Luis Eduardo Martínez: Hay que darles con todo

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Confieso que no entiendo el desánimo de muchos por el resultado de las fraudulentas elecciones constituyentes. Sin contendores, ni testigos, sin observadores internacionales y buena parte sin cobertura de medios, cualquier resultado pudo ser.

Es cierto que estamos obligados a denunciar la grosera marramuncia pero no lo es menos que no podemos condicionar nuestro futuro accionar a que nos pasaron un strike, sobre todo porque el strike es producto de la decisión de dejar pasar la bola.

Si a ver vamos los primeros responsables del resultado somos nosotros mismos, los opositores a ultranza, que imbuidos en exquisiteces técnico-jurídicas y atemorizados por los hacedores de opinión de las redes –muchos de los cuales son agentes del G2 cubano- le dimos un tratamiento gandhiano a un asunto que era de naturaleza política en un país –definición de mi abuelo- de caimanes.

En una de las tantas discusiones que he presenciado en estos días, un viejo adeco de esos que en su record exhibe no haber perdido nunca una elección interrumpió a quienes ofendidos criticaban los 8 millones anunciados por Tiby para señalar: “Ustedes me van a perdonar compañeros pero bien pendejos esos chavistas, porque a mí me dan ese chance y yo meto 20 millones”.

Que la mayoría del directorio del CNE es ficha del oficialismo, nadie lo cuestiona; que el CNE como un todo está a su servicio exclusivo, tengo mis dudas no solo porque conozco a muchos de sus cuadros medios y de base y sé de su posición frente a la grave problemática del país, sino fundamentalmente porque este mismo CNE es el que proclamó en Diciembre de 2015 a 117 diputados de la MUD y algún tiempo atrás entregó credenciales de gobernadores electos a Henrique Capriles, Henry Falcón y Liborio Guarulla además de unos cuantos alcaldes perseguidos ahora por este régimen de oprobio.

¿Por qué Henrique Capriles, Henry Falcón, Liborio Guarulla fueron proclamados gobernadores por este CNE?. Porque además de votos tenían miles de testigos, miembros de mesa, movilizadores, activistas, personal de logística, seguridad, comunicaciones y pare usted de contar.

He marchado una y otra vez, tragado humo de lacrimógenas y me han bañado con gas pimienta, atendido centenares de asambleas y reuniones, declarado una y otra vez en medios y escrito centenares de columnas demandando #CambioYA, estoy comprometido junto a mi familia en la reconstrucción de Venezuela y convencido soy que para lograrlo hay que dar la pelea en todos los escenarios, en todos los campos. Este no es un combate de caballeros ingleses que se golpean la mejilla con guantes perfumados sino una pelea callejera contra malandros donde además de golpes valen patadas, mordiscos, en la cual hay que darles con todo y en cualquier esquina; por lo tanto me niego a renunciar a lo electoral que si tenemos la gente y montamos una adecuada estructura de apoyo nadie nos derrotará; ¿o es que el decir somos mayoría es pura paja?.

Los más cercanos saben que era partidario de la participación opositora en la elección del pasado 30 y hoy me arrepiento de no haber insistido en ello porque le habríamos metido al gobierno una paliza descomunal para luego poder constituyente en mano trasformar a Venezuela y de paso quitarnos de encima a Nicolás.

Creo en la calle pero también creo en las elecciones. Yo no sé disparar un fusil pero si sé ganar elecciones. Vienen las regionales y yo no estoy dispuesto a perder por “forfait” aunque una niñita linda sentada junto a su piscina en Key Biscayne –o peor desde la sala situacional de PDVSA- pasé horas mandando tuits “No a la farsa electoral”.