Leocenis García: Señor Presidente, le ahorro la Constituyente

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Señor Presidente, usted ha dicho que propone una Asamblea Nacional Constituyente para arreglar los problemas del país. El problema evidente del país hoy es hambre. Y eso, créame , no lo arreglará una Asamblea Constituyente.

En los casos de Alemania y Japón después de la Segunda Guerra mundial, países con economías severamente destruidas a causa del conflicto, las políticas de control de precios y salarios, agravaron la situación.

En los dos países se desencadenaron los problemas que usted y su modelo han producido en Venezuela, producto de los controles, verbigracia, trueques, mercado negro, escasez.

Los controles llevaron a la paralización de ambas economías. En los dos casos se aplicaron tratamientos de shock. En Alemania, en una tarde de un domingo, de un solo «coñazo» como se dice en Venezuela, se suspendieron completamente los controles de precios y salarios; se anunció una política de reforma fiscal para que los gastos del gobierno fueran iguales a los ingresos tributarios y se eliminó el financiamiento del gasto del gobierno a través de la impresión de dinero.

En menos de un mes en Alemania las mercancías se volvían a encontrar en los establecimientos comerciales, porque los precios eran reales, no artificiales.

En Japón, se aprobó un tratamiento de choque basado en el “Informe Dodge”, llamado así porque la comisión financiera americana fue dirigida por un banquero de Detroit con ese apellido.

El informe sugiere el mismo tratamiento, recomendaba para Japón una fuerte reducción del gasto del gobierno, la eliminación de los déficit gubernamentales financiados mediante impresión de dinero y la eliminación de los controles sobre precios y salarios. En pocos meses el milagro se hizo evidente.

Como ya dije, abordando el tema de la inflación, Venezuela tiene otra tarea pendiente, y es cómo abrirse a un mercado libre. Y esto necesita señales correctas de manera pública. Una de ellas consiste en un paquete de medidas destinadas a eliminar los obstáculos a una economía sana.

En Venezuela , existe una ley que yo llamo «la ley de vagos y maleantes», esta legislación ideada por el chavismo prohíbe a los empresarios despedir a sus empleados desde el primer día de contratados. Aunque todos entendemos los supuestos nobles principios que la inspiran, la verdad es que una ley así, lejos de evitar el despido, los fomenta.

Si Venezuela va a cambiar el modelo, los empresarios deben expandirse y tener libertad para operar y eso pasa por escoger y despedir su personal, según sus objetivos.

Lo otro urgente es enviar a prisión, y acabar con los empresarios parásitos. Los Raúl Gorrín, Leopoldo Betancourt, creados al amparo del chavismo, en un culto de robo, deben ser extirpados. Esta clase de charlatanes de los negocios, siempre a la par del estatismo para obtener crédito barato, protecciones frente a la competencia, son verdaderos obstáculos en una sociedad económicamente libre.

Por otra parte, es urgente una absoluta y expedita destrucción de todas las dificultades para lograr las autorizaciones que satisfagan la posibilidad del establecimiento de nuevas empresas.

Por supuesto, todas estas cosas que planteo son traumáticas, y no hay duda de que producirán problemas y que habrá un periodo difícil, pero éste debe ser transitado. Yo soy catolico practicante, me gusta la historia de la tierra prometida. Pues bien, antes de entrar a la tierra prometida, Moisés y el pueblo de Israel pasaron una larga jornada en el desierto con hambre y sed.

En nuestro caso no será un periodo tan largo. Pero lo habrá… Habrá desempleo y dificultades, pero pronto el asunto tomará su curso.

Para atravesar ese ciclo, es preciso tomar medidas destinadas a los más pobres. Considero que una ayuda directa en efectivo a la gente, basado en el número de hijos en edades escolar, será una buena medida transitoria y necesaria, más las que el país estime convenientes.

Medidas como éstas sin duda, son polémicas, pudieran tildarse como neo-populistas, sin serlo. En todo caso, en lo único que el país nunca debe volver a creer es en que los controles de precios y salarios nos ayudarán a salir de la crisis.

A través de la historia jamás los controles han aliviado una crisis, siempre la han empeorado. En agosto de 1971, el presidente Nixon impuso controles de precios y salarios para contener lo que consideraba una «atroz» inflación que llegaba a 4,5%. El resultado fue que la inflación se redujo temporalmente y al año siguiente llegó a 12%.

Esta es la historia uniforme de los controles. Los controles no son otra cosa que mecanismos inflacionarios.

En dos mil años de historia, no hay un solo ejemplo en que los controles de precios y salarios hayan tenido eficacia para controlar la inflación. Lo que hacen es impedir que el sistema de precios funcione. Y entonces, crean colas, mercados negros, distorsiones. No tengo necesidad de contarles sobre esto a los venezolanos, conocen muy bien la historia.

Entonces, de lo que se trata es de una necesidad real de reducir el tamaño, ámbito y función del gobierno y aumentar, mejorar y fortalecer el mercado libre, la empresa privada y la economía fundada en ellos.

Venezuela tomó el camino contrario a dar un énfasis mayor a la libre empresa, a la iniciativa privada y a la cooperación voluntaria, y tomó el atajo de dar preferencia al criterio de que si aparece algún problema, el gobierno lo resolverá, que el gobierno dará subsidios y hay que confiar en el gobierno como el pueblo de Israel en Yaveth de los ejércitos.

Esa filosofía consiste en confiar que el gobierno hará el bien con el dinero ajeno. ¿Quién es tan prudente gastando el dinero ajeno? ¿Acaso no es más prudente cuando el dinero es suyo?

La única forma de fortalecer el mercado libre y la empresa privada, es reduciendo al gobierno, transfiriendo actividad al sector privado, reconociendo obstáculos y eliminando subsidios.

Venezuela es una mujer enferma. Y una mujer enferma no puede recuperarse sin costo. Si una mujer esta grave, y ese es el caso de Venezuela; al ser operada caerá en una desaceleración, para luego volver a caminar. Ahora, si sigue en sus abusos, morirá.

El fin de la crisis, el cambio de modelo, no será logrado sin costos.

Es muy poco lo que se puede hacer con un modelo estatista interventor para atraer inversiones extranjeras. Debe haber un periodo de transición complejo, lo otro es engañarse. Es creer que uno a un vecino puede invitarlo a tomarse un café en casa mientras le enseña un bate de béisbol y amenaza con golpearlo.

Una vez que el país dé las señales correctas, que indiquen que Venezuela es un lugar seguro para invertir, los inversionistas aparecerán.

Los proteccionismos no ayudarán a resolver los males, los empeorarán. Yo pienso que es difícil hacerles entender a las personas que convertir una cosa en una obligación gubernamental no mejora necesariamente a esa cosa. Por ejemplo el tema de la seguridad social, pensiones, y jubilaciones en Venezuela lleva casi 60 años siendo un desastre, pero nadie parece entender que como otras áreas, si esto se dejara en manos privadas, para que empleados y empleadores, convengan los beneficios de salud, en la forma que lo desea, mejorará.

Presidente, como verá, su Constituyente no resolverá el problema. Al contrario nos dejará sin país. Y a usted, no le auguro un buen futuro. Retire eso.