La propaganda y la realidad, por @lmesculpi

La propaganda y la realidad, por @lmesculpi

 
Si asumiéramos la frase que el filósofo y dirigente político italiano Antonio Gramsci, selecciono para identificar el semanario L’Ordine Nuovo; “La verdad siempre es revolucionaria”, concluiríamos en que estamos en presencia de un régimen que puede ser calificado de cualquier forma menos de revolucionario.

La falacia es una de las característica consustanciales del gobierno, su política comunicacional es la evidencia más notable de una conducta reñida  y contraria  a la verdad. Una cosa es la propaganda y otra la realidad.  El comportamiento mendaz no les causa el menor rubor. Los principios de la propaganda  desarrollados por Goebbels no les son ajenos. En esa área los polos también coinciden, la propaganda stalinista se asemeja a las técnicas empleadas por el ministro de Hitler. No solo recurren a la modalidad que recomienda su frase más difundida en cuanto a la repetición de una mentira, apelan igualmente a otras de sus recomendaciones.

Asignarle al adversario las carencias errores y defectos que le son propios, negando la información que no les favorece y generando otras para distraer la atención, constituyen consejas típicas de la  propaganda nazi. La repetición incesante de un pequeño grupo de ideas, enfocadas desde diferentes ángulos, pero siempre convergiendo en una misma dirección sin disonancias y  convertir cualquier suceso intrascendente en una amenaza real, entre otras, son particularidades de esa propaganda.

” Hay que hacer creer al pueblo que él hambre, la sed, las escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores y hacer que nuestro simpatizantes se lo repitan en todo momento…” esa frase atribuida a Goebbels en la primera mitad del siglo pasado, bien pudiera ser pronunciada por un vocero del actual tren gubernamental, para responsabilizar a la “guerra económica” de la gravísima crisis económica y social que hoy confrontamos.

Cuando como quien funge de presidenta de la ilegítima instancia constituida culpa al “bloqueo” de la carencia de alimentos y medicinas, pretende hacernos creer que la escasez es de fecha muy reciente. Cuando entre los principales promotores de la “ley contra el odio” figuran Diosdado Cabello y Mario Silva y el primero anuncia que “habrá sanciones ejemplarizantes” para quienes llamen a la violencia, es inevitable que recordemos los principios, recomendaciones y consejas del ministro hitleriano.

La flamante presidente de la ilegítima también declaró que la fulana ley establecerá responsabilidades en torno a los medios de comunicación, por supuesto que sí establecen sanciones, de ellas sería exonerado el canal del gobierno, el canal 8 donde su programación, en especial los programas de opinión, son promotores de una campaña permanente de burla, agresión y odio.

El cierre de 49 medios de comunicación en lo que va de año y más recientemente de las emisoras 92.9 Tu FM y Mágica 99.1 junto a la salida de los canales colombianos de la televisión por cable, evidencian una práctica típica de los regímenes autoritarios, cercenando la libre expresión de la ideas y de opinión, pretendiendo falsear la realidad a través del empleo masivo de propaganda por los diversos canales dominados por ellos.

Si bien es cierto que esos regímenes basados en la falacia han podido perdurar ucierto tiempo, la mentira no es eterna, también es verdad que se desvanecen cuando ya lo mendaz no se puede sostener, se manifiesta entonces una mayoría en contra, así lo demuestra la experiencia histórica. Venezuela no será la excepción.

La conducción de la nueva mayoría debe encausar el inmenso descontento existente en la sociedad, desenmascarar al régimen y superando sus limitaciones despejar la ruta para alcanzar los objetivos propuestos.  Esa es su más importante y trascendental tarea. Al igual que en otros momentos de esta lucha, se superarán  las dificultades actuales y se emprenderá un camino que debe conducir al cambio político. Perseverando con firmeza y aplomo en la acción, será posible lograr el renacer de la confianza en el porvenir

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