Magia Fraudulenta, por Bernard Horande

Magia Fraudulenta, por Bernard Horande

Bernard Horande @BHorande
Bernard Horande @BHorande

El país aún no sale del shock. De la perplejidad. Del asombro. De la incredulidad.

Los resultados electorales del 15 de Octubre pasado no pudieron ser más incongruentes con respecto a la realidad que día a día vivimos los venezolanos que residimos en el país.

Desde hace muchos años, aún más allá de los 18 recientes que ya conocemos, he sostenido que Venezuela es un país en el que la mayoría de las cosas están y funcionan al revés. En algún momento, me extenderé escribiendo sobre esto.





Pero no me cabe duda que hoy, en este aspecto, estamos en el ‘non plus ultra’ del absurdo.

Siempre me ha cautivado la magia. Desde niño.

Un buen acto de magia es uno de los espectáculos más cautivantes que existe. De esas cosas que lo dejan a uno con la boca abierta, fascinado. Admiro a los magos, admiro esa virtud de hacernos ver lo que creemos imposible de suceder.

Pero el régimen dictatorial venezolano está lleno de magos malignos.

Personajes capaces de hacer que lo mejor sea al final lo peor.

Capaces de convertir oro y diamante en excremento.

Capaces de convertir el rechazo del 80% de la población de un país en la aceptación del 80% de las gobernaciones de un país.

Hacen magia con las leyes. Hacen magia con la Constitución del país. Hacen magia con la dignidad de millones. Hacen magia logrando que los mejores sentimientos se conviertan en las más lamentables bajezas.

Los resultados de estas elecciones de gobernadores son el producto de las múltiples argucias y marramucias puestas en marcha por una dictadura que bajo ningún concepto quiere soltar el poder.

No les importa ir contra la ley, no les importa ir contra el mundo, no les importa ir contra sus propios ciudadanos.

Si se trata de apropiarse de Venezuela, son capaces de quedarse gobernando con solamente el 20% o menos de la población que los apoya, mientras a los demás no nos quede otro remedio que irnos.

Por supuesto, esto es inaceptable. Los venezolanos de bien, que somos la inmensa mayoría no nos la vamos a calar.

Por otra parte, no podemos cerrar los ojos ante otras responsabilidades.

La dirigencia política organizada bajo la Mesa de la Unidad Democrática – MUD , que hasta ahora ha conducido la oposición contra la dictadura, tiene importantes responsabilidades en lo acontecido.

Sus máximos dirigentes no han dado la talla.

Falta de estrategias, falta de tácticas, falta de comunicación, prepotencia, cogollerismo, y errores. Muchos errores. Demasiados errores. Tantos que uno se pregunta a veces si llamarlos errores.

Errores de novatos cometidos por veteranos. ¿Cómo se come eso? ¿Cómo se explica? Almagro, el Secretario de la OEA, que tanto los ha apoyado y los ha recibido con profusión de fotos, se los dijo claramente. Los regañó. Les haló las orejas bien duro.

Les dijo que fueron “instrumento esencial del eventual fraude”, y que les faltaron “reflejos democráticos como para proteger los derechos de la gente”.

La realidad es que la gente fue a votar. Se superaron las negativas campañas abstencionistas, incluidas las de este lado. Pero no se supo defender nuestros votos.

Agréguele a eso que la dirigencia de la MUD se decantó por unos cuantos candidatos sin atractivo, candidatos de vieja data, candidatos corruptos, candidatos flojos…. en fin…

Está claro que en todos los procesos electorales de la era chavista han existido diferentes niveles de fraude. En este, se batieron todos los records. Un fraude continuado e intenso, que esta vez no pudimos superar los ciudadanos.

También un fraude para el que nuestra dirigencia no se preparó adecuadamente.

El régimen totalitario seguramente convocará pronto a nuevas elecciones aprovechando el desaliento existente. ¿Asistiremos? No creo. Quedó demostrado que no existen las condiciones ni siquiera mínimas.

En paralelo con la petición de aclarar lo sucedido en estas elecciones, debemos exigir la conformación de un nuevo CNE equilibrado e imparcial, así como la veeduría y observación internacional de los procesos electorales por parte de organismos serios como por ejemplo OEA y ONU.

Para ello, debemos acudir a la comunidad internacional que tanto nos ha apoyado y a quienes tanto agradecemos, y solicitarles su ayuda de inmediato en este punto muy concreto relacionado con el ente electoral.

Debemos estar conscientes que no participar en ulteriores eventos electorales automáticamente genera que el escenario de una posible salida pacífica a esta tragedia se aleje peligrosamente.

Para desgracia de todos. Porque no habrá acto de magia que nos devuelva la vida.