Leonardo Fernández: De Carabobo a la Constituyente

Leonardo Fernández: De Carabobo a la Constituyente

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Hace pocos días celebramos los 196 años de la batalla de Carabobo, ese día se consolidó la independencia de Venezuela y se instauró en nuestras tierras la forma republicana de gobierno, que venía luchando con los partidarios de la monarquía absolutista.

Casi dos siglos han pasado y generaciones enteras continuaron la lucha de los libertadores para consolidar dentro de la República, la democracia plena. La sangre de muchos venezolanos, en especial de jóvenes pertenecientes a diferentes generaciones, fue derramada para poder garantizar el disfrute de las libertades que garantizaban constituciones como las de 1947 y 1961, y que hoy están plasmadas en la Carta Magna de 1999.





Esas libertades permitieron el ascenso al poder del chavismo, y luego de su forma degenerada o impura como diría Aristóteles: El madurismo. Pero el sistema democrático e incluso las formas republicanas se fueron tornando incómodas e insoportables para el grupo que pretendía mantenerse en el poder por siempre, incluso sin apoyo popular.

El inevitable término de los mandatos y el sometimiento a la voluntad soberana del pueblo no es grato para quienes se creen soberanos, ya no por voluntad divina como los antiguos monarcas, sino por voluntad de esa nueva divinidad del madurismo, Hugo Chávez. Basta con recitar las palabras del ya fallecido “comandante celestial” para que una camarilla de ungidos “hijos” de Chávez reclame el derecho de gobernar el país hasta el fin de los tiempos.

El planteamiento de la supuesta “Constituyente”, que no es más que un parapeto comunal, es la estocada final a la forma de vida por la cual lucharon y murieron Bolívar, Sucre, Leonardo Ruiz Pineda y Paúl Moreno. Eliminar la universalidad y proporcionalidad del voto y permitir que sea el gobernante quien escoja a quiénes tienen derecho o no a ser representados, equivale a instaurar una especie de oligarquía por derecho chavista, donde un grupo selecto de “elegidos” decida sobre y en nombre del pueblo.

Por eso la lucha, que se aproxima a los 90 días, es vital para los venezolanos, para que el señor en la vivienda más alejada y pobre siga teniendo el mismo poder que el millonario y el presidente en el día de las elecciones, es necesario no dejar que un gobierno sin pueblo, sin moral y vacío de planteamientos, nos imponga a la mayoría su voluntad a través de la fuerza.