Asamblea de la OEA se convierte en un campo de batalla buscando el bienestar de Venezuela

Asamblea de la OEA se convierte en un campo de batalla buscando el bienestar de Venezuela

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La asamblea general de la Organización de Estados Americanos (OEA) se transformó el martes en un campo de batalla entre Venezuela y un grupo formado por Estados Unidos, Canadá y diez países latinoamericanos que critica el manejo de la crisis política y económica en la que está sumido el país petrolero.

Anthony Esposito / Reuters





Los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Chile, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Paraguay y Perú publicaron una carta apuntando al Gobierno del socialista Nicolás Maduro por supuestamente interrumpir la democracia en su país y pidiendo el cese de la violencia.

“Ante la interrupción del proceso democrático en la República Bolivariana de Venezuela consideramos que debe persistirse en una salida concertada”, dijo la carta en la que pidieron la liberación de los presos políticos y un alto a las detenciones arbitrarias.

En la carta, escrita tras el fracaso de las discusiones para emitir una resolución conjunta de la OEA sobre la crisis venezolana, el grupo de países pidió que se abra un canal humanitario para contribuir con alimentos y medicinas a paliar la emergencia que vive la nación sudamericana.

Además, los doce países llamaron a Maduro a abandonar la convocatoria a una asamblea nacional constituyente para cambiar la carta magna, una iniciativa que muchos ven como una forma de perpetuarse en el poder y calmar la agitación política.

Horas después la canciller venezolana, Delcy Rodríguez reaccionó airadamente contra Perú y varios de sus homólogos del grupo que firmaron la carta a quienes llamó “camada de perritos simpáticos del imperialismo” y los acusó de querer intervenir ilegalmente en Venezuela influenciados por Estados Unidos.

“Esa sumisión a los poderes imperiales, aunque no le guste a los representantes algunos de los que están, esa sumisión nunca la van a tener de Venezuela”, dijo Rodríguez, enfundada en un vestido rojo, color del Partido Socialista Unido de Venezuela.

El representante de Washington, Kevin Sullivan, no se quedó atrás y dijo que el principio de no intervención no se podía invocar para justificar la inacción o evitar la responsabilidad sobre la situación, y que las palabras de Rodríguez se podían resumir en “distracciones, distorsiones e irrelevancias”.

El país ha vivido más de dos meses de agitación política con protestas en las calles, un periodo durante el cual han muerto al menos 75 personas.

Sullivan dijo que la OEA debía probar su relevancia haciendo algo por el pueblo venezolano, e insistió en su propuesta de crear lo que llama un “grupo de contacto” conformado por algunos países que sin intervenir directamente pueda facilitar una solución a los graves problemas del país.

Rodríguez insistió en que Venezuela no reconocerá ninguna resolución que emane de la asamblea, pero seguía participando del evento, que finalizará el miércoles.

En la guerra de discursos también estuvieron involucrados Perú y Honduras, que exigieron a Rodríguez explicar cómo el gobierno de Maduro se iba a comprometer de manera legítima a buscar una solución a la crisis.