Liz Marrero busca reivindicar el baile urbano latinoamericano

IMG_7234

El baile ha llevado a Liz Marrero a viajar a Polonia, Irlanda, Francia, Inglaterra y su última parada, luego de largos años en Nueva York y Los Ángeles, es México. Desde allí prepara un proyecto ambicioso que pretende fortalecer el talento de su país, Venezuela, pero también del continente entero.

Marrero creó la compañía Barrio, Group y Soul (BGS) a través de la cual ya puso en marcha una idea que denomina Proyecto 58.

“Este proyecto busca apoyar el crecimiento creativo y técnico y fortalecer la conexión entre bailarines y coreógrafos hispanos”, dice la bailarina sobre su nueva aspiración. “La idea consiste en desarrollar un álbum audiovisual y coreográfico con música urbana venezolana que resalte y exponga el talento del baile urbano latinoamericano”, explica.

El nombre está inspirando en el código telefónico de Venezuela y es una manera para conectarse de algún modo con aquella tierra que dejó años atrás. Bandas y artistas de hip hop, reggae o  trap music como Akapellah, Gregory Palencia, Rawayana, Soires Nae, Apache, Canserbero , A.L.O, 420, Randy Acosta, Mcklopedia, entre otros, han sido considerados como encargados de poner la música dentro de este plan.

La idea principal surgió luego de estudiar a fondo la forma en la cual se desarrollaba el mundo de la danza en los países latinoamericanos y percatarse de una tendencia que le alarmaba: Suelen apreciar el talento de un bailarín por su apariencia y no por sus verdaderas habilidades artísticas.

Con base en su estricta formación dentro del baile, que incluyó importantes escuelas y seminarios en Europa y Norteamérica, como por ejemplo su participación dentro de la agencia Jane Shortall Dance Agency en Dublin o sus estudios en el Peridance Capezio Center en Nueva York, Liz sintió que hacía falta advertir que había muchas cosas que se podían hacer para aprovechar de verdad el talento de los latinos en la pista. El poco desarrollo de dirección y producción artística en la región impedía que así pasara.

–Cuando trabajaba en Venezuela sentía la obligación de lucir de una cierta manera. Por mucho que yo iba a un casting, por mi rostro o mi cuerpo me descartaban. Me decían: “bailas muy bien pero tu cuerpo no es lo que estamos buscando”. Hasta me vi tentada a operarme los senos para ver si lograba más empleos. Sin embargo, gracias a Dios que no lo hice. Al salir del país vi cómo ha evolucionado para bien este arte en el resto del mundo y cómo lo que realmente importa de la danza va mucho más allá de la belleza física – confesó la bailarina.

IMG_7222

Es por ello que la artista considera que el físico de sus ejecutores no debe limitar su expresión. “Mi danza no la determina mi cuerpo, esto no es un concurso de belleza. La danza es una forma de arte que tiene belleza en otras partes, en el movimiento. El problema es que el latinoamericano no está acostumbrado a reconocerlo”, completa.

Y, pese a que en nuestro continente existan estas limitantes, también hay muchas oportunidades que a través de este proyecto Liz pretende rescatar. “El bailarín latino tiene una habilidad natural para desarrollarse tanto en el movimiento como en el ritmo. Es algo que tenemos en la sangre y que esta inculcado en nuestra cultura desde pequeños. Crecemos, tenemos todas estas características como latinos pero hay una falta de información que nos impide desarrollarla al máximo”, asegura la también coreógrafa.

Por esta razón, es usual encontrarse a muchos bailarines que empiezan a trabajar desde muy jóvenes y poco se preocupan en investigar o ahondan en los conocimientos y teorías que sustentan ese arte. Liz Marrero considera que es necesario un estudio más exhaustivo para poder desarrollar los estilos de cada quien.

“Tendríamos que crear una comunidad en la que respetemos el talento de Latinoamérica, a través de la cual podamos inspirarnos en nosotros mismos, pero también aceptar que tenemos que estudiar más, que hay que exigir más conocimientos al bailarín para que forme parte de un equipo. Aquí tenemos la tendencia a desarrollarnos en un estilo ¿por qué no estudiarlos todos?”, se pregunta.

En realidad lo que pretende Liz Marrero es inspirar a los bailarines de todo el continente a salir de la zona de confort, de los parámetros, porque está segura de que hay muchísimo talento que despuntaría con una buena dirección. Su experiencia le ha dado la razón.

“Siento que es necesario, entre los bailarines latinos, conocernos y apoyarnos si queremos resaltar y marcar una huella ante el mundo”, añade.

Movimiento expresivo

No es la primera vez que Liz Marrero apunta a la pedagogía y la exigencia de la danza. En el 2013, con ayuda de algunos compañeros y amigos, la bailarina desarrolló un primer proyecto llamado Movimiento Expresivo. Con él produjo tres videos con diversos bailarines y coreógrafos de Venezuela y además lideró una gira nacional que incluyó talleres de baile a través de los cuales se beneficiaron decenas de personas.

“Con ese proyecto grabamos el primer video conceptual de baile, What you need,  que a pesar de ser relativamente sencillo tuvo una respuesta bastante agradable. A la gente le encantó, a los bailarines les encantó la idea. Este video, la respuesta, nos inspiro a conseguir cosas grandes con el proyecto. Fue la primera vez que me tomé el atrevimiento de dirigir a otros bailarines en mi país  y quedé muy contenta. Ese fue el verdadero preámbulo de Proyecto 58”, asegura.

Sobre la gira nacional de talleres que realizó, cuenta que se hizo hincapié en los estilos del hip hop, contemporáneo y street jazz. Llegó a compartir sus conocimientos a Caracas, Maracay, Valencia, Mérida y Maracaibo. Gabriel Nieto, Atma Romero, Rafael Roque, Yanys González, Alexander Navarro, Cesar Toro y Brandon Acevedo fueron los otros talentos que la acompañaron en esta aventura.

“Me ha impresionado ver como en Estados Unidos se generó una gran potencia a nivel de baile, en parte por el apoyo que hay entre la comunidad de bailarines. Igual en Europa. Vas a diferentes países y tienes diferentes estudios, locaciones donde la gente entrena, hacen sesiones, intercambios de información, otros eventos. Considero que este tipo de movimiento hace falta en Latinoamérica, para así empezar una unificación que apunte a la creación de una plataforma entera y sólida”, concluye Marrero.