1° de mayo, día de indignación, por @ArmandoMartini

1° de mayo, día de indignación, por @ArmandoMartini

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El 1° de mayo cayó, en los últimos veinte años, en patrocinios de gobiernos tergiversadores, politiqueros y sindicalistas ideologizados por una izquierda que esclavizó a los trabajadores en la Europa oriental, China, Corea del Norte y Cuba, para sólo citar algunas regiones engañadas e idiotizadas por déspotas y opresores comunistas, encarceladores, esbirros y verdugos de sus pueblos, y los siempre bien atados, sumisos y obedientes coadjutores.

¿Qué pueden reivindicar los trabajadores en Cuba o Corea del Norte, donde, por cierto, también existe la hipnosis babiequizante del líder supremo y el presidente eterno?





En la Venezuela de antes había libertad sindical, huelgas, reclamos, discusiones y contratos colectivos. Épocas de crecimiento y prestigio de la organización laboral. Los sindicatos surgieron en rebelión contra la cruel dictadura de Gómez y sus chácharos. Crecieron impulsados por los novatos partidos políticos que comenzaron en esos tiempos, se desarrollaron y fortalecieron entre lo clandestino y lo público.

Esa democracia basada en la Constitución, respeto al ser humano, comunicación con autonomía entre poderes públicos y sectores laboral, empresarial, político y en general con los ciudadanos, nos fue escamoteada con una maraña de mentiras aderezada con populismo frenético, fantasioso, exagerado a niveles disparatados y demenciales por Hugo Chávez. Venezuela transmutó, cambió. La paz y el entendimiento fueron transformados en órdenes, promesas falsas, ofertas engañosas y enfrentamientos. La polarización no la parió la democracia, la inventó el chavismo como una de sus armas favoritas, la exclusión.

Una dirigencia sindical con trayectoria y empeño, que se fue profesionalizando en los diferentes niveles académicos, en uso pleno de la democracia y libertad de disentir, fue desplazada -incluso encarcelada y exiliada- por sindicaleros dóciles y obedientes, alteradores maliciosos de las necesidades y expectativas reales de los trabajadores, creadores de sindicatos paralelos para sabotear, en cuyas manos se ha perdido gran parte de la producción estatal -Pdvsa incluida- y de la expropiada -para muchos robada- al sector privado para estatizarla y terminar cerrando o cobrando subvenciones oficiales sin producir nada.

Lo que se recuerda el 1° de mayo, no es libertad ni democracia ni derechos de los trabajadores. La fecha fue consagrada como Día del Trabajador en homenaje a los “Mártires de Chicago”, trabajadores que luchaban por una jornada laboral de 8 horas y fueron masacrados a tiros por policías uniformados.

Quizás no sea casualidad sino repetición de la historia que este 1° de mayo de 2017 se produzca en un ambiente de bombas lacrimógenas, perdigonazos y durísima represión para centenares de miles de venezolanos que han llenado de protestas y rebelión ciudadana las calles del país. Acaso son burgueses, oligarcas, cumplen instrucciones del imperio, la CIA, la OEA, y todas esas tonterías y ridiculeces, que proclaman perversos y represores aferrados al poder.

Obligados, cumpliendo órdenes, escuetamente pagados, más o menos alimentados, enfranelados de rojo y movilizados en autobuses, los trabajadores de los cuales presume el régimen caminarán y proclamarán que están felices de ser maduristas, socialistas y no faltarán los más pendejos e ignorantes que se declararán castristas. Un grupo de ladinos sobrealimentados y bien costeados por el oficialismo, se encarga de esa controlada organización, chequeada por lista de asistentes, que recibirán su limosna por servicios de concurrencia. Que indignidad e impotencia deben sentir. Pero la hambruna y la necesidad constriñen.

La que va a contar es la otra marcha, sean cuantos sean. Integrada por trabajadores de verdad que sólo cuentan con los salarios de las fábricas y comercios donde trabajan, que sufren la incapacidad del régimen para alimentar y cuidar al pueblo al cual vociferan defender, pero que sólo quieren controlar. Son mártires de la delincuencia, víctimas de colas interminables para comprar alimentos y caídos por falta de medicinas. Que han sido golpeados y rechazados con brutalidad y sevicia por uniformados de la dictadura, trabajadores ellos mismos, y, por eso, traidores al pueblo del cual forman parte.

Este 1° de mayo, en Venezuela, no será de fiesta y celebración, sino de dolor, protesta y conmemoración. El presidente ha amenazado en profundizar este desastre, ignominia e insulto de socialismo bolivariano. Quizás sea sólo otro de los alardes presidenciales, pero igual puede ser una tontería que, como siempre pasa cada vez que decide algo, hunda más al país.

La orientación económica oficialista, pecaminosa, atrasada, irracional, estólida con inflación despiadada confiscatoria del salario, cualquier aumento, por mucho que sea, es insuficiente, pírrico e ilusorio. ¡Sera una burla!

Que Dios y San José Obrero se apiaden de los venezolanos.

@ArmandoMartini