José Alberto Olivar: La dureza de los débiles

José Alberto Olivar: La dureza de los débiles

José Alberto Olivar

 

Cuando nos disponíamos a escribir estas líneas un aspecto que creíamos importante destacar, de súbito recibimos la información en torno a la funesta detención del colega historiador y líder gremial, Rafael Cuevas Montilla, profesor de la Facultad de Humanidades y Educación (ULA). La detención del profesor Cuevas, es una muestra más del recrudecimiento de la razzia dictatorial puesta en práctica para silenciar la voz de la ciudadanía en la calle, de modo particular de aquellos a quienes las adversas circunstancias del presente, los ha obligado a salir de las aulas de clase, con el objetivo de cumplir un rol nada abstracto y si muy comprometido con la causa democrática.

El profesor Cuevas junto a otros ciudadanos, fueron detenidos por el hecho hacer valer sus derechos constitucionales y expresar su firme rechazo a la espuria constituyente, durante la contundente jornada de protesta denominada “trancazo”. Se trata de una forma de lucha desigual, de ciudadanos desprovistos de armas de fuego frente a un Estado forajido que se vale de todo su aparataje de violencia pseudo legal en franca alianza con mercenarios del delito.

Ya no cabe duda que a la dictadura le vale acumular cifras de muertos, heridos y detenidos. Ellos decidieron hace rato declararle “la guerra a muerte” a los ciudadanos de a pie, sobre todo a los que emplean el recurso de la persuasión para explicar a los transeúntes todavía apáticos, desinformados o peor aún, presas de la mentira que emana como suero venenoso de las pantallas de TV y otros medios oficiales.

No sorprende a estas alturas, el vejamen con el que el profesor Cuevas fue llevado detenido, como si de un peligroso delincuente se tratase. ¡Peligroso sí! Por profesar de manera valiente su fe democrática. ¡Malandro no! Porque ese individuo no es más que un hombre de letras, un alfarero de conciencias republicanas que sufre y padece como cualquiera de nosotros los rigores de la carestía y los sinsabores de la violenta cotidianidad.

Cuanto más se ufana en presentarse como “indestructible” este régimen dictatorial que tiene secuestrados a los venezolanos, más pone en evidencia su intestina debilidad. Es una procesión que lleva por dentro, que se revela en las ojeras, los gritos destemplados y gestos nerviosos de quienes detentan el poder mal habido.

Su pacto con el demonio, no hace más que darle rienda sueltas a su infinita capacidad de mentir y hacer daño una y otra vez. Pero se equivocan si piensan que los venezolanos, se van a quedar de brazos cruzados. Tendrán que apresarnos a todos y no les alcanzarán las cárceles para encerrar el coraje y la dignidad de uno y mil Rafael Cuevas más.

 

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