Oposiciones: Las mismas consecuencias por @maxsuarezd

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En los últimos días hemos presenciado, con pena, como la oposición venezolana se viene desdibujando, mientras que el gobierno se viene haciendo cada vez más eficiente en el uso de las imposiciones que tiene a disposición, cual herramientas de su reluciente sistema dictatorial. Pero, lo que le viene ocurriendo a la oposición, sólo se hizo evidente para la mayoría de los venezolanos, a partir del impacto de las consecuencias del malbaratamiento de la “Unidad” en las recientes elecciones regionales, y no, no se trata de la subordinación de los Gobernadores de Acción Democrática ante la, cada vez más robusta, Asamblea Nacional Constituyente, o de las disputas, cada vez más públicas, entre los partidos que deciden por la Unidad, los que simplemente son miembros y los abstencionistas, ni siquiera se trata de la pérdida de valor de la Asamblea Nacional a partir de la victoria opositora en diciembre de 2015. Evitemos confundir las consecuencias con las causas de los problemas, ya que el pecado original de la oposición, no está basado en las formas de organización de la coalición, sus integrantes, o los resultados obtenidos, más bien, depende del cultivo de la exclusión como práctica ante la toma de decisiones, el encasillamiento en las formas y métodos de lucha, el poco valor de la formación de la clase política y el distanciamiento entre la realidad política y la realidad social.

Para evitar que cualquier propuesta de reconstrucción de la unidad o el surgimiento de una nueva oposición, arrastre los vicios cultivados en la Mesa de Unidad Democrática, debemos formar con conciencia política a la ciudadanía, fomentar la participación y la toma de decisiones, pero, sobre todo, comprender de qué se trata la política. Nuestros políticos, los que nos representan, comprenden la política como un conjunto de concesiones que les permitan sobrevivir, o simplemente deciden desde los partidos en nombre de todos los afectados por las consecuencias del sistema político venezolano, sin que siquiera nos den la oportunidad de participar en el diseño de las estrategias, de hecho, hasta hace muy poco tiempo la participación política en Venezuela estaba referida casi con exclusividad a la participación electoral. Y seamos más sinceros, la oposición tradicional, sí, está atravesando una de sus peores crisis de representatividad, pero, la alternativa propuesta a la coalición ni ha corregido los errores de fondo, ni ha logrado representar una nueva unidad.

A modo de propuesta, permítanme señalar que, la política se trata de imponer los criterios propios (con especial atención en el verbo imponer), o dicho en términos políticamente correctos, “definir la agenda política”. Ahora, si prestamos atención en los eventos próximos, podemos ver que el gobierno sí ha logrado imponer una estrategia que le permite obtener victorias en los escenarios que plantea: Si la oposición participa en las elecciones municipales profundizaría su crisis de representatividad, pero si no participa le cedería toda la administración pública a los intereses del gobierno, en ambos escenarios, deslegitimando cualquier posibilidad de participar en un evento electoral presidencial convocado desde cualquiera de los apéndices de la dictadura (para efectos prácticos CNE/TSJ/ANC).

Por tanto, cualquier organización opositora debe contemplar la legitimación de todas las formas de lucha (incluyendo la electoral), de todos los escenarios (incluyendo protestas en el marco de la realidad social) y de todos los actores (incluyendo a dirigentes provenientes de la MUD). Cualquier propuesta que desde su origen plantee la exclusión de alguno de estos elementos, se condena a si misma a repetir los errores de la MUD, a dividir los esfuerzos de unidad y las fuerzas de cambio, pero peor aún, nos condenan, a todos los venezolanos, a las mismas consecuencias.

Por: Max Suarez D’Addario – @maxsuarezd