Simón García: Salir de la esquina

 

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Los resultados electorales, contra mediciones y análisis, fueron inversamente opuestos a lo que esperábamos. En vez de una victoria, topamos con la capacidad del oficialismo para recomponerse. El gobierno aparece como primera fuerza en votos y gobernadores.

Fue un capítulo favorable a la perpetuación del régimen. Especialmente si no desciframos certeramente por qué pasamos de mayoría el 1015 a minoría el 2017. Es importante identificar por qué no fuimos opción válida en 17 Estados. Saber por qué no pudimos expresar a la oposición realmente existente en la sociedad.

Esa tarea de reflexión no puede hacerse sin valorar las incidencias de un sistema que tiene como principio rector, no a la Constitución, sino a la revolución y que sustituye la ley por una ideología. No sólo en las elecciones, sino en todos los planos de la vida, los ciudadanos tienen frente a sí el desafío de liberarse del mito de Sísifo.

Ni las elecciones ni la vida política ofrecen garantías de equidad, en un país invadido por una opresiva voluntad de control total desde la maraña de intereses, políticos y extrapolíticos, que destruye la democracia y la economía. La lucha es, precisamente, para reconquistar ambas y lograr elecciones más transparentes, competitivas y justas. No se puede renunciar al muro de contención a la autocracia que significan, aún bloqueados, los medios democráticos.

Esta vez no pudimos vencer la naturaleza fraudulenta del poder que ha confiscado a la democracia. La institucionalidad revolucionaria se puso en acción para desmoralizar, intimidar y anular la votación contraria al gobierno. Al fraude preexistente que implica actuar con reglas impuestas por un patrón revolucionario, se añadieron agresiones y violaciones a la ley el mismo día de las votaciones. A partir de las 6 pm se libró una lucha titánica y desigual para defender la voluntad del elector y se logró ganar en seis Estados.

En la oposición actuó una prédica venenosa que validó a la abstención. Figuras opositoras alentaron irresponsablemente la percepción de la inutilidad del voto. Añadieron además el hierro candente de que votar legitimaría a la ANC. Aprovecharon el malestar contra la MUD para manufacturar una abstención por decepción que desplomó a la oposición.

El gobierno consumó también un fraude directo, como lo prueban las actas de Bolivar transcritas tramposamente para sacar del juego a un luchador como Andrés Velasquez, inaceptable para las mafias minerales.

El punto ahora es cómo salir bien de la esquina. Producir los cambios de conducta dirigente, reformar a la MUD, adecuar la estrategia a la nueva realidad y entender que sin estar junto al pueblo es imposible representarlo.

El régimen está dominado, venciendo una débil resistencia interna, por los sectores dispuestos a abandonar las formalidades democráticas para proteger privilegios y negocios ilegales. Nosotros estamos obligados a ser la resistencia democrática que acumule la eficacia y las condiciones para sustituirlo pacíficamente. Perdimos un round decisivo. Hay que salir del mal momento con una estrategia de lucha clara y que comprometa a una auténtica unidad.

@garciasim