José Toro Hardy: ¡Gloria al bravo Pueblo!

José Toro Hardy: ¡Gloria al bravo Pueblo!

 

El 16 de julio será una fecha patria. Así será recordada. Será el día en que el pueblo venezolano se volcará a las calles a exigir su libertad. Será el día en que el himno nacional resonará en el alma de todos los ciudadanos: “¡Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó!”

Investidos con la autoridad de saber que el pueblo es el soberano, el Poder Primario, iremos a votar para impedir que la Constitución sea derogada por medios distintos al previsto en ella.

Será el día en que el despotismo temblará de pavor y en el que de nuestros corazones surgirá un clamor: “Gritemos con brío ¡muera la opresión! Compatriotas fieles, la fuerza es la unión”.

Ese día nos enfrentaremos “al vil egoísmo” que esta vez no triunfará porque, en esta lucha, se juega el porvenir de la patria y el futuro de nuestros hijos.

Y en medio de la angustia que nos agobia, todos los credos, representados en la voz de nuestros obispos,  tampoco permanecerán callados ante un gobierno que no respeta la vida y que trata por cualquier medio de imponer una dictadura militarista, marxista, socialista y comunista. Por eso iremos a votar convencidos de que “desde el Empíreo el Supremo Autor un sublime aliento al pueblo infundió”.

Iremos a sufragar porque nos rebelamos ante la idea  de que habiendo conquistado a un solo hombre, los gobernantes de una isla sumida en la pobreza y en la cual sus ciudadanos carecen de libertades, se estén apoderando de nuestra patria. Que nos traten de imponer un modo de vida que contraría nuestros valores y principios y que viola la garantías democráticas y menoscaba los derechos humanos. Que la independencia lograda por nuestros libertadores esté en entredicho porque el régimen está entregando sumisamente el tributo que exigen las naciones vencedoras a las vencidas. Reaccionemos: “¡abajo cadenas!”

Ya no hay manera de ignorar la destrucción masiva impuesta a la que por derecho propio debía ser una de las naciones más prósperas del continente. Ya no se puede ocultar que el 80% de los venezolanos viven bajo la línea de pobreza y el 50% en condiciones de pobreza extrema. Que muchos venezolanos están comiendo en la basura. Por eso “¡el pueblo en su choza libertad pidió!”

Iremos a votar porque la delincuencia nos ha transformado en uno de los países más inseguros del planeta.  Padecemos la inflación más alta del mundo, vivimos en medio de una crisis humanitaria brutal ante la escasez de alimentos y medicinas. Han destrozado desde el sistema de salud hasta el aparato productivo y están tratando de adoctrinar a nuestros niños. Nuestros hijos han tenido que emigrar buscando en otras tierras lo que la suya propia le negó y el valor de nuestra moneda, que orgullosamente ostenta el nombre de Bolívar, ha sido arrastrado por el fango.

Todo ello ha provocado una caída sin precedentes en la popularidad de unas autoridades corruptas. Cerca del 85% de los venezolanos se oponen a ese estado de cosas.

Sin embargo, usurpando la soberanía popular, el régimen pretende imponer una Constituyente con los dados cargados con un mecanismo de consulta que no es otra cosa que un fraude a la Constitución que, imitando el modelo soviético y el corporativista de Mussolini, coloca en una minoría ínfima de la población la capacidad de aplastar la voluntad mayoritaria de los venezolanos.

Llámese Plebiscito, referendo consultivo, asamblea de ciudadanos o como se quiera, iremos a votar. Lo cierto es que serán muchos millones los venezolanos que van a manifestar su inconformidad el próximo 16 de julio. La colosal autoridad moral que se desprenderá de esa votación masiva será tal que no habrá Sala Constitucional exprés que pueda alegar que esa expresión de voluntad no es vinculante. En la práctica el revocatorio que el CNE le ha negado al pueblo se habrá materializado.

Un nuevo TSJ designado conforme a la Constitución por una Asamblea Nacional que fue elegida por una mayoría decisiva de los venezolanos contará con el respaldo del Poder Primario y, la FANB, tendrá que entender su obligación de hacer respetar la voluntad del soberano.

La gobernabilidad depende de la legitimidad. Esa Constituyente inconstituyente  propuesta por el régimen ha desbordado la paciencia de los venezolanos tal como se pone en evidencia a lo largo de más de 100 días de protestas que ni siquiera la violenta represión y la brutal violación de los derechos humanos ha podido contener. La legitimidad se ha perdido.

Adelante compatriotas. Todos a votar el domingo. “¡Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó!”

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