¿Dónde está el Piloto?, por Bernard Horande

Bernard Horande @BHorande
Bernard Horande @BHorande

Se perdió la dirección. Se perdió la brújula. Se perdió la tripulación. Se perdió el plan de vuelo. Se perdió la lista de pasajeros. Y se perdió hasta el avión.

La oposición venezolana ha quedado en la nada. En el aire. O estrellada en tierra.

Cada vez que nos hemos acercado esperanzadoramente a nuestro objetivo de salir de la maligna mafia que hoy manda en Venezuela, hemos retrocedido violentamente mil pasos.

Las ansias de poder, los egoísmos, los intereses personales y particulares y las presiones de factores que, disfrazados de oposición, prefieren el status quo que impera en Venezuela, no han permitido que los cambios indispensables se den.

Los dirigentes en los cuales las mayorías pusieron su confianza no respondieron apropiadamente. Han decepcionado.

Hace falta un cambio de conducción. Cambio de caras. Y, sobre todo, cambio de estrategias.

El régimen dictatorial venezolano hoy nos lleva nariceados. Cuando de este lado habíamos logrado fijar nuestra agenda, nos la dejamos arrebatar.

Han descubierto que aquello a lo que se oponían férreamente hasta hace poco se ha convertido en su mejor y más potente arma contra nosotros: las elecciones.

Nos llevan de elección en elección. Con trampas y fraudes, nos van diezmando. Dividiendo. Atomizando. Hasta dejarnos en la nada. Hasta quedarse con el todo.

Saben que no resistimos una feria electoral. Que la desesperación por una cuota de poder no se limita a los grandes nombres de dirigentes, sino a muchos más en todo el país.

Esta es parte de nuestra tragedia. Ojalá la podamos superar como lo hemos hecho en otras situaciones.

Ojalá podamos entender que no es con carguitos por aquí y por allá que saldremos de esta dictadura.

Que no es jugándoles su propio juego sino imponiendo el nuestro.

Que hace falta una nueva estrategia de confrontación.

Alejada de las teorías hermosas pero ilusas o imaginarias que sólo funcionan en laboratorios. Alejada de los voluntarismos y buenos deseos. Alejada de las catarsis y de las frases tan altisonantes como inútiles tipo “¡contra la tiranía!”.

A ver si recobramos el rumbo. A ver si los logramos poner de nuevo contra la pared.

A ver si aterrizamos y logramos salvar el avión, la tripulación y los pasajeros.