Alfredo Maldonado: No fui yo, fue ella

Alfredo Maldonado
Alfredo Maldonado

 

Bien claro lo dejó el Presidente Maduro, que no fue él quien metió preso a Leopoldo López, sino la Fiscal Ortega Díaz. Hecho que ya habían mencionado algunos opositores memoriosos pero que, cosas de la política, había sido convenientemente silenciado, ¿cómo convocar manifestaciones de apoyo a la misma funcionaria que habría armado la documentación necesaria para clavarle catorce años de cárcel al más destacado líder de la oposición?

Nicolás Maduro, no se sabe si por algún oculto acuerdo, por inspiración divina o por sugerencia de La Habana, le cambió la cárcel militar por una prisión más cómoda, su casa. Y comenzaron los chismes, dimes y diretes. Como que Maduro no habría consultado previamente a Diosdado Cabello, quien se enteró, dice el chisme, por las redes sociales y agarró una calentura de sargento en cuartel desordenado. Habría que discutir por una parte si la señora Ortega dio la orden directa de sepultar a López por 14 años, habría otras personas involucradas, pero con una diferencia: quien le está sacudiendo el polvo del nerviosismo de verdad al Gobierno, es ella principalmente.

Y algo más riesgoso (para el Gobierno): que Luisa Ortega Díaz no tiene que negociar consensos ni discutir medidas, sabe lo que tiene, a quien se enfrenta, cómo hacerlo y de verdad qué aspira, detalle este último, además, que no necesita conversar con nadie. Tiene apoyo dentro de la Fiscalía, la gente en la calle, cada vez en mayor cantidad se leen las noticias -verlas y escucharlas por televisión o radio suele ser en estos tiempos bastante aburrido- en la prensa, en las páginas web y en sus teléfonos celulares para saber en qué anda Luisa Ortega Díaz.

Últimamente leyendo para saber si por fin los magistrados de la Sala Plena del Supremo la apartaron del camino, cosa que, al menos hasta el amanecer de este viernes, no han podido o parece que no han querido hacer, ellos sabrán por qué después de tanto esfuerzo del diputado aquél y del Defensor éste, entre otros.

De manera que este acosado Gobierno bailarín se está enfrentando no a una sino a cuatro angustias a la vez.

Por una parte la gente en la calle, que va y viene, que unas veces camina, otras corre, de repente trancan calles y se ingenian escudos, máscaras antigas, franelas con vinagre (creo), piedras, en un baile trágico con unos guardias nacionales y policías que uno entiende, como decía algún presentador de televisión en Miami, también son humanos y se cansan, mal preparados pero bien motivados y se comportan con una crueldad que no es que no sea venezolana, que sí lo es, es que es peor que violar derechos humanos, es desconocer que existan.

Mientras eso pasa, y esos manifestantes, especialmente los más jóvenes, en cada movilización aprenden algo más -¿han visto últimamente la puntería para lanzar cohetes de esos que se sueltan al cielo en Año Nuevo y siempre van en curva?, ¡es increíble cómo los clavan donde pareciera que ponen los ojos!- mientras todo eso pasa, de repente aparece un violinista menudo e insistente, y una chica con un clarinete, tan dulces y sencillos que emocionan, y se van frente a los uniformados, y se envuelven en los gases y uno de los represores le rompe el violín al muchacho y lo hace llorar, pero su brutalidad se convierte, para depresión suya y emoción del violinista, en un empujón a la fama, ¿hay mejor castigo para el bárbaro tropical?, el violinista admirado y en Nueva York y el GNB odiado y durmiendo en una litera en el cuartel.

Y al mismo tiempo, la terquedad tosca y sin piedad del Gobierno ha logrado dos milagros. El primero la unión de la dirigencia opositora, y el segundo la salida de Leopoldo López de la inmundicia militar de Ramo Verde -y no digo inmundicia por los pisos, que no sé cómo están, sino por lo que hacen. Que la dirigencia opositora esté unida por convicción o conveniencia, es asunto de ellos y ya sabremos en el futuro, lo que cuenta es lo que hoy parecen, una Unidad.

Todo un conjunto de eventos engranados por la torpeza de un Gobierno que cree que los pendejos son los demás y ha venido perdiendo sin prisas y sin pausas afectos internacionales, aparte de haberle tocado -y completado- la necedad suicida del Comandante que murió al borde del barranco, que llevó al país no sólo a destruir y desestimular su propia economía, sino a convertir su industria petrolera en una comuna de incompetentes que durante cada día deben fracasar en temas diversos, el petrolero es sólo uno de ellos.

Por eso cambian de celda abominable a casa con control electrónico a Leopoldo López, quizás algún oficialista que duerme poco y teme mucho -cada día más- pensó que la calle al menos se aliviaría al exhibir a López, y les salen con el asunto éste del domingo 16 que parece que les preocupa tánto que hasta parece que andan amenazando a los medios audiovisuales a través de Conatel y a los impresos con el Ministro de Información que, si es verdad que está haciendo eso, es mal hermano de sus hermanos y mal hijo de su padre que fue comunista pero honesto e intransigente en sus principios.

Pero la culpa, insiste el Presidente, no es de él, que sólo quiere paz y amor para todos y ni ve ni entiende, aparentemente, lo que pasa en la calle y lo que sucede en la Fiscalía General de la República. Tal vez la nombrada Vicefiscal a la cual no la dejan entrar en ninguna parte, pueda explicarle algo. O los venezolanos el domingo. O la Fiscal, con sus archivos.