Venezuela, el combate de la dignidad, por Juan Claudio Lechín

Venezuela, el combate de la dignidad, por Juan Claudio Lechín

Un profesor norteamericano señaló con precisión que actualmente no existen mecanismos que permitan combatir a gobiernos delincuenciales, como el de Maduro, sin transgredir las normas internacionales de no injerencia.

Es cierto. No hay. Entonces como no hay mecanismos internacionales, ¿ahí queda? ¿El público global disminuirá su apoyo solidario a Venezuela porque los asesinados, golpeados, gasificados ya son noticia diaria y no excepcional?

A estas alturas, todos sabemos que el régimen venezolano fue de hampones con Chávez y es de hampones con Maduro. En cada acto público, Maduro baila celebrando que nos hayamos cansado de apoyar lo bueno, la libertad, la vida, la paz, al pueblo y que hayamos vuelto al texting histérico, a los videos de chistes, de bebés que hacen ternuras y perritos que hacen cabriolas. Maduro, el títere idiota, el narcotraficante, el secuestrador, el genocida, celebra con rimbombo nuestra ética inmoral, la banalidad del desentendido.

Venezuela nos entrega la oportunidad de superar la banalidad que nos carcome hoy con respecto a la vida, a la libertad y a la justicia. Si bien es un crimen lo que allí sucede, al mismo tiempo la épica del pueblo nos entrega, a la comunidad internacional y a cada uno de nosotros, la posibilidad de la grandeza.

Los venezolanos siguen en pacífico combate. La Guardia Nacional integrada por muchos soldados cubanos (de ahí la crueldad ante el clamor de los manifestantes venezolanos), hizo un despliegue de guerra con la marcha de los viejitos. En otros lugares asesinaron a Miguel Castillo (27 años) y a Paula Ramírez (23 años). El sábado fue la “marcha del silencio”.

¿Sabe el mundo, con su cabeza de avestruz metida en el hueco de sus entretenimientos circunstanciales, lo que le sucederá si triunfa Maduro? Será una luz verde para que los criminales tomen los países pues “no hay legislación que los detenga”, como dice el profesor norteamericano.

Si el pueblo venezolano es derrotado, tú, donde quiera que estés, también serás derrotado pues Venezuela es hoy la arena de combate de la dignidad humana.

 

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