA, ACCIÓN DEMOCRATICA Y EL RESTO DE LOS PARTIDOS DE LA MUD, NO SOMOS TERRORISTAS, somos demócratas practicantes que abogamos por un cambio democrático de gobierno, y que apostamos por un nuevo pacto social en que se vean representados todos y cada uno de los actores que hacen vida en la escena política venezolana, incluyendo el chavismo.

De hecho, pareciera que los únicos que no están interesados en la sobrevivencia del chavismo son los jerarcas que ocupan Miraflores. Ciertamente, aún ahora, bajo el actual esquema socio-económico, que no resulta propicio para el PSUV desde el punto de vista electoral, es viable la sobrevivencia del chavismo como corriente política. En efecto, luego de un profundo proceso interno de revisión, es perfectamente plausible que el PSUV y otros partidos que integran el Gran Polo Patriótico sobrevivan a Nicolás Maduro, conservando parte de su militancia, e incluso capitalizando alguna que otra alcaldía, gobernación o curul legislativo, con miras a recomponer fuerzas para el futuro a mediano y largo plazo; y ¿por qué no? ayudando en la reconstrucción de una nueva Venezuela en la que tengan cabida todas las cosmovisiones políticas.

Un escenario distinto se proyecta de persistir los parámetros represores que han caracterizado a las protestas de los últimos días, donde los muertos, heridos y presos se cuentan por decenas; a lo que debe sumarse el exabrupto político de abandonar la OEA y la situación económica que además de generar delincuencia, nos está matando de hambre y enfermedades. En este sentido, la actual dirigencia del PSUV pareciera estar enfocada en cavar la tumba política del legado chavista y arrastrarlo a unas profundidades de las que difícilmente logre salir.

Lo cierto es que, de continuar las cosas como van, el futuro del chavismo es poco menos que incierto, amenazado con un sino de proscripción similar al del perejizmenismo luego de la huida en la Vaca Sagrada, o al del Nacional Socialismo a la caída del jerarca nazi. ¿Es eso lo que quieren los mandos medios y las bases del chavismo, donde estamos seguros hay gente honesta y preparada que, aún desde la oposición, estarían dispuestos a contribuir al engrandecimiento del país y a trabajar por la recuperación electoral de su corriente política luego de la debacle madurista?

Nadie duda que se estén cometiendo delitos de lesa humanidad en contra de manifestantes desarmados, y todos sabemos que, al menos, quienes forman parte de los cuerpos uniformados del Estado, al final terminan respondiendo penalmente por sus delitos. Por ejemplo, el efectivo que mató a JUAN PABLO PERNALETE, y su oficial a cargo, pagarán por su crimen; pues como ya se ha visto antes, la fiscalía los perseguirá, acusará y encerrará. Entonces, es propicio que la GNB y la PNB se hagan la siguiente pregunta: ¿Vale la pena seguir matando inocentes desarmados, en defensa de una camarilla corrupta a la que nada le importa el sufrimiento de los venezolanos, y que está dispuesta a sacrificar a sus sicarios para salvar el pellejo propio? Recuerden, la responsabilidad es individual.

Víctor Jimenez Ures.