Dar lo poco que se tiene, por Luis Barragán

Luis Barragán @LuisBarraganJ
Luis Barragán @LuisBarraganJ

A pesar de las circunstancias más adversas y del radical esfuerzo que hace la dictadura por siquitrillarla, sobrevive el gesto, testimonio y sentido de la solidaridad. De un modo u otro, faltando los insumos básicos, hemos abierto múltiples canales internos para la ayuda humanitaria que no espera nada a cambio.

Las redes sociales constituyen una importante herramienta para avisar, dar y recibir; cualquier persona da lo poco que tiene, tratando de mitigar el hambre de los menesterosos que recorren las calles y hurgan en los basureros; unas pastillas esenciales recorren la geografía venezolana hasta llegar a las manos desesperadas de quien las necesita, prohibido el envío postal. Yendo más allá, hay empresas que donan productos y personas de buena voluntad que organizan su entrega, sistematizando crecientemente una distribución limpia y transparente.

FundaCiela, para citar un caso, ya tiene logros importantes, pues, contactados restaurantes que aportan sendas viandas en forma gratuita, sin bullicio alguno, llegan a las aulas provocando generosas sonrisas que las celebran. Niños anémicos y desnutridos, comparten la comida balanceada, concretándose el auxilio: lo sabemos, apenas pueden mitigar la situación, convencidos que sólo una transición democrática solventará inmediata, resuelta y masivamente el problema de la urgentísima recuperación nutritiva de la muchachada inocente y tan injustamente castigada.

Nos comentaba Sara Lizarraga, cumplido exitosamente el almuerzo con los niños de una escuela al oeste de la ciudad capital, que varios de ellos guardaron la mitad del avío para llevarlo a sus madres. Este solo gesto habla de esa supervivencia de valores y sentimientos que inspiran la lucha, por más violento y tribal se haga el poder establecido.

La solidaridad no pierde su genuino, legítimo y real sentido, aunque la dictadura pretenda devaluarla, manipulándonos, como ha hecho con el sufragio, por citar un ejemplo. Cobra vida, día a día, cuando extendemos la mano al prójimo para aliviar su suerte que no es muy distinta a la propia, en el fuerte e inhumano oleaje de un régimen que se burla del hambre, de la miseria, de las enfermedades y de la muerte que no cesa en generar.