Plan de Acción contra el Régimen, por @CarmonaBorjas

thumbnailRobertCarmonaBorjasVenezuela está hoy hundida en la miseria. No solo económicamente, sino moralmente. El país está en ruinas. El régimen de Nicolás Maduro ha recurrido a una forma de ejercer el poder, sin precedentes. Doblegado por su impopularidad, por el fracaso en su gestión, ha instaurado como sistema de gobernar la represión, síntoma de que Maduro perdió el control y el poder lo que como dijimos antes, puede conducirnos a una situación anárquica que no sabemos hasta dónde puede llegar.

Las crisis comienzan y se extienden, se agravan, más cuando una de las partes, el régimen canalla, se niega a toda solución.

Todos nos preguntamos si Nicolás Maduro es el responsable de este desastre. Pero no, no lo es, él sin duda alguna está haciendo el trabajo que otros crearon y que lo colocaron ahí, simplemente porque él era el único que podía, a mayor velocidad, avanzar en el proyecto revolucionario, sin los ambages o rodeos de los que Chávez en su momento tenía. Como decía un General amigo mío, Maduro es ideal para lo que está haciendo, porque a él no le importa ni su popularidad en las encuestas, ni mucho menos lo que pueda pensar el mundo acerca de él.

Su MEJOR credencial es su sumisión a los cubanos, traicionando a su patria. Su indiferencia y abandono hacia el sentir del venezolano, nos ha llevado al estado de colonia de un país que siempre nos tuvo en la mira, pero que, en otras épocas, soldados honestos y verdaderamente venezolanos, los rechazaron, los redujeron en Machurucuto y en otras partes. Por ello Maduro tuvo que colocar al frente de la FAN al militar más inmoral que la institución castrense haya tenido en su seno, después del iluminado de Sabaneta.

Ahora bien, si Maduro ha resultado ser un traidor, más lo fue el Maligno Chávez.

En febrero de 1992 Hugo Chávez traicionó a las Fuerzas Armadas, abofeteó el estado de derecho. Intentó acabar la democracia, pero no pudo. Se rindió y su frase del por ahora, fue lo que lo llevó a la fama que lamentablemente compartieron muchos entonces, pensando en que la anti política podía llevarnos a una mejor Venezuela. ¡Error garrafal!

Hugo Chávez llegó al gobierno con el voto popular, lleno de odio, con la venganza en la mano, para freír las cabezas, como lo dijo entonces, de los adecos. Odio y vendetta, así de simple.

Es cierto que Chávez tuvo un cierto carisma que cuadró en las masas; muchos lo auparon, por su verbo y sus desplantes, hasta el Francisco Usón le limpiaba las botas, luego vino Hermann Escarrá y lo reemplazó. Pero fue un político dañino, traicionero, canalla en pocas palabras. Lo más grave, su peor pecado fue habernos dejado a Maduro para que completara la destrucción del país.

Lo cierto es que si Maduro es ahora un dictador, no fue por creación propia. Fue precisamente engendrado amorfamente por los hermanos Castro para imponerlo como el escogido para continuar con el legado del golpista Chávez, a quien por cierto las generaciones venideras en el país, las víctimas de los atropellos y de las barbaries de su obra, jamás le perdonarán.

Así que cuando responsabilizamos al tirano Maduro por sus tropelías, no olvidemos que hay varios responsables, por un lado, los dos ancianos verdugos del pueblo Cubano y por la otra, como el gran responsable principal de esta desgracia, el Maligno ETERNO del Hugo Chávez.

 

A pesar de todo lo que ha hecho este grupo de inescrupulosos, conscientes de que tendrán que ser castigados por todos los daños y las muertes que ha causado; debemos darles una oportunidad para que, en el muy, pero MUY corto plazo (un mes), haya una salida negociada, pacífica, a través de un gobierno de transición, de amplia base nacional, que asegure la paz y la tranquilidad y abra el espacio a elecciones libres y generales en el más corto plazo. Eso es lo que desearíamos todos los venezolanos demócratas, para evitar más derramamiento de sangre.

Sin embargo, si el gobierno insiste en seguir entregándole el rumbo y el destino del país al imperio Cubano, nos corresponderá actuar en otros términos. Aquellos que postulan que “Las dictaduras no se desmontan jugando a la democracia…”

Robert Carmona-Borjas