Bonos del hambre y bonos de PDVSA

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Hace unos días, leímos con detenimiento un artículo del muy reconocido economista venezolano Ricardo Hausmann, titulado “Los Bonos del Hambre”. El artículo se inicia con un párrafo contundente y profundo:

“La inversión suele crear dilemas morales en cuanto a sus metas: ¿se debería buscar solo que a uno le vaya bien o también hacer el bien? ¿Es apropiado invertir en empresas tabacaleras? ¿O en compañías que venden armas a bandas de narcotraficantes?”

Por Horacio Medina @unape

La verdad todo el articulo encierra desde nuestro punto de vista un silencioso pero incisivo cuestionamiento filosófico y moral sobre el significado de aprovechar circunstancias donde mientras mayor sea la desgracia de muchos mayor será la ganancia de pocos. Se expresa de manera clara que, mientras Venezuela “constituye apenas alrededor del 5% del índice, representa cerca del 20% de su rendimiento, ya que la rentabilidad de la deuda venezolana es casi cinco veces más alta que la de los otros países del índice, lo que refleja la enorme prima de riesgo que enfrenta Venezuela”.

Como bien sabemos y Ricardo Hausmann lo acota: “Venezuela está pasando por uno de los colapsos económicos más calamitosos de la historia mundial, acompañado de dosis masivas de represión política y violaciones de los derechos humanos. De modo que invertir en el EMBI+ significa que uno se alegra cuando los analistas de Wall Street le informan que el país está haciendo pasar hambre a su población con el fin de evitar la reestructuración de los bonos que uno posee”.

Para no dejar ninguna duda, el autor del artículo, agrega un párrafo duro, pero inequívocamente cierto que solo nos deja ver, de manera aún más clara, la naturaleza detestable del régimen que ostenta el poder en Venezuela y el grado de deshumanización de los inversionistas que muchos, con sobrada razón, clasifican en el grupo de la corriente del “capitalismo salvaje”.

“La alegría se explica fácilmente: las importaciones venezolanas, luego de caer 75% entre 2012 y 2016, se han reducido más del 20% en el primer trimestre de 2017. Estas son buenas noticias para los inversores en el EMBI+ porque significan que queda más dinero para el pago de intereses y capital de sus bonos. Mientras tanto, los venezolanos están bajando de peso involuntariamente y buscando alimentos en pilas de basura. Claro, esto es una catástrofe humanitaria, pero para el inversor se trata de una fabulosa oportunidad de inversión”.

Así es la vida real

Luego de un enriquecedor texto explicativo y de razonamientos didácticos, Ricardo Hausmann concluye con una propuesta para tratar de resolver lo conveniente con lo correcto, de conciliar los intereses económicos con la ética y la moral.

“La solución es exigir que JP Morgan excluya de inmediato a Venezuela de los índices de bonos de mercados emergentes que calcula, liberando así a los administradores de los fondos de la necesidad de comparar sus resultados con los bonos del hambre. A través del tiempo, JP Morgan debería crear un nuevo índice de Mercados Emergentes Decentes, el que al incluir solamente a países que se ciñen a estándares mínimos de respeto a su ciudadanía, disiparía la angustia moral del inversor”.

Un tema complejo, a no dudarlo

Cuando todavía no digerimos totalmente este asunto, The Wall Street Journal nos deja saber que Goldam Sachs compró al Banco Central de Venezuela 2 mil 800 millones de dólares en bonos de deuda de PDVSA, pagando por ellos tan sólo $865 millones, con un descuento del 69% sobre su valor facial, lo cual brindará al régimen forajido de Nicolás Maduro una cápsula de oxígeno para continuar reprimiendo y saqueando a Venezuela, un tiempo adicional.

Por supuesto muchos nos dirán que esto es una operación comercial licita y que está en función de los intereses de Goldman Sachs y de sus inversores, lo cual es cierto. Goldman Sachs ha estado aumentando sus posiciones de deuda venezolana, apostando a que un cambio de gobierno podría más que duplicar, el valor de sus inversiones.

La pregunta sería también sí, en este caso, lo comercialmente correcto se compagina con la ética y los principios, en especial los relacionados con la democracia y con el respeto de los Derechos Humanos.

Por otro lado, recordamos que hace poco menos de dos meses, informamos que el fondo de inversión Fintech Advisory, liderado por el billonario mexicano David Martínez había acordado con el Banco Central de Venezuela (BCV) una operación de pacto de recompra (o repo, compra de títulos valores con fecha de recompra), con Fintech por unos 450 millones de dólares (60% – 65%, del valor facial). El ente emisor habría pactado el repo usando como respaldo unos 1.300 – 1400 millones de dólares de títulos en cartera. En su momento quedó por sentado que eran básicamente bonos de PDVSA con vencimiento en 2022, los cuales conforman el grueso de la cartera de inversiones del BCV.

Indigna saber que Venezuela está siendo entregada por la sola ambición de una banda de forajidos de permanecer en el poder, hipotecando el futuro de millones de venezolanos, a cambio de continuar el saqueo.

Ya no bastan las muertes por la represión, la violencia criminal, el hambre, la falta de medicamentos y todas desgracias sociales, la idea es acabar con las opciones de futuro.

“Un fondo buitre, es un fondo de capital de riesgo, o fondo de inversión libre. Especializado en la compra, en el mercado secundario de deuda, que es donde se negocian bonos, luego de ser estos adjudicados directamente, por el emisor al comprador. Preferentemente, aunque nos parezca extraño en un principio, de países o empresas al borde del default o la quiebra”.

Buitre: “Ave rapaz diurna de hasta 110 cm de altura, de color pardo o negro, con la cabeza y el cuello generalmente sin plumas, alas de gran envergadura; vive en grupos y se alimenta principalmente de carroña (animales muertos)”.