José Guerra: Salvar al chavismo

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Cuando el presidente Chávez falleció en marzo de 2013, su popularidad estaba en 65% y el respaldo al PSUSV pasaba del 50%. Hoy, en mayo de 2017, la realidad es otra totalmente diferente: 79,3% evalúa negativamente la gestión de Maduro y solamente un 19,3% la considera positiva, mientras que la valoración favorable del PSUV apenas llega al 20,0%. Por esta razón es que no se convocan las lecciones de gobernadores y alcaldes, porque el gobierno sabe que las perdería. Ello lo llevó a una jugada sumamente arriesgada, consistente en llamar a una AsambleaConstituyente radicalmente diferente a lahecha por Chávez en 1999. Se trata de una argucia donde la población se dividiría en corporaciones para diluir la soberanía popular y evitar aplicar el principioun ciudadano, un voto. Ya el PSUV no es aquella fuerza con significativa implantación popular. Lasmovilizacionesespontáneas se acabaron y ahora tienen que recurrir a los empleados públicos,obligados a asistir a sus concentraciones y marchas. Según dos estudios de opiniónconocidos recientemente, la Constituyente tiene un rechazo entre el 65,0% y el 75,0% según sea la medición. Adicionalmente ha servido también para abrir una grieta en el chavismo.

Ciertamente el chavismo llegó a representar la esperanza de cambio de un pueblo harto de las crisis y de la caída de su nivel de vida. Al principio se apalancó en dos elementos muy importantes, por una parte en el liderazgo indiscutido del presidente Chávez y por la otra, en los elevados precios del petróleo. Ha sido el movimiento chavista una combinación de renta petrolera creciente y la fuerza que le impartía Chávez. Con la muerte de Chávez prematuramente y con la declinación y ruina de la industria petrolera venezolana, los pilares de ese movimiento se resquebrajaron. Ello ha llevado a un error: la coacción del hambre como instrumento para hacer política. Con el reparto de las bolsas de comida el gobierno y el PSUV intentan reconectar con un pueblo que literalmente sufre hambruna. Ello ha creado un descontento subrepticio entre la gente que se siente humillada. Similarmente, el acoso a los empleados público ha generado mucho rechazo entre éstos respecto a sus jefes quienes los obligan a asistir a eventos partidistas.

Por tanto, en medio de esta crisis tan dramática que sufre el país, que amenaza con convertirse en una espiral de violencia, las fuerzas no extreminstas del chavismo están obligadas a recuperar su condición democrática, medirse en las elecciones, dejar de usar bandas armadas y olvidarse que las resoluciones bolchevique y cubana se pueden repetir en Venezuela. Ello obligaría al movimiento chavista a reencontrase con el país de hoy, donde son minoría clara. Solo así podrá preservarse el enorme esfuerzo que hizo Chávez para construir una fuerza política. De persistir, el PSUV con la actual política corre el grave riesgo de esfumarse como opción política.