La maquinaria del Psuv, por Brian Fincheltub

La maquinaria del Psuv, por Brian Fincheltub

Brian Fincheltub @Brianfincheltub
Brian Fincheltub @Brianfincheltub

 

Durante mucho tiempo se habló de la maquinaria del Psuv, una estructura político-electoral a la cual era prácticamente imposible ganarle una elección, no solo porque se competía contra una opción que durante años gozó de apoyo popular, sino porque el principal contrincante era el Estado, volcado en pleno a favorecer una opción política y pulverizar al oponente. Pese a todo esto y aunque no se trataba de elecciones con garantías democráticas, era la gente votando la que tenia la última palabra, influenciada o no, su decisión se manifestaba.

Ese hecho político era lo que conducía a la oposición, aun en un escenario tan adverso, a participar del juego electoral. Era posible conquistar espacios a través del ejercicio del sufragio y aunque el sistema era desigual, abusivo y poco transparente, el incentivo de alcanzar instancias de poder siempre representaba algo nada deleznable para un sector del país que necesitaba, para avanzar en la conquista de los electores, demostrar que era capaz gobernar y que lo hacía mejor que el gobierno.





La oposición fue a elecciones sabiendo que se encontraba en condición de desventaja no solo numérica, sino en términos de recursos y capacidad de movilización. En muchas elecciones contra el expresidente Chávez a veces era hasta difícil cubrir con testigos todas las mesas del país, mientras el chavismo era una realidad nacional. Los sectores democráticos aprendieron que mientras la posibilidad de obtener espacios estaba presente, la abstención era un suicidio y así se demostró en 2005.

Hoy esto no es lo mismo, aunque gobiernen los mismos. Lo peor que usted puede hacerle a su oponente es dejarlo en una condición donde no tiene nada que perder, dejarlo sin opciones, cercarlo. El chavismo, otrora fenómeno de masas, hoy sin dinero y apoyo popular se convirtió en madurismo, un movimiento que se aleja de todo concepto de lo político y actúa como mafia en torno a la conservación del poder a toda costa, de allí que quien amanece estas pretensiones no debe ser derrotado como en el pasado reciente, sino de exterminado.

Lo único que les queda a los secuestradores del poder para movilizar al pueblo es el terror y el miedo. La fuerza armada y los poderes públicos a su servicio se encargan de operativizar todo, así sea a fuerza de balas. El Consejo Nacional Electoral y sus representantes ya ni las apariencias cuidan, son lo más cercado a una Unidad de Batalla socialista que con el toque de Diana trata de despertar a sus militantes. No hay códigos porque no tienen tiempo para respetarlos, saben lo que significa este tiempo para ellos y lo que viene para Venezuela. Saben que no podrán evitar el fin, quizás lo que intentan ahora es posponerlo.