Justo Mendoza: Un compromiso de desprendimiento para la política responsable

Justo Mendoza: Un compromiso de desprendimiento para la política responsable

Justo Mendoza

 

Un compromiso de desprendimiento para  la política responsable para salvar a Venezuela

El país está en una encrucijada a causa de la imposición violenta de una dictadura kakistocrática cuya razón de ser es el uso, goce y usufructo del poder político y sus matices hedónicos de placer y deleite para un círculo estrecho que controla las palancas para ejercer tal poder. No ha habido ejercicio institucional del gobierno en tanto que se hayan fortalecido instituciones o creado nuevas en sustitución de las existentes para el año 1999 (fecha de la CRBV) que den respuesta sostenida a los problemas que agobiaban la sociedad venezolana -a la fecha- y que se argumentaron para justificar los pronunciamientos militares del 4F y 27N de 1992: bien por el contrario se han maximizado los viejos problemas de desarrollo y modernidad economico-social y politico de la nación, y se han generado inéditos y detestables taras sociales -inducidas, promovidas y practicadas desde los cenáculos del gobierno chavista, hoy madurista- como la discriminación y criminalización de la política, la institucionalización de antivalores sociales como el resentimiento y la envidia para la confrontacion amigo-enemigo, la cooptación ideológica en la participación social y económica, la partidización de la fuerza armada, la perversión de la justicia: pero el peor efecto del régimen es la entrega de la soberanía y la autonomía de las instituciones a otro país, Cuba, lo cual nos humilla y lacera el alma nacional todos los días.

El “sistema” castrochavista no ha construido nada, sólo  ha impuesto un modo de comportamiento político-social de desprecio a la cultura democratica y cívica  venezolana y casi todo lo ha destruido en el logro del abominable propósito de control social por la sumisión y la obediencia. El sistema chavista, en prótesis abyecta con el castrismo, es una traición al legado de Bolivar y a la nacionalidad. Su continuación nos hace cómplices de felonía contra el pueblo venezolano y abatirlo por todos los medios constitucionales  disponibles es un sagrado deber. Tal propósito exige de la política y de los políticos la más alta capacidad de comprensión del problema que afrontamos, el mayor de los corajes para enfrentarlo, la mejor inteligencia estrategica para superarlo y el máximo desprendimiento y humildad para unirnos y fortalecernos -dejando la vanidad y las veleidades protagonistas de lado- para convocar el sacrificio de los venezolanos que amamos la patria y queramos depararle un futuro de libertad, democracia, prosperidad y decencia cívica a nuestros hijos y nietos.

No es una frase de ocasión “salvar a Venezuela”, ni “fuerza y fe”. Son las divisas que resumen nuestro afan para lograr superar este eclipse moral para construir el amanecer. Hace falta entonces ejercer la política responsable; no solo la que conduce a un programa de rescate y recuperación institucional y económica de Venezuela, ya genéricamente enunciado este lunes 17 de julio, sino la que formula un compromiso superior de apego irrefragable a la unión duradera de propósitos por encima de los intereses parciales político partidistas e ideológicos para lograr la reconstrucción de la nación, con el pensamiento en la gente, no para envilecerla como ha sucedido, sino para erguirlas y dignificarlas en el trabajo y educación para el progreso, el bienestar, la properidad en suma.

Luchar para que “se consolide la unión”, pasa por un compromiso de desprendimiento y dignidad nacional, pendiente, que ha de crear confianza al país nacional, sin distingos, y alejar los fantasmas del odio y la venganza para adentrarnos en la justicia y la legitimidad. Desprendimiento, amor a Venezuela que es querer a nuestros compatriotas “que sufren y esperan”, honestidad política son los pilares para la recuperación de la confianza del país en el emprendimiento liberador que está en curso y el mayor homenaje a la liviana y cálida sangre y lágrimas vertidas en este trance.

Del 16 de julio emergió incontrastable la decidida vocación democrática del pueblo: fue un acto de confianza a la unidad. Propongamos un compromiso de desprendimiento y de dignidad nacional para la política responsable para crear confianza del país nacional en el país político para liberar a Venezuela de la ignominia y la ruina.

¡Salvemos a Venezuela!

 

* Miembro del CEN de Avanzada Progresista. Doctorando en Estudiis Políticos en ULA.

 

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