En Honor a Miguel Castillo, por Antonio Ledezma

 

Era un joven soñador,

eso suena a redundancia,

todos fantaseamos en esa

etapa de la primera vida.

 

Su candor no le impedía

Presentir el peligro,

Por eso le escribió a Cañizales

música para sus honras fúnebres

con letra de compromiso irrenunciable.

 

Le canto con su garganta

ahogada por el humo

que sobró de la masacre anterior.

Esa humarada que anuncia la presencia

de la muerte que sale enloquecida

cumpliendo órdenes de matarifes

que se tranquilizan cuando huelen sangre.

 

Es la inocencia del niño, frente a la malicia

que engaña;

es la esperanza de encontrar la paz

teniendo entremetido en la calle

al “guerrero oráculo” que olvido sus consignas.

Son los ojos crédulos que miran lo bueno

 ante pupilas diabólicas que te lapidan la vida.

 

Naciste jugando metras

y te asesinan con ellas.

Moriste como un héroe

sin buscar esa insignia

que te ofrendaron los muchachos que

te llevaran como centinela de sus luchas.

 

Ese combate que te ejecutó,

Sn saber que tu muerte no cabe 

en la renuncia a continuar esta ofensiva,

ahora que sobrevives al olvido.

 

Te despertaran los rugidos de Pernalete y

 de Moreno deambulando buscando su morral,

 y Cañizales pidiéndole a San Pedro su violín;

y los responsos de Bassil junto a Redman,

 Hecder, también  Geraldine con su gracia

que no han podido apagar.

 

Y te cantara Ali Primera su inédita canción

que narra la indignación que siente

 por sus trovas ultrajadas.

Y agregaras una estrofa

Asegurando que el honor sigue con vida,

Porque la dignidad de la juventud es inmortal.

 

Por Antonio Ledezma, preso político de la dictadura.