Simón García: La abstención está desnuda

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Dos décadas de minuciosa aplicación de un plan para convertirnos en un pueblo sumiso no han podido con el recuerdo de la democracia y el deseo de prosperidad, justicia y convivencia que ha inspirado una de las más largas resistencias de una sociedad a los sofisticados métodos de control, intimidación y desmoralización usados por el poder.

El nuevo totalitarismo, que aún espera por una definición que no provenga de esquemas ya hechos, comienza por aplastar la razón en el individuo dispuesto a idolatrarla. El engaño de una revolución ficticia primero cautiva y luego doblega.

La ideología comunista fanatiza a quienes querían una auténtica revolución y los convence de que está ocurriendo imponiendo en la conciencia colectiva la imagen de país inexistente, mientras en la vida real quienes detentan el poder conforman un voraz polo de corruptos de marca mayor, aferrados a sus privilegios y decididos a no soltar el botín.

La casa común que es Venezuela se ve desde la retórica del poder como una edificación asediada por toda clase de enemigos, pero quienes vivimos en ella  percibimos el avance de los derrumbes y como la ruina se nos mete en la vida. La cúpula de los que gobiernan crean miseria a costa de incrementar sus enriquecimientos privados. Son la clase política y económicamente dominante, la burguesía parasitaria de la renta.

Sus sectores con formación política, aun por ideas del modelo cubano, tienen otras motivaciones y podrían aceptar una negociación, si llegan a la conclusión de que es la única opción para abrirle futuro al PSUV. Sus sectores vinculados a la economía criminal la combaten con todo.

Los extremistas, en uno y otro lado, quieren lo mismo: evitar el diálogo, rechazar las elecciones regionales, amena con la violencia y prometer que liquidarán al lado contrario. En vez de política manipular emociones de odio y de venganza, imponernos su visión única, acusar a los demás de traidores y encumbrarse como una minoría autoritaria que merece estar en el poder.

El régimen tiene un logro increíble en su mano. Ha hecho mella en los más firmes espíritus, los ha llevado a pensar que es invencible y a considerar que la abstención, la forma de derrotar a la oposición antes de la lucha, es mejor que contribuir a que el poder pierda el mayor número de gobernaciones posibles.

La abstención dará argumentos a Maduro y le quita razón a los gobiernos y organizaciones del mundo que exigen elecciones libres. La abstención quiebra la lucha por el cambio a nombre de repetir el error de que sólo la calle producirá una explosión nacional o hará que las bayonetas resuelvan mediante un enfrentamiento incierto. Ahora que se necesita esa calle activa, no la tenemos porque se usó mal.

El voto es un medio, para desafiar al poder y demostrar que no puede seguir imponiendo su dictadura. No con nuestra inhibición, nuestra indiferencia y nuestra falta de ánimo para defender el futuro del país. Una vez más.

@garciasim